DÍA DE LA DONACIÓN DE ÓRGANOS Y TEJIDOS

“Una parte de ella vive dentro de mí”: la historia de dos hermanas unidas por un trasplante que les cambió la vida

Susana y Alejandra Orellano no solamente comparten la sangre y la vida en familia. Hace un año, Alejandra le donó un riñón a su hermana y transformó para siempre su historia. En el marco del Día Nacional de la Donación de Órganos, el conmovedor testimonio de dos sanjuaninas que atravesaron el miedo y la esperanza.

Cada 30 de mayo se conmemora en Argentina el Día Nacional de la Donación de Órganos, una fecha que busca concientizar sobre la importancia de donar y dar una nueva oportunidad. La jornada se celebra desde 1997, en homenaje al nacimiento del hijo de la primera mujer trasplantada que pudo dar a luz en un hospital público del país.

En San Juan existen historias que ayudan a entender por qué donar puede cambiarlo todo. Historias que atraviesan el dolor, el miedo y la incertidumbre, pero también la esperanza, el amor y la decisión de tenderle la mano a otro cuando más lo necesita. Como la de Susana y Alejandra Orellano, dos hermanas que hoy sienten que están unidas de manera todavía más profunda. “Es mi ángel de la guarda”, dice Susana al hablar de Alejandra, la mujer que decidió donarle un riñón cuando la enfermedad comenzó a quitarle calidad de vida.

Susana Orellano tiene 56 años, fue docente y maestra jardinera y el año pasado debió jubilarse producto de las complicaciones de salud que atravesaba. Su hermana Alejandra, de 57 años, trabaja en el área administrativa de la Escuela Industrial y fue quien tomó una decisión que terminó marcando la vida de toda la familia.

Todo comenzó mucho antes del trasplante. En 1995, luego de regresar a la provincia tras vivir algunos años en Japón, Susana decidió realizarse estudios médicos de rutina. Hasta ese momento desconocía que tenía una dolencia renal. “La enfermedad no te da muchos síntomas. Uno físicamente no siente nada, si no es por análisis”, recuerda. A partir de allí comenzaron los tratamientos y controles médicos. Con el paso del tiempo, los especialistas le explicaron que el deterioro avanzaba y que eventualmente necesitaría un trasplante.

“No me daba miedo la intervención. Lo que sí me generaba temor era la diálisis”, cuenta Susana. Lo que en un principio parecía ser un tratamiento de tres meses terminó extendiéndose durante un año y medio. El proceso comenzó en 2023 y el trasplante finalmente llegó el 19 de mayo de 2025. “La diálisis al principio me asustó, pero después entendí que era necesaria para el cuerpo. Llega un momento en que uno ya quiere que llegue el trasplante para dejar atrás todo eso”, relata.

Mientras esperaba un órgano compatible dentro de la lista de espera, Alejandra ya tenía la decisión tomada. “Cuando me enteré de que mi hermana necesitaba el trasplante, dije: lo tengo que hacer yo”, recuerda. Apenas habló con su familia, todos estuvieron de acuerdo. Desde entonces comenzaron los estudios médicos y las evaluaciones para determinar si podía convertirse en donante.

Pero el camino tampoco fue sencillo. Cada recaída de Susana obligaba a repetir análisis y volver a empezar. “Cada vez que se postergaba, me generaba más miedo”, admite Alejandra. La ansiedad comenzó a crecer con el paso de los meses, aunque asegura que cuando finalmente llegó el día de la operación, lo único que sentía era la necesidad de que todo saliera bien.

“Al momento de entrar al quirófano no tenía miedo. Tenía ansiedad por saber cómo iba a salir todo”, recuerda. Cuando se realizó la cirugía, ambas fueron internadas juntas. Alejandra ingresó primero y luego fue el turno de Susana. “Salió todo perfecto, estuvimos pocos días hospitalizadas y enseguida empezamos con la recuperación”.

Al día siguiente de la operación ya debieron comenzar con la kinesiología y las caminatas para acelerar el proceso posterior. Alejandra asegura que, más allá del dolor lógico de la cirugía, nunca sintió cambios físicos importantes.“Hay gente que dice que siente un vacío, pero a mí no me pasó. Hoy hago una vida normal”, explica.

Actualmente ambas continúan con controles médicos periódicos, aunque la vida volvió lentamente a acomodarse. Susana recuperó su calidad de vida y Alejandra siente tranquilidad al ver a su hermana bien.

Para ellas, hablar sobre donación es también una manera de ayudar a otros

“Hay mucha gente que no se anima o no sabe por dónde empezar. Lo importante es informarse”, sostiene Susana. Y agrega una reflexión que resume el espíritu de esta fecha: “La vida es muy corta. Hoy estamos y mañana no sabemos. Si uno puede donar, le está dando esperanza a otra persona”.

Con la emoción todavía intacta, Susana intenta explicar lo que siente cada vez que piensa en su hermana y en ese riñón que hoy le permite seguir adelante. “Donar un órgano es sentir que algo tuyo sigue viviendo en otra persona. Una parte de ella vive dentro de mí”.