HISTORIAS

Amistad, inclusión y pertenencia: la “Fusión de Habilidades” que abre espacios para que los más chicos se sientan parte

Tres jóvenes psicopedagogas sanjuaninas crearon un taller recreativo para que niños con y sin discapacidad puedan jugar, vincularse y construir amistades.

Lo que comenzó en 2024, en el quincho de una de ellas y con apenas tres chicos, hoy se convirtió en un espacio al que concurren 17 niños. Se llama “Fusión de Habilidades” y nació a partir de una necesidad concreta: encontrar un lugar donde los chicos pudieran simplemente jugar, compartir y hacer amigos.

La propuesta fue creada por Ana Milagros Muggiani, de 26 años; Catalina Olguín, de 26; y Guillermina Capdevila, de 25; tres amigas que se conocieron cursando la carrerra y hoy en día son licenciadas en psicopedagogas. Poco tiempo después de recibirse, decidieron comenzar juntas un proyecto que inicialmente no sabían hasta dónde las llevaría.

La historia comenzó de manera inesperada. En 2024, Ana estaba en un cumpleaños familiar cuando conversó con la mamá de una niña con síndrome de West. Durante aquel encuentro, la mujer le contó que no encontraba un lugar donde su hija pudiera realizar una actividad recreativa. La niña tenía dificultades para caminar por la falta de fuerza muscular en sus piernas, pero disfrutaba especialmente de la música, el canto y el baile.

Ana Milagros Muggiani, Catalina Olguín y Guillermina Capdevila.

Aquella conversación quedó dando vueltas en la cabeza de Ana. La joven les planteó la situación a Catalina y Guillermina, y a partir de ahi, las tres comenzaron a pensar en la posibilidad de crear un espacio destinado a chicos que, más allá de sus terapias o acompañamientos profesionales, también necesitaran un lugar para divertirse y relacionarse. “Ahí surgió la idea de crear un lugar para estos chicos”, contó Catalina Olguín en diálogo con 0264 Noticias.

Sin demasiados recursos ni una estructura definida, decidieron empezar. El primer lugar fue el quincho de la casa de Ana y allí recibieron a los primeros tres chicos. La propuesta continuó durante buena parte de 2024 y, poco a poco, comenzó a crecer. A principios de 2025, las tres profesionales entendieron que necesitaban un lugar más amplio.

Hoy son 17 los niños que participan de la propuesta.

“Llegó un momento en que estábamos las tres solamente con un chico. A principios de 2025 dijimos: ‘Ya está, nos tenemos que ir de acá’”, recordó Catalina. Así llegaron al espacio donde actualmente funciona Fusión de Habilidades, el cual está ubicado en Matías Zaballa y 25 de Mayo. Con el tiempo pasó de ser una idea entre amigas a reunir a 17 niños: 11 varones y 6 mujeres, con y sin discapacidad.

Un espacio para jugar, no otra terapia

Uno de los aspectos que las creadoras buscan dejar en claro es que el lugar no es una terapia. Muchos de los chicos con discapacidad que concurren ya realizan tratamientos, cuentan con acompañamiento profesional o tienen diferentes actividades vinculadas con su escolaridad. Lo que muchas veces falta, explican las psicopedagogas, es un espacio destinado exclusivamente al juego y al encuentro con otros.

Por eso, la mirada psicopedagógica está presente, pero no para convertir cada actividad en una instancia terapéutica. Las profesionales acompañan, observan, intervienen cuando es necesario y mantienen comunicación con las familias, pero el objetivo principal es que los chicos disfruten y puedan relacionarse. La propuesta busca generar un lugar en el que cada niño pueda participar de acuerdo con sus posibilidades, sus tiempos y su manera de comunicarse.

Durante el verano, el juego libre gana mayor protagonismo y el espacio se adapta para que los chicos tengan más momentos de recreación.

La inclusión también se construye jugando

Fusión de Habilidades tiene otra característica central: no es un espacio exclusivo para chicos con discapacidad. En el mismo lugar participan niños con y sin discapacidad. Para las profesionales, esa convivencia es una de las claves del proyecto, porque la inclusión también implica aprender a compartir con quienes tienen otras formas de comunicarse, jugar o relacionarse.

“Los chicos con discapacidad pueden socializar con otros niños que no tienen discapacidad pueden aprender a relacionarse con ellos y entender por qué se comportan de determinada manera”, explican. Así, el encuentro no se plantea desde la diferencia como una barrera, sino desde la posibilidad de conocerse y compartir.

Las profesionales acompañan, observan, intervienen cuando es necesario y mantienen comunicación con las familias, pero el objetivo principal es que los chicos disfruten y puedan relacionarse.

Incluso algunas escuelas comenzaron a recomendar el espacio a determinadas familias y, en algunos casos, solicitaron informes o evaluaciones voluntarias. La formación de las tres profesionales permite también mantener un vínculo con las instituciones educativas cuando resulta necesario.

Juegos, manualidades y también cumpleaños

Las actividades cambian según las necesidades y los intereses del grupo. Hay manualidades, dibujos, marcadores, juegos didácticos, cuentos y propuestas para trabajar la motricidad. También desarrollan dinámicas destinadas a fortalecer la participación y la autoestima. Una de ellas consiste en elegir a un “secretario” entre los chicos, para que pueda asumir una responsabilidad dentro del grupo y sentirse protagonista.

Durante el verano, el juego libre gana mayor protagonismo y el espacio se adapta para que los chicos tengan más momentos de recreación. Pero con el tiempo apareció otra necesidad. Algunas familias les contaron que sus hijos no tenían un grupo de amigos con quienes compartir un cumpleaños. A partir de esas situaciones, las profesionales comenzaron también a prestar el espacio para celebrar esos momentos.

Es un espacio destinado a chicos que, más allá de sus terapias o acompañamientos profesionales, necesitan un lugar para divertirse y relacionarse.

La historia de "Fusión de Habilidades" comenzó con una conversación casual, una necesidad concreta y tres chicos en un quincho. Hoy son 17 los niños que participan de la propuesta. Para Ana, Catalina y Guillermina, la idea de fondo sigue siendo la misma: que cada chico tenga un lugar donde pueda sentirse parte.

El espacio funciona los lunes, miércoles y viernes de 18.30 a 20 horas, y recibe generalmente a niños desde los 3 años, aunque las profesionales aclaran que la edad y el tiempo de permanencia pueden variar según las características de cada chico. Entre colores, juegos, música, cuentos y manualidades, la propuesta busca algo que muchas veces parece sencillo, pero no siempre está garantizado: tener un lugar donde hacer amigos, compartir con otros y sentirse incluido.

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