AVANCE EN EL DEBATE

Una compañera del Hospital Marcial Quiroga complicó al hombre que decía ser profesor y dictaba clases en una lomoteca

Se trata del caso de Daniel Algarilla, quien usaba la morgue del nosocomio sanjuanino para dar clases prácticas de una carrera que nunca existió en el sistema educativo provincial.
Algarilla esta ubicado en el medio con sueter gris (FOTO: 0264 Noticias)
Algarilla esta ubicado en el medio con sueter gris (FOTO: 0264 Noticias)
miércoles 27 de mayo de 2026

Daniel Algarilla está cada vez más complicado. Este miércoles, en la segunda jornada del juicio oral en su contra por el caso de estafar a decenas de personas, una compañera de trabajo del Hospital Marcial Quiroga declaró. La mujer mencionó que ella quedó convencida de estudiar tras una charla y ratificó que él no tendría título habilitante, como dice tener.

Cabe recordar que este sujeto argumentó en la audiencia previa poseer título de técnico eviscerador y usaba las instalaciones del nosocomio sanjuanino para impartior clases de una carrera que nunca existió para el sistema educativo provincial. 

De acuerdo con lo que comentó Isabel García, quien trabaja desde hace 10 años en el Hospital Marcial Quiroga como enfermera asistente de hemología, ella se enteró mediante redes sociales de la oferta de esta carrera en el instituto Eleva, por eso decidió consultarle. “Él era muy convincente en lo que me mostró”. La mujer señaló que ofrecía avales, una tecnicatura universitaria y la posibilidad de ejercer en el ámbito público y privado.

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Esta charla la dejó tranquila en algún modo. Además, él le aseguraba ser el pionero y dueño de la carrera. La mujer señaló en el juicio que para ingresar no hacía falta tener el secundario completo, “sino ganas, dedicación y esfuerzo”. En momentos, el hombre les habría indicado que había oferta laboral en lo judicial y en el sistema público.

Todo parecía convincente y atrapante, pero con el pasar del tiempo hubo incongruencias. En un comienzo les dieron una currícula, pero nada de eso se cumplió. Las materias eran dictadas por Algarilla o por sus hijas, aunque luego de un tiempo solo las impartía él o estudiantes de los últimos años. Pero el punto de inflexión llegó después de un trabajo de campo en Angaco. Al volver, les avisaron que no fueran a cursar a Eleva, sino a la Lomoteca 2001, que sería propiedad de un familiar de Algarilla. El hombre decía que no importaba dónde estudiaran, que era momentáneo hasta que pudiera conseguir un lugar.

Fue unas semanas después que tuvieron clases en un local comercial ubicado en Galería Rivadavia. Sumado a ello, la institución a la que ellas debían abonar ya no era Eleva, sino el Centro de Capacitación Algarilla.

Otro de los datos que aportó García fue que las clases teoricas eran dictadas cuando él salía de trabajar, y las prácticas se hacían durante sus días de guardia y cuando terminaban de usar las instalaciones los estudiantes de la Universidad Católica. Es decir, cursaban luego de las 19 horas, hasta las 22 horas. Si bien ella no tenía problemas de ingreso ya que era parte del personal del nosocomio, sus compañeras debían indicar que eran estudiantes de la Universidad Católica de Cuyo.

También declaró que no cumplían con las medidas de seguridad al ingresar a la morgue, ya que solo usaban guantes. Además, señaló que no les habló de los peligros de los elementos que había en el lugar y que sí tuvieron intervención en cadáveres durante su cursado.

Sobre el pago, mencionó que en un comienzo los pagos eran al Instituto Eleva, pero luego pasaron a transferirle a la cuenta de Mercado Pago de Algarilla. Según señaló García: “Él nos decía que era el dueño de la carrera”. Ella, junto con otros chicos, abandonó la carrera, pero otros siguieron cursando. Incluso, el primer grupo se recibió en diciembre de 2025, pero con una carrera diferente a la que ingresaron y con un aval dudoso.