La pelota quedó a unos 25 metros del arco, perfilada para la zurda de Di María. El “Fideo” acomodó con calma, respiró profundo, y en el silencio expectante del Gigante, soltó un zurdazo perfecto que superó la barrera, hizo una curva imposible para el arquero leproso y se clavó en el ángulo, inatajable. Golazo.
El grito fue un rugido colectivo que se escuchó hasta en la ribera del Paraná. Di María, con los brazos abiertos, corrió hacia la popular y se fundió en el abrazo con sus compañeros. La leyenda que nació en ese mismo barrio volvía a brillar en el partido más esperado.
En el palco, la que gritaba era Jorgelina Cardoso, la mujer que acompañó esta aventura de Angelito en su regreso a la Argentina. Y en la cancha, Fideo se envolvía en abrazos mientras secaba sus lágrimas. Campeón del mundo en Qatar, héroe y leyenda en la mitad auriazul de Rosario.
CLARIN