HISTORIAS MUNDIALISTAS

El lado B del Maracanazo: condena, muertes y el arquero “mufa" que cargó con el dolor de todo Brasil

La derrota ante Uruguay en el Mundial del 50’ dejó una herida. Hubo relatos de suicidios, un cambio histórico de camiseta y un arquero que pasó de ser ídolo a convertirse en el principal culpable de una tragedia deportiva que lo persiguió hasta su muerte.
El uruguayo Ghiggia remata al primer palo para anotar el 2-1 definitivo. A raíz de aquel gol, el arquero Moacir Barbosa cargaría de por vida con una implacable condena social que lo convirtió en el chivo expiatorio de toda una nación.
El uruguayo Ghiggia remata al primer palo para anotar el 2-1 definitivo. A raíz de aquel gol, el arquero Moacir Barbosa cargaría de por vida con una implacable condena social que lo convirtió en el chivo expiatorio de toda una nación.

La historia de los Mundiales está llena de momentos felices e inolvidables. Pero también existen derrotas que dejaron marcas imposibles de borrar. Ninguna fue tan dolorosa como el Maracanazo de 1950, el día en que Uruguay silenció a casi 200.000 personas en el Maracaná.

Brasil organizaba la primera Copa del Mundo tras la Segunda Guerra Mundial y todo parecía preparado para una histórica celebración. El equipo había arrasado a sus rivales durante el torneo, necesitaba un empate para consagrarse campeón y los diarios ya tenían impresos los titulares que anunciaban la conquista mundial.

Pero el fútbol tenía preparado otro desenlace

Luego de comenzar ganando con un gol de Friaça, la selección brasileña vio cómo Uruguay reaccionaba. Juan Schiaffino empató el encuentro y, a once minutos del final, Alcides Ghiggia protagonizó una de las jugadas más famosas de la historia. El delantero avanzó por la derecha y sorprendió al arquero Moacir Barbosa con un remate al primer palo. La pelota ingresó y decretó el 2-1 final.

Con el peso histórico de sus títulos de 1924, 1928 y 1930, la Celeste silenció a un Brasil que ya se sentía campeón antes de jugar.

Aquella derrota fue mucho más que un resultado deportivo. Para millones de brasileños significó una tragedia nacional. Durante años circularon relatos sobre personas que no soportaron el golpe emocional, medios de la época hablaron de suicidios vinculados al impacto que provocó la caída ante Uruguay.

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Las consecuencias también alcanzaron símbolos históricos del fútbol brasileño. La Confederación Brasileña de Fútbol decidió abandonar para siempre la camiseta blanca con detalles azules que había utilizado durante el torneo y adoptó la tradicional verdeamarela que hoy identifica a la Canarinha en todo el mundo.

Sin embargo, nadie pagó un precio tan alto como Moacir Barbosa

Antes del Mundial era considerado uno de los mejores arqueros del planeta. Figura de Vasco da Gama y campeón sudamericano con Brasil, parecía destinado a levantar la Copa del Mundo en su propio país. Pero aquel gol de Ghiggia cambió su vida para siempre.

Mientras los demás jugadores fueron olvidados con el paso del tiempo, Barbosa quedó señalado como el responsable de la derrota. Durante décadas soportó insultos, humillaciones y el rechazo de una sociedad que necesitaba encontrar un culpable para explicar lo ocurrido. "La pena máxima en Brasil por un crimen es de 30 años. Yo llevo más de 40 pagando por un delito que no cometí", llegó a declarar años después.

Schubert Gambetta y la selección uruguaya bebiendo la gloria eterna tras el Maracanazo de 1950.

La condena social fue tan grande que trascendió generaciones. En una ocasión, una madre lo señaló en un supermercado y le dijo a su hijo: "Ese es el hombre que hizo llorar a todo Brasil". En otra, cuando intentó visitar a la selección brasileña antes del Mundial de 1994 para saludar al arquero Taffarel, no le permitieron ingresar porque todavía lo consideraban portador de mala suerte.

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La etiqueta de "mufa" lo acompañó hasta el final de sus días

Ni siquiera los cinco títulos que Brasil conquistó después lograron borrar el recuerdo de aquella tarde de 1950. Barbosa continuó siendo el rostro visible de la derrota más dolorosa de la historia del país. El mexicano Juan Villoro dijo alguna vez que Barbosa fue "el hombre que murió dos veces". La primera ocurrió el 16 de julio de 1950, cuando Uruguay ganó el Mundial en el Maracaná. La segunda llegó el 7 de abril de 2000, cuando falleció a los 79 años tras sufrir un derrame cerebral.

Referente del Vasco de Gama, el arquero Barbosa ganó un total de 9 títulos en el equipo brasileño.

Años después, la Confederación Brasileña de Fútbol intentó reparar parte de la injusticia. En el centenario de su nacimiento publicó un homenaje recordando sus títulos y su aporte a la historia de la selección. Pero para entonces ya era demasiado tarde. Barbosa había pasado medio siglo cargando una condena que nunca figuró en ningún código penal. Su único delito fue no poder detener el remate de Alcides Ghiggia.

Y aunque Brasil ganó cinco Mundiales después de aquella tarde, para muchos la verdadera víctima del Maracanazo no fue solo esa selección, fue un arquero que terminó soportando sobre sus hombros el peso de todo un país.

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