OPINIÓN
La importancia del pago de deuda soberana
Es una realidad que a partir de la pandemia de Covid 2019 la deuda soberana de los gobiernos ha crecido en todo el mundo, de hecho casi se ha duplicado en los últimos años pasando de 59 trillones de dólares en el 2015 a 102 trillones en la actualidad. Más de la mitad de la deuda fue emitida por tres países: Estados Unidos (el 36%), China (16%) y Japón (10%). Argentina, con apenas el 0,54% de la deuda mundial, tiene un historial bastante desafortunado.
Para comparar el grado de endeudamiento de un país se suele comparar el monto de su deuda con el Producto Bruto Interno, tomando este parámetro, el país que está más endeudado en relación a su PBI es Sudán (344% de su PBI).
En Argentina, la deuda pública pasó del 78% del PBI a fines de 2022 a 91% en diciembre del 2023 y en la actualidad supera los 400.000 millones de dólares y representa casi un 100% del PBI.
Argentina tiene distintos tipos de deuda pública, que podríamos clasificar según la moneda de emisión (pesos o divisa extranjera), la residencia del acreedor (interna y externa), la legislación aplicable (local o extranjera), el tipo de indexación (en pesos indexada según el CER), etc.
Pero hay un hecho reciente que vale la pena destacar por su importancia, tres años después de la reestructuración de deuda de Martín Guzmán, en el gobierno de Alberto Fernández, este Jueves 9 de enero de 2024, el gobierno logró pagar la primera obligación importante de su deuda soberana en los últimos años. Así, el Tesoro Nacional afrontó el pago de US$4700 millones entre vencimientos de capital e intereses de sus títulos bonares y globales.
Si bien estos pagos impactaron negativamente en el nivel de reservas del Banco Central -Las reservas cedieron US$272 millones, a US$30.904 millones-, el mercado no ha perdido el sentimiento optimista (“Bullish” en la jerga financiera). El optimismo se debe a que el Ministerio de Economía, aferrado a su convicción de mantener el superávit financiero, no necesitó un gran esfuerzo para hacer frente a las obligaciones.
Personalmente, considero que ha sido todo un desafío porque los precios de estos títulos a principios del año pasado descontaban un nuevo default o reestructuración.
La noticia, que no tendría que ser noticia porque se supone que todo gobierno va a honrar sus deudas, pero, como veremos a continuación, esto no fué siempre así y mucho menos en Argentina. El país es considerado en todo el mundo como un “serial defaulter” (defaulteador serial) ya que dejó de honrar sus obligaciones unas 8 veces!.
Argentina ha sido un caso emblemático en la historia económica mundial por su reiterado incumplimiento de la deuda soberana. Con una historia de recurrentes defaults y procesos de reestructuración, nuestro país ha enfrentado numerosos desafíos financieros que han marcado su desarrollo económico y social. Vale la pena entonces detallas cuál es la historia argentina en este sentido para destacar la importancia que representa el cumplimiento efectivo de las obligaciones.
Una historia de defaults
El primero que pidió un préstamo en moneda extranjera fue Bernardino Rivadavia, entonces ministro de Gobierno de Buenos Aires. Fue en 1824, cuando Argentina todavía ni siquiera se llamaba así, sino las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Argentina enfrentó su primer default en 1827, apenas una década después de su independencia. Este incumplimiento estuvo relacionado con un préstamo tomado en Londres en 1824, conocido como el "empréstito Baring Brothers". Los recursos se destinaron en parte a financiar la guerra de independencia y proyectos de infraestructura, pero la falta de una economía consolidada y el impacto de las guerras civiles dificultaron el pago de la deuda. Este default se extendió hasta la década de 1850, cuando se renegociaron los términos. El país tardó más de un siglo en poder cancelar esa deuda con la Baring Brothers de Inglaterra por 1 millón de libras esterlinas.
En 1880 la élite gobernante, conocida como la "Generación del 80", casi triplicó la deuda extranjera, que pasó de 14 a 38 millones de libras. Una década más tarde, en 1890, Argentina enfrentó una grave crisis económica que resultó en un nuevo default. La especulación financiera, la sobre emisión de bonos y la fuerte dependencia de capital extranjero llevaron a una crisis de confianza. El colapso del Banco de Londres y Río de la Plata y la intervención del Banco de Inglaterra fueron factores clave en este episodio. La crisis también dio lugar a la Revolución del Parque, un movimiento político que marcó un punto de inflexión en la política argentina.
Avanzado el Siglo XX, los sucesivos gobiernos continuaron endeudándose y el peso de la deuda soberana en Argentina no paró de crecer, así llegaría el tercer default en 1951 y en las década sucesivas (1960 - 1970) Argentina pasó a deber 40 veces más.
El cuarto default llegaría en 1956 y lo sucedería el siguiente en 1982. En 1983, con la llegada de la democracia, Alfonsín asume la presidencia con una deuda de 45.000 millones de dólares. El gobierno de Menem habilita en 1989 el plan Bonex,
La deuda llegaría en 1992 a los 62.000 millones de dólares y no se detendría hasta 1999 que ya sumaba unos 140.000 millones de dólares.
El default de 2001 es, sin duda, el más conocido en la historia de Argentina. Aquel año nuestro país declaró lo que, en su momento, fue el default soberano más grande: casi u$s145.000 millones.
Las causas incluyeron:
- Una política de convertibilidad que ató el peso al dólar, limitando la capacidad de maniobra monetaria.
- Un creciente endeudamiento para financiar el déficit fiscal.
- Una fuga masiva de capitales y la falta de acceso a los mercados internacionales.
La crisis social y política derivada de este episodio fue devastadora, con niveles alarmantes de pobreza y desempleo. La reestructuración de deuda comenzó en 2005 y continuó en 2010, cuando el 93% de los acreedores aceptaron una quita significativa.
Años más tarde, con una tasa de crecimiento cercana al 8%, Kirchner logró acordar con el 76% de los acreedores de Argentina y reestructuró gran parte de la deuda. También realizó un gesto de fuerte valor simbólico: pagó toda la deuda con el FMI por 9.800 millones de dólares.
Un capítulo importante de la historia reciente fue el litigio con los denominados "fondos buitre". Estos fondos, que habían adquirido deuda en default a precios bajos, rechazaron las reestructuraciones y demandaron el pago completo de sus bonos. En 2014 el 7% de los bonistas consiguen que el juez Grieza falla a favor, una decisión judicial en Estados Unidos bloqueó los pagos a los acreedores reestructurados hasta que se resolviera el litigio, lo que llevó a un nuevo default técnico. Finalmente, en 2016, Argentina llegó a un acuerdo y logró normalizar su situación financiera internacional.
Pero la historia volvería a repetirse una vez más, en Junio de 2018 se acordó un crédito con el FMI (el rescate más grande de la historia del organismo). Un año más tarde, en Julio de 2019 el organismo internacional ya había desembolsado 44.500 millones de dólares cuando en septiembre de 2019 Argentina entró en default técnico que, ingeniosamente, bautizaron “reperfilamiento” de la deuda.
Apenas asumió Alberto Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán, debieron ponerse a negociar con los acreedores del país para ver cómo afrontan los más de 320.000 millones de dólares que se le deben a bonistas, organismos de crédito y agencias del sector público. Nuevamente en 2020 se volvió a reestructurar la deuda que ya había trepado al 103,8% del PBI.
En 2020, Argentina declaró un nuevo default sobre su deuda externa tras incumplir un pago de intereses de bonos por 500 millones de dólares. La crisis fue exacerbada por la pandemia de COVID-19, que agravó los problemas estructurales de la economía. En agosto de ese año, el gobierno logró un acuerdo con el 99% de los acreedores para reestructurar 66.000 millones de dólares en deuda, extendiendo los plazos de pago y reduciendo las tasas de interés.
Factores recurrentes en los defaults argentinos
La historia de los defaults en Argentina muestra ciertos patrones:
- Problemas estructurales: Dependencia de materias primas, vulnerabilidad a shocks externos y débil desarrollo industrial.
- Mala gestión fiscal: Altos niveles de gasto público sin una base tributaria sólida.
- Políticas monetarias y cambiarias: Regímenes de tipo de cambio inflexibles y alta inflación.
- Dependencia del financiamiento externo: Excesiva emisión de deuda en moneda extranjera.
Lecciones aprendidas y desafíos futuros
La experiencia argentina subraya la importancia de una gestión responsable de la deuda pública y la necesidad de diversificar la economía para reducir la dependencia de los mercados financieros internacionales. Aunque las reestructuraciones han permitido aliviar la carga de la deuda en varias ocasiones, el desafío radica en implementar reformas estructurales que promuevan el crecimiento sostenido y eviten futuros episodios de default. Por todo ello considero que el pago de las obligaciones del 9 de enero es un hecho muy importante, para devolver la credibilidad al país. Esperemos que podamos seguir este camino y cumplir con el resto de los vencimientos que este año superan los 18.000 millones de dólares.