"Sorora", así te quiero

Tras el Me Too argentino, la opinión sobre la necesidad del respeto hacia la mujer y la búsqueda de una sociedad, en donde las mujeres no teman ser juzgadas por denunciar.
"Sorora", así te quiero
"Sorora", así te quiero
jueves 13 de diciembre de 2018

Hablar en primera persona es algo que en los últimos años comenzó a crecer como práctica dentro del periodismo mundial. El MeToo argentino me impulsa, como propietaria de 0264Noticias, a ser parte de esta forma “confesional” de hacer periodismo. Y porque como mujer es necesario desmitificar ciertos cuestionamientos: soy feminista y esto no significa que quiera que me traten como a un hombre porque no quiero ser hombre. Estoy feliz de ser mujer y quiero que me respeten por mis capacidades y mis logros y que la discusión sea de igual a igual. Considero que mi hija merece un mundo en donde estas luchas, ya hayan sido ganadas; un mundo en donde pueda vivir sin miedo.

El abuso, el acoso y la violación de una mujer que calló durante una década fue algo que me movilizó intensamente. Durante los minutos que duró la conferencia de prensa de Actrices Argentinas la sala de redacción de 0264 se silenció y las periodistas, todas mujeres en ese momento, nos encontramos unidas en la mirada atenta y nublada, escuchando el relato de Thelma Fardín que contó cómo Juan Darthés la violó.

Estallaron las redes sociales con apoyo y con cuestionamientos; con preguntas, muchas sobre el momento en particular que vivió la actriz y tal vez, una de las que más se repitió fue, “porqué no habló antes”.

Desde ese día es que no paro de pensar y reflexionar en este punto: “por qué no habló antes”. Eso me obliga a tender un hilo y unirme a todas las mujeres que en algún momento de su vida, se sintieron acosadas y avergonzadas por haber sido víctimas y haber callado.

Es probable que Thelma Fardín no hablara antes por vergüenza. Vergüenza de qué dirán algunos, si ella no hizo nada; y otros se animarán a decir habla ahora porque necesita laburar o inventó todo y habla porque son todas feminazis de pañueño verde que odian a los hombres.

Ahora me pregunto: ¿Por qué callamos las mujeres? callamos por vergüenza, el primer sentimiento que te invade ante lo vivido; culpa de haberlo vivido y eso te atormenta. Callamos por temor a que no nos crean. Callamos por el miedo a ser juzgadas.

También me pregunto: ¿por qué decidimos dejar de callar? Porque es necesario que nuestra voz se escuche; porque nos cansamos; porque no somos la minita histérica y loca; no somos la que quiere llamar la atención; no alcanzamos lugares a costa de hacer uso de nuestro ser femenino. Decidimos dejar de callar porque necesitamos que nuestra voz se escuche, porque tantos años de callar nos hicieron mal y porque tenemos verdades que contar. Dejamos de callar porque queremos ser escuchadas y queremos que nos crean.

Escuchar a Thelma Fardín me hizo caer en la cuenta de que todas callamos alguna vez: por el pibe que te siguió y te dio miedo y si lo contabas quedabas como una tonta; por el que te tocó la cola y te dicen, “pero si es sólo una tocada, cómo te vas a poner así”; por el que te dijo una guarrada que te hizo revolver el estómago; callamos por el que te dijo que no valías la pena o eras menos o te trató de inútil y te la creíste. En mi caso callé durante 20 años el acoso sufrido por un profesor universitario por vergüenza. Un hombre que me violentó teniendo yo 19 ó 20 años, haciendo abuso de poder. Cuando lo conté, un amigo me dijo que era mejor que no dijese nada, porque iba a quedar como una cualquiera. Yo le creí y callé. Y cada vez que ese profesor se acercaba, sentía asco. Creo que no fui la primera alumna en pasar por eso, lamento tal vez no haber sido la última y espero que otras chicas no hayan sufrido lo mismo.

Los años me hicieron “olvidar” lo sucedido hasta que hace unos meses atrás, cuando en una charla en la UNSJ descubrí que había un protocolo para estos casos, entre pares y entre superiores; protocolo que estaba funcionando y que tenía a mujeres y hombres trabajando en él. Ese día recordé todo y lloré, de bronca por lo vivido y lo callado; de alegría por saber que las alumnas y los alumnos estaban protegidos, que podían sentirse protegidos. Ese día después de 20 años, recién pude volver a contarlo. Y escuchar a esta actriz creo que animó a varias mujeres y también a hombres, a contar los abusos y acosos vividos, tanto así que a nivel nacional los llamados a las línea 144 y a ONGs feministas se triplicaron; leo relatos de a cientos en Twitter y en Facebook, en Instagram. También leo a los dedos que señalan y nos siguen juzgando. Y a pesar de no coincidir, prefiero leerlos a todos y sentir la compañía y la sororidad de las voces que sí acompañan.

¿Por qué decidí dejar de callar? Porque hoy, después de 20 años, recién siento el valor suficiente para reconocer que no fue mi culpa, que fui abusada, que hay un grupo de mujeres que contiene y que también hay hombres capaces de respetar y pedir disculpas. Siento a una sociedad “sorora” en la que puedo apoyarme, creo que es una sociedad que está en forma permanente cuestionándose y evolucionado y lo celebro. Sé que habrá miradas inquisidoras pero hoy me siento con más fuerzas y más segura, más contenida.

El Me Too en EE.UU obligó a los hombres replantearse ciertas normas, buscan así protegerse de cualquier denuncia. Por lo menos así lo establecieron en protocolos dentro de los ámbitos de Wall Street y es por ello que los hombres, por ejemplo, evitan quedarse a solas con una mujer en una oficina sin ventanas. No es necesario el extremo de protocolizar reuniones de trabajo porque las mujeres no vamos denunciando a diestra y siniestra. No es una caza de brujas, por lo menos en 0264Noticias, no hacemos una.

Aunque sí estos tiempos nos obligaron a replantearnos nuestras formas de pensar, de expresarnos y nos siguen invitando a mirarnos como sociedad. Repito las mujeres no queremos ser iguales a los hombres, por lo menos yo no quiero ser igual a un hombre, pero sí quiero que ser escuchada y respetada, tratada como una par porque los años transcurridos en lo profesional, así lo avalan.

Espero que mi hija pueda vivir en un mundo en donde el respeto hacia todos los miembros de la sociedad sea la práctica cotidiana, porque significará que finalmente se escuchó la voz de las mujeres que se animaron a decir #mirácómonosponemos.

Marcela Sosa