DÍA DEL ARBITRAJE 

Las mujeres en el arbitraje y el desafío de impartir justicia dentro y fuera de la cancha

En una profesión históricamente vinculada a los hombres, Vanesa Ejarque, Ruth Díaz, Melina Díaz y Marianela Figueroa construyen su propio camino dentro del ambiente. En diálogo con 0264Noticias, contaron cómo nació su pasión por el arbitraje, las dificultades que enfrentaron dentro de una cancha y los prejuicios que todavía persisten.

Cada 11 de octubre, Argentina celebra el Día del Árbitro y la Árbitra, una fecha que invita a reconocer el trabajo de quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia dentro de una cancha. En San Juan, esta jornada también permite poner en primer plano las historias de mujeres que eligieron desarrollarse en una profesión históricamente asociada a los hombres y que, con esfuerzo y preparación, fueron derribando barreras.

Ser árbitra en un deporte tan popular, apasionado y atravesado por las emociones como el fútbol no es una tarea sencilla. Las críticas, los cuestionamientos y la presión de jugadores y espectadores forman parte de una realidad que muchas veces se vuelve todavía más compleja cuando quien dirige es una mujer.

Sin embargo, el crecimiento del fútbol femenino, las oportunidades laborales y las ganas de superar viejos prejuicios impulsaron a cada vez más mujeres a incorporarse al arbitraje sanjuanino.

En ese contexto, Vanesa Ejarque, Ruth Díaz, Melina Díaz y Marianela Figueroa dialogaron con 0264Noticias y compartieron sus experiencias, los motivos que las llevaron a elegir esta profesión, los momentos difíciles que atravesaron y los desafíos que todavía quedan por superar.

Aunque pertenecen a distintas asociaciones y tienen recorridos diferentes, las cuatro comparten algo fundamental: el amor por el fútbol y la convicción de que las mujeres pueden ocupar un lugar dentro del arbitraje por su preparación, compromiso y capacidad.

Ruth Díaz, una pasión que nació en familia

Ruth Díaz pertenece a ASAIC, la Asociación de Árbitros Independiente Centro. Su historia dentro del arbitraje comenzó a partir de una figura fundamental: su papá, quien también es árbitro y fue el principal impulsor de su carrera.

"Para mí, ser árbitra se convirtió en mi vida, es una profesión que te exige prepararte, aprender y superarte continuamente. Elegí este camino gracias a mi papá, que también es árbitro. Desde chica, junto con mi hermana, nos llevaba a los entrenamientos de árbitros, y mi mamá también nos llevaba a ver algunos partidos, cuando comencé a arbitrar, acompañaba a mi papá todo el tiempo. Él fue quien me impulsó y con el tiempo fui descubriendo que era algo que realmente me apasionaba. Hoy quiero seguir creciendo y disfrutar de este camino todo lo que pueda", contó.

Ruth Díaz, junto a su padre, Juan (en el centro de la imagen)

Comenzó a los 18 años, cuando su padre le preguntó si quería desempeñarse como árbitra asistente en un torneo libre. Lo que empezó como una experiencia familiar terminó convirtiéndose en una profesión que hoy forma parte de su vida. Pero el camino también estuvo marcado por situaciones difíciles. Una de las más complejas ocurrió durante un partido en el que intentaron agredirla y recibió un golpe en la cadera.

"Uno de los momentos más difíciles fue cuando intentaron agredirme durante un partido y llegué a recibir un golpe en la cadera. En ese momento sentí muchísimo enojo y mi primera reacción fue no querer continuar el partido. Fue una situación difícil de manejar emocionalmente, porque más allá de lo que había pasado físicamente, me costaba dejar de lado esa bronca. Mi papá estaba como asistente y fue quien logró calmarme para que pudiera continuar porque no quedaba nada".

La experiencia le dejó una enseñanza que todavía conserva: la importancia de mantener la calma ante situaciones límite y reconocer que, detrás de la autoridad que exige el arbitraje, también hay personas que sienten y atraviesan momentos difíciles.

"También es entender que, aunque tenemos que ser profesionales, somos personas y hay situaciones que nos afectan", reflexionó.

Al hablar sobre el lugar de las mujeres en esta profesión, Ruth consideró que existen más oportunidades, incluso para alcanzar el nivel nacional, aunque advirtió que todavía persisten prejuicios y diferencias en la manera de juzgar el desempeño de una árbitra.

"Creo que hoy existen oportunidades para las mujeres dentro del arbitraje, incluso para llegar al nivel nacional, pero todavía hay muchos prejuicios que superar. Siento que, cuando una mujer se equivoca, muchas veces se la cuestiona o se la castiga más que a un árbitro varón. Parece que tenemos que demostrar constantemente que estamos preparadas para ocupar ese lugar".

También remarcó la necesidad de contar con mayor acompañamiento dentro del arbitraje local para que las mujeres puedan capacitarse, crecer y avanzar profesionalmente.

Sobre las críticas y la presión durante los partidos, explicó que con el tiempo aprendió a distinguir los comentarios que pueden ayudarla a mejorar de aquellos que no aportan. Para ella, aceptar los errores, aprender de ellos y mantener la concentración son herramientas fundamentales.

Su recorrido también tiene un hito para el deporte provincial: Ruth Díaz fue la primera sanjuanina en dirigir como árbitra principal un partido del Torneo Regional Amateur. 

En el Día del Árbitro Argentino, dejó un mensaje para quienes recién comienzan y para quienes todavía consideran que esta profesión no es un lugar para las mujeres.

"A quienes están empezando les diría que se animen, que tengan paciencia y que sean constantes, porque es una profesión en la que siempre hay algo nuevo para aprender. Es una profesión hermosa, que te permite conocer buenas personas y desarrollar virtudes que sirven no solamente dentro de una cancha, sino también en todos los ámbitos de la vida. Y a quienes todavía creen que el arbitraje no es un lugar para las mujeres, les diría que las mujeres también estamos preparadas para ocupar ese lugar, soportamos muchas cosas y nuestro esfuerzo es doble".

Melina Díaz, una carrera construida con convicción

Melina Díaz forma parte de ACAN, la Asociación de Árbitros del Norte. Para ella, el arbitraje es mucho más que una actividad profesional: es una pasión que lleva adelante con amor y dedicación.

"Para mí ser árbitro significa mucho. Es algo que me apasiona, que lo llevo con mucho amor", expresó.

Sus primeros pasos estuvieron marcados por la presión del público y las críticas, situaciones que con el tiempo le permitieron adquirir experiencia y aprender a manejar los partidos: "El momento más difícil que me tocó vivir en la cancha fue los primeros pasos, digamos, con la presión de la gente, las críticas. Pero sí, sí me dejó mucha enseñanza porque vas aprendiendo cómo ir llevando los partidos, manejando la gente, tu control".

Al analizar la evolución del arbitraje femenino, consideró que hubo avances importantes, aunque todavía permanece un estereotipo que cuestiona la presencia de mujeres en este ámbito.

"Básicamente siento que sí evolucionó mucho el lugar de la mujer, tanto en cualquier ámbito deportivo como especialmente ahora en el arbitraje. Y los obstáculos que todavía están es porque todavía sigue estando como ese estereotipo. Pero siento que ha evolucionado un montón y eso es muy, muy bueno, tanto para mí como para las demás chicas que ejercemos esta profesión".

Melina reconoció que convivir con las críticas no es sencillo, pero aseguró que hoy puede manejarlas mejor. También explicó que aprender a controlar la presión de los jugadores es un proceso que se construye partido tras partido, a partir de la experiencia y el paso del tiempo.

También destacó la importancia de la fortaleza mental y la vocación para sostenerse en una carrera exigente: "Creo que hay que tener una fuerza mental bastante fuerte y tener esa convicción de que el arbitraje es lo tuyo y lo haces por vocación. Pero que sigan adelante, porque si realmente te gusta, la satisfacción de dar el pitazo final es lo mejor".

Su trayectoria tiene un lugar destacado en la historia del fútbol de Jáchal: Melina se convirtió en la primera mujer en arbitrar un partido oficial en ese departamento.

En el Día del Árbitro Argentino, dejó su mensaje para quienes desean comenzar es claro: mantener la convicción y no abandonar ante las dificultades.

"En el día del árbitro, decirles que vayan firmes. Es una profesión muy ingrata, la realidad, y creo que si uno pone su empeño, su fuerza, va a llegar muy lejos. Pero sobre todo creo que muy firme en la convicción de querer ser árbitro y seguir, porque el camino es muy duro".

Vanesa Ejarque, de jugadora y entrenadora a impartir justicia

Vanesa Ejarque nació en San Luis, pero vive en Albardón desde los seis años. Antes de dedicarse al arbitraje fue jugadora y entrenadora de fútbol, hasta que decidió cambiar de rol y asumir la responsabilidad de impartir justicia dentro de la cancha.

Actualmente integra la Cooperativa de Árbitros Sanjuaninos Unidos (CASU) y cuenta con experiencia en encuentros de relevancia. Además, durante dos años consecutivos fue la primera mujer sanjuanina en desempeñarse en la cuarta categoría del fútbol argentino, el Torneo Regional Amateur.

Para Vanesa, ser árbitra significa asumir una responsabilidad que trasciende los límites del campo de juego: "Para mí ser árbitro de fútbol significa, la verdad, que mucho más que impartir justicia en una cancha, es asumir una responsabilidad, es actuar con respeto, mantener la firmeza en los momentos difíciles. O sea, no solo se es árbitro dentro de la cancha, sino fuera también".

Según explicó, los valores que intenta aplicar durante los partidos también se reflejan en su vida cotidiana. La profesión le enseñó a tomar decisiones con seguridad, incluso bajo presión, y a entender cada encuentro como una oportunidad de crecimiento.

"También es demostrar que con esfuerzo, compromiso y pasión podemos abrirnos camino en el deporte, dejar nuestra propia huella".

Su elección estuvo vinculada al amor por el fútbol y al desafío de superarse tanto en lo personal como en lo profesional. Cada partido, señaló, representa una oportunidad para ganar confianza y demostrar que las mujeres pueden desarrollarse libremente en este ámbito.

Sin embargo, sus primeros pasos como árbitra principal no fueron fáciles. Vanesa recordó que, durante uno de sus primeros partidos como árbitra de campo, los jugadores se sorprendieron al verla y cuestionaron que fuera una mujer quien debía dirigirlos. Según relató, durante el encuentro recibió reclamos constantes y atravesó una situación que la hizo sentir intimidada.

"Venían a hacerme cuestionamientos, críticas de todo, como que todo el tiempo tuve, o sea, tuve un partido bastante complicado porque eran reclamos, reclamos, reclamos, reclamos".

Vanesa comenzó a los 19 años y realizó un curso de preparación de un año. En aquel momento estudiaba el profesorado de Educación Física y jugaba al fútbol en la universidad. La curiosidad por ocupar otro lugar dentro de la cancha la llevó a probar suerte en el arbitraje.

Aunque inicialmente también buscaba sumar puntaje para su formación docente, aseguró que terminó descubriendo una vocación que superó aquella motivación inicial: "La verdad que el objetivo de acumular puntaje fue lo que menos me importaba, porque quedé fascinada con la carrera, la verdad, que con las prácticas y todo me abrió un mundo aparte".

En su recorrido, destacó el valor de los compañeros, las amistades y el acompañamiento para ganar seguridad, además de la importancia de la preparación física, la disciplina y la capacitación constante.

Al hablar sobre los avances del arbitraje femenino, Vanesa consideró que hoy existen más oportunidades y visibilidad, y que cada vez son más las mujeres que se animan a participar tanto en el fútbol como en la dirección de partidos.

No obstante, advirtió que todavía persisten prejuicios y dudas sobre las capacidades de las árbitras, lo que las lleva a sentir que deben demostrar permanentemente que están a la altura.

En el Día del Árbitro Argentino Vanesa dejo su mensaje: “A las personas que todavía están en camino, dudando si es para ellas o no, me gustaría decirles que quienes están empezando confíen y se animen a perseguir sus sueños, que nunca dejen de capacitarse, de aprender. El camino no siempre es fácil. Siempre hay uno que otro obstáculo, críticas y momentos difíciles, pero con esfuerzo, compromiso y pasión se puede crecer y llegar muy lejos. Y a quienes todavía no creen en el arbitraje y creen que es un lugar que no es para las mujeres, les diría que el talento, la capacidad y la preparación no tienen género. Las mujeres tenemos el mismo derecho a ocupar estos espacios, a tomar decisiones y a demostrar de lo que somos capaces de hacer”.

Marianela Figueroa, una historia atravesada por el fútbol 

Marianela Figueroa, conocida como Maru, tiene una historia atravesada por el fútbol y los vínculos familiares. Fotógrafa y editora de videos, también se desempeña como árbitra y forma parte de la Cooperativa de Árbitros Sanjuaninos Unidos (CASU).

Su vínculo con el arbitraje nació en el seno de su familia. Su hermano, Maximiliano “Maxi” Figueroa, fue árbitro del fútbol sanjuanino y falleció en plena actividad el 9 de enero de 2020. Su papá, Elio Figueroa, también estuvo ligado al ambiente futbolístico como dirigente.

Lejos de alejarse definitivamente de ese mundo tras la pérdida de su hermano, Maru decidió realizar el curso de árbitros dictado por Domingo Allegue en la Liga Sanjuanina. Durante esa etapa, llegó a dirigir encuentros de LIFI, divisiones inferiores y fútbol femenino, hasta que se alejó de los campos de juego.

Tiempo después, volvió a la actividad tras recibir la convocatoria de Emanuel Ejarque y Nelson Leiva para sumarse a CASU y dirigir encuentros de la Liga Universitaria. Actualmente, combina el arbitraje con su trabajo como fotógrafa y editora de videos, una tarea que también la mantiene en contacto permanente con las distintas disciplinas y competencias de San Juan.

Su historia representa otra manera de vincularse con el fútbol: desde los recuerdos familiares y la pasión heredada hasta la decisión de volver a una cancha y asumir el desafío de dirigir.

Al explicar qué la llevó a elegir esta profesión, Maru resumió su historia en una palabra: pasión. “Me gusta mucho el fútbol, vengo con un papá dirigente de un club, un hermano que fue árbitro, y esa pasión te va llevando. En mi caso, no juego a la pelota, pero sí me gusta el arbitraje, porque me gusta mucho la autoridad”, expresó entre sonrisas.

Para Maru, uno de los momentos más difíciles de su trayectoria aparece cuando debe dirigir partidos masculinos, debido a la falta de empatía que todavía percibe hacia las mujeres dentro de la cancha: “Lo más difícil es cuando dirigís a los hombres, porque todavía está esa poca empatía hacia la mujer. Pero la enseñanza que me deja es que si una se pone firme y se hace respetar, eso te da ganas de seguir dirigiendo y aprendiendo más”.

Su trayectoria tuvo una pausa y un regreso. Comenzó a los 30 años, luego se alejó por diferentes situaciones y decidió volver al encontrar un grupo de trabajo que le brindó acompañamiento y confianza.

En el Día del Árbitro Argentino, Maru también quiso dejar un mensaje para quienes sienten interés por esta profesión y para quienes ya comenzaron a transitar ese camino. Su consejo es mantener la pasión, capacitarse y no perder de vista que dirigir un partido implica asumir una gran responsabilidad.

“A quienes empiezan y a quienes todavía siguen, les digo que con dedicación y  pasión, y si es lo que realmente les gusta, continúen; es una locura muy linda, muy linda. No cualquiera se pone en el centro de un campo a agarrar un silbato y a tratar de dirigir cosas que por ahí cuestan o generan peleas, más ahora cómo está el fútbol argentino, ¿no? Que está complicado”.

En su reflexión, destacó la importancia de estudiar, mantenerse actualizadas y conocer en profundidad las reglas del juego: “Estudien, aprendan, que siempre estén atentos a las reglas, a las reglas nuevas, a consumir mucho fútbol porque eso te enseña un montón. Y que no pierdan esa pasión, que siempre se sigan capacitando”.

Finalmente, sostuvo que el arbitraje ofrece hoy posibilidades de crecimiento que años atrás eran más difíciles de encontrar: “Hoy en día el arbitraje es muy amplio, muy abierto, y está brindando muchísimas puertas que antes no se hacían. Así que no pierdan esa pasión”.

Un camino que todavía tiene barreras por derribar

Las historias de Ruth, Melina, Vanesa y Marianela reflejan diferentes formas de llegar al arbitraje, pero también coinciden en las dificultades que enfrentan las mujeres dentro de una profesión que durante mucho tiempo estuvo reservada, en la práctica, a los hombres.

Las agresiones, los cuestionamientos, los prejuicios y la necesidad de demostrar constantemente sus capacidades forman parte de una realidad que todavía exige cambios. A eso se suman los sacrificios personales, la preparación física, el estudio y las horas de entrenamiento que demanda la actividad.

Sin embargo, sus recorridos también muestran que el arbitraje femenino crece en San Juan y que cada vez son más las mujeres que se animan a ocupar estos espacios.

En el Día del Árbitro Argentino, sus testimonios permiten reconocer no solo el trabajo de quienes dirigen cada fin de semana, sino también el esfuerzo de aquellas mujeres que abren camino para las generaciones que vienen.

Porque, detrás de cada silbato, hay una historia de vocación, perseverancia y compromiso. Y, como ellas mismas sostienen, el lugar de una mujer en el fútbol no debería depender de los prejuicios, sino de su preparación, su capacidad y su pasión por la profesión.

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