OPINIÓN
Recuperación económica y desafíos post-ajuste fiscal
Según un reciente informe publicado por la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) la tradicional celebración del Día del Padre marcó una disminución en las ventas medidas a precios constantes, del 1,7% frente al 2024, con más del 90% de los comercios realizando promociones especiales.
La sensación en la calle es que la ansiada recuperación económica parece haberse estancado desde marzo de este año. La recuperación, que finalmente tuvo forma de pipa, parece haber experimentado una pausa y se comienza a percibir una disminución del consumo.
¿Desde el momento que la inflación ha sido, o, mejor dicho, está siendo controlada por el gobierno y deja de ocupar los primeros puestos en el ranking de las principales preocupaciones de los argentinos, se ha popularizado una preocupación cada vez más creciente: por qué parece que se ha detenido la recuperación de la economía argentina?
Para corroborar la percepción callejera vamos a ver números de las últimas series que aparecieron esta semana. Por un lado, el EMAE (Estimador mensual de la actividad económica), sabemos que tiene un importante delay, por eso nos vamos a concentrar en el Índice Líder que publica la Universidad Torcuato Di Tella y al que pudimos acceder el último miércoles.
Efectivamente, el crecimiento se ha detenido desde marzo, según se aprecia en el siguiente gráfico, el índice Líder, que observaba una tendencia alcista desde junio del año pasado, ha modificado su comportamiento y está lateralizando desde marzo de este año.
Es que el ansiado rebote de la economía no está exento de desafíos. El ajuste fiscal implementado para alcanzar el equilibrio o superávit financiero, como establece la nueva “regla fiscal” que defiende el gobierno, implica que cualquier desvío negativo en los ingresos será compensado con recortes proporcionales en el gasto público. Si bien esto contribuye a la estabilidad macroeconómica y a la confianza de los inversores, genera tensiones sociales y limita la capacidad del Estado para estimular la demanda interna, especialmente en sectores vulnerables.
El consumo privado, que representa el 68,1% del PIB, fue uno de los componentes más afectados en 2024, con una caída del 4,2%. Sin embargo, los últimos datos muestran señales de reversión: tras la fuerte desaceleración de marzo, las ventas minoristas comenzaron a mostrar signos de recuperación, aunque todavía de manera heterogénea y errática.
Según la consultora Kantar, el consumo masivo cerrará 2025 con un crecimiento interanual del 2% en unidades, impulsado principalmente por la clase media y alta, mientras que los hogares de menores ingresos siguen profundizando su caída. La desaceleración de la inflación (de un ritmo interanual del 388% a principios de 2024 al 57% en los primeros meses de 2025) está generando un entorno más favorable para el consumo, aunque la recuperación es fragmentada y no compensa totalmente lo perdido en 2024.
El propio INDEC confirmó esta nueva tendencia durante la semana cuando aparecieron los informes sobre consumo en supermercados y autoservicios mayoristas de abril que revelaron una caída del 2,9% respecto a igual mes del año pasado y una caída del 6,6% en la variación acumulada con respecto al año pasado.
Las proyecciones para la economía argentina en 2025 muestran un escenario de recuperación significativa tras la profunda recesión y el severo ajuste fiscal de 2024. Según las últimas estimaciones del Banco Mundial y el FMI, el PBI crecerá un 5,5% en 2025, una mejora sustancial respecto a la contracción del 1,7% registrada el año anterior. Este repunte se apoya en la estabilización macroeconómica, la eliminación de controles cambiarios y un renovado impulso de sectores clave como el agro, la energía y la minería.
Los argentinos enfrentamos esta recuperación con muchas dudas e incertidumbre, si bien se pueden aprovechar algunas oportunidades en sectores como el software, los desafíos no son menores. Las Pymes deben enfrentarse a una marea de importaciones chinas y hoy se debaten en seguir produciendo en Argentina o aprovechar los precios que solamente la productividad china ofrece.
Además, la presión tributaria aumentará levemente en 2025, aunque de manera desigual: se incrementan impuestos sobre el trabajo y el consumo, mientras se reduce la carga sobre los patrimonios más altos. Esta dinámica podría acentuar la regresividad del sistema tributario y dificultar una recuperación homogénea.
El salario real continúa siendo un punto crítico para la consolidación de la recuperación. El índice de salarios del INDEC muestra un incremento nominal del 85,7% interanual en marzo de 2025, pero este aumento debe ser contrastado con la inflación acumulada para determinar su impacto real. El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) se actualizó a $317.800 en julio y llegará a $322.000 en agosto, en un contexto de negociaciones tensas y falta de consenso entre empresarios, sindicatos y el Gobierno.
A pesar de estos ajustes, la mejora del poder adquisitivo es dispar: los salarios vinculados a bienes recuperaron cerca de un 10% respecto a noviembre de 2023, pero los relacionados con servicios cayeron más de un 18% en el mismo período. El aumento de tarifas de servicios públicos (luz, gas, agua) por encima del resto del consumo restringe aún más la capacidad de gasto de los hogares, especialmente en los sectores más inelásticos del presupuesto familiar.
¿Qué deberíamos esperar?
Argentina enfrenta en 2025 una recuperación económica robusta en términos macro, pero con grandes desafíos en la consolidación de una mejora sostenida y equitativa. El crecimiento del 5,5% proyectado está impulsado por la estabilización macroeconómica, la mejora en sectores exportadores y una incipiente recuperación del consumo, aunque este último todavía no logra compensar las pérdidas previas ni se distribuye de manera homogénea entre los distintos estratos sociales.
La clave para sostener esta tendencia estará en la capacidad de mantener la estabilidad cambiaria, reactivar la producción industrial mediante el aumento de inversiones y lograr que la mejora del salario real se traslade efectivamente a una mayor demanda interna. Sin estos factores, la recuperación podría quedar limitada a un rebote estadístico tras la recesión, sin una verdadera consolidación del crecimiento a mediano plazo.