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Ante la gran demanda en residencias en San Juan, cómo es el trasfondo psicológico de los adultos mayores que llegan: la sensación de abandono y despojo

Fuentes profesionales consultadas explicaron cuál es el impacto emocional que atraviesan los adultos mayores al ingresar a una residencia. Aunque cada historia es distinta, aseguran que el cambio suele ser un proceso complejo, marcado por la pérdida de autonomía, el desapego y la necesidad de adaptarse a una nueva forma de vida.
IMAGEN ILUSTRATIVA.
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Por Redacción 0264Noticias
martes 04 de agosto de 2026

La creciente demanda de plazas en residencias para adultos mayores en la provincia, pone en foco una realidad que va mucho más de la disponibilidad. Mientras los establecimintos trabajan con ocupación plena, detrás de cada ingreso existe una historia personal atravesa por cambios profundos, donde lo emocional suele ser uno de los desafíos más difícles de afrontar. 

Actualmente, en la provincia existen 34 residencias habilitadas, con un total de 864 camas declaradas, cuya ocupación alcanza el 100%. En muchos casos, estos espacios ofrecen atención de enfermería durante las 24 horas, asistencia médica, kinesiología, nutrición, musicoterapia, educación física y distintas actividades destinadas a mejorar la calidad de vida de los residentes. Dependiendo del tipo de institución y los servicios brindados, las cuotas pueden superar el millón de pesos mensuales e incluso llegar a los dos millones.

Sin embargo, detrás de esa realidad también aparece el costado humano, profesionales consultados por 0264 Noticias explicaron que la institucionalización no siempre es vivida de la misma manera, ya que depende del estado de salud física y cognitiva del adulto mayor, del vínculo familiar y de las circunstancias que llevaron a tomar esa decisión.

Según indicaron, para muchas familias la residencia representa la única alternativa posible, especialmente cuando el adulto mayor requiere cuidados permanentes que resultan difíciles de sostener dentro del hogar. "Cuando una familia decide incorporar varios cuidadores en distintos turnos dentro de la vivienda, muchas veces esa dinámica termina generando una invasión del espacio personal, con roces y malestar entre todos los integrantes. En esos casos, una residencia puede transformarse en una alternativa para brindar un cuidado más específico", explicaron.

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Los especialistas señalaron que también existen importantes diferencias entre las instituciones. Mientras algunas reciben a pocos residentes y ofrecen una atención más personalizada, otras cuentan con capacidad para hasta 70 personas, donde conviven con realidades muy diferentes. En ese contexto, remarcaron que la cantidad de cuidadores no siempre guarda relación con el número de residentes y que la calidad depende del estado cognitivo y físico de cada persona. "Hay adultos que presentan un deterioro motriz importante, pero mantienen intactas sus capacidades cognitivas. En esos casos suelen aparecer estados depresivos, sentimientos de agresividad o frustración, porque son plenamente conscientes de todo lo que dejaron atrás", detallaron.

Uno de los aspectos que más impacta, según los profesionales, es el sentimiento de haber perdido la vida que construyeron durante décadas. "Para muchas familias significa un alivio saber que el adulto mayor está cuidado, pero para quien ingresa puede representar un verdadero despojo. De un día para otro deja su casa, sus recuerdos y gran parte de sus pertenencias. La sensación muchas veces es 'me quedé sin nada'", explicaron.

También señalaron que no todos los casos son iguales. Existen algunos que llegan a las instituciones luego de haber vivido situaciones de abandono o de escasos cuidados familiares y encuentran allí una contención, compañia y bienestar que antes no tuvieron. "Depende del nivel cognitivo y de la historia personal de cada uno. Esa diferencia puede marcar el límite entre vivir la institucionalización como un sufrimiento o como una oportunidad para estar mejor", afirmaron.

Otro de los sentimientos que suele repetirse es la sensación de abandono, especialmente entre quienes conservan plenamente sus capacidades cognitivas. "Muchas familias trabajan y no pueden visitar a sus padres o abuelos todos los días. En algunos casos las visitas terminan reduciéndose a una vez por semana y eso genera un impacto emocional muy fuerte", explicaron.

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A ello se suma la pérdida de objetos personales que durante años formaron parte de la identidad de cada residente. "La pérdidad de haber construido una vida y después quedarse con muy pocas pertenencias trambién pesa. Incluso hay personas que no pueden conservar alhajas u objetos de valor porque pueden extraviarse dentro de la institución, y eso incrementa la sensación de haber perdido parte de su historia".

No obstante, también destacaron que muchas personas logran adaptarse con el tiempo y encuentran en las residencias un nuevo espacio de pertenencia. "La posibilidad de socializar, compartir actividades y generar vínculos con otros adultos mayores que atraviesan situaciones similares ayuda muchísimo. En muchos hogares se forman grupos de afinidad y eso mejora notablemente la calidad de vida", concluyeron.