2026-04-26

PATRIMONIOS SANJUANINOS

Además del templo de Las Mercedes, hay otros edificios históricos en riesgo de desaparecer en San Juan

La posible demolición de estos espacios vuelve a poner en discusión los límites entre el desarrollo urbano y la preservación de la memoria colectiva en San Juan.

En San Juan, crece la preocupación por el futuro de tres inmuebles considerados patrimonio histórico y social que hoy se encuentran en peligro de demolición. Se trata de la capilla de Villa Mercedes, las ruinas del oratorio de la Misericordia en Trinidad y el terreno ubicado sobre avenida Ignacio de la Rosa, frente a la Catedral, donde antiguamente funcionaba el convento de los agustinos.

El debate se intensificó a partir de las advertencias de especialistas que insisten en la necesidad de preservar estos espacios por su valor cultural. En diálogo con 0264 Noticias, el investigador Leonardo Correa Fili, integrante de Asociación Civil para la Conservación y Defensa del Patrimonio Sanjuanino (ACCODEPAS) puso el foco los casos que resuenan luego de que desde el INPRES y otros especialistas propusieran la demolición del templo las Mercedes en Jáchal. 

Las ruinas de Trinidad

“Lo que vemos actualmente es una ruina que está oculta y pasa casi desapercibida para la gran mayoría de la gente. Es el oratorio de lo que había sido un antiguo hospicio, el primero de la zona, que estaba vinculado al asilo de mendigos y ancianos, la casa parroquial y el convento de las Hermanas Vicentinas”, explicó.

Según detalló, el conjunto tiene un origen profundamente ligado a la historia social y religiosa de la provincia. “Fue obra de Abel Balmaceda, quien donó las tierras tanto para las vicentinas como para las terciarias y además fundó la parroquia Trinidad”, indicó.

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Correa Fili remarcó que la antigua iglesia construida en ese lugar fue destruida por el terremoto de 1944, pero las ruinas que hoy permanecen en pie constituyen un caso excepcional. “Es la única ruina monumental religiosa anterior al terremoto de 1944 en la zona céntrica. Ahí radica su principal valor”, afirmó.

En ese sentido, destacó que el sitio conserva elementos arquitectónicos de gran relevancia. “Todavía mantiene muchas de sus características, como el altar con un retablo de mampostería revestido en mármol, que es casi único en la provincia. También quedan ornamentaciones de la antigua iglesia, además del convento, la casa parroquial y el hospicio”, precisó.

El especialista subrayó que este tipo de estructuras tienen reconocimiento internacional como patrimonio. “Las cartas de la UNESCO consideran que las ruinas monumentales, ya sean producto de terremotos u otros eventos, son patrimonio en sí mismas porque funcionan como una ‘foto’ que congela un momento histórico y nos permite entender un tiempo y un espacio concreto”, explicó.

Además, puso en valor la resistencia estructural del lugar a lo largo del tiempo. “No solo sobrevivió al terremoto de 1944, sino también a los de 1894, 1941, 1952, 1977 y hasta el de 2021. Es decir, ha resistido seis terremotos y, a pesar de los daños, sigue en pie”, remarcó.

El sitio también tuvo un rol clave en momentos críticos de la provincia. “Después del terremoto de 1944 funcionó allí una escuela de emergencia durante décadas, aproximadamente hasta los años 90, lo que refuerza su valor social”, agregó.

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En esta línea comparó este caso con otro punto emblemático de la provincia. “El único caso que podría asemejarse es el de la ex Legislatura o el antiguo estadio del parque, que también tiene una carga histórica fuerte, aunque pertenece a otra categoría porque lo de Trinidad es estrictamente religioso”.

En ese sentido, aclaró que la denominación correcta del edificio principal es otra: “La iglesia concretamente es el Oratorio de la Misericordia, que era la capilla privada de la orden y del hospicio”.

En esa línea, insistió en la necesidad de avanzar con estudios específicos en el lugar. “Es fundamental que se haga arqueología urbana. No solo por tratarse de una ruina de los terremotos, sino porque hay personas enterradas y posiblemente existan otros registros materiales de distintas épocas”, sostuvo.

El convento de los Agustinos

Por otra parte, se refirió al tercer punto en conflicto: el terreno ubicado sobre avenida Ignacio de la Rosa, frente a la Catedral. Allí funcionó el convento de la orden de los agustinos durante la época virreinal.

“Es importante hablar de ciudad virreinal más que colonial. En ese período, el trazado urbano ubicaba en torno a la Plaza de Armas (hoy Plaza 25 de Mayo) a las principales instituciones del poder político y religioso”, explicó.

Según relató, los agustinos se asentaron en la zona a comienzos del siglo XVII. “Se instalaron en las inmediaciones de la plaza central, como era habitual para las órdenes religiosas de la época”, señaló.

Sin embargo, el profesional mencionó que “El convento y la iglesia habrían sufrido daños desde el terremoto de 1804 y finalmente sucumbieron en el de 1894, perdiéndose gran parte de esa obra”, afirmó. Y añadió: “Luego hubo reconstrucciones parciales, pero el terremoto de 1944 terminó por hacer desaparecer lo poco que quedaba”.

El especialista advirtió que estos sitios no solo representan construcciones antiguas, sino que condensan capas de historia que aún no han sido completamente estudiadas. “Estamos hablando de espacios que permiten reconstruir cómo era la vida en distintos momentos de San Juan. Su pérdida implicaría borrar parte de esa memoria”.

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Leonardo Correa Fili sumó un dato sensible sobre este último sitio, actualmente utilizado como estacionamiento. “Desgraciadamente, todo el valor monumental ya sea de la capilla, el convento y las construcciones de los agustinos, se perdió con el tiempo y los terremotos. Lo que quedó es una fracción del terreno original, que hoy vemos como un baldío”, explicó.

Sin embargo, advirtió que ese espacio podría resguardar un patrimonio aún más significativo. “En ese lugar, aparentemente, estaba el campo santo de la orden. Es decir, un cementerio vinculado directamente a la iglesia, como era habitual en la época virreinal”, detalló. El especialista contextualizó esta práctica: “En ese período, se creía que los cementerios debían estar ligados a las instituciones religiosas, como una forma de conectar la muerte con la trascendencia espiritual. Allí solían enterrarse familias importantes de la sociedad”.

En ese sentido, subrayó que“Estamos hablando de un espacio que remite directamente a la historia virreinal de San Juan. Hay registros de que allí estaría enterrado el fundador de San José de Jáchal, una figura clave de fines del siglo XVIII”, indicó. No obstante, aclaró que la ubicación exacta de esos restos es incierta. “No se sabe dónde está porque con el paso del tiempo se fueron realizando construcciones. Es posible que esté en el sector que hoy permanece sin intervenir, pero para confirmarlo es indispensable hacer arqueología”, afirmó.

Correa Fili insistió en que la única forma de determinar qué hay bajo ese terreno es mediante estudios específicos. “La arqueología permite identificar los restos materiales en los distintos estratos del suelo. Sin ese trabajo, todo queda en hipótesis”, sostuvo.

Además, planteó que el lugar podría contener una diversidad de testimonios históricos. “Si está enterrado el fundador de Jáchal, es muy probable que haya otras personas importantes, aunque menos conocidas. Y también individuos que formaban parte de la sociedad de la época”, explicó. En esa línea, destacó el carácter multicultural de aquel período. “Es posible que haya restos vinculados a pueblos originarios, a comunidades sefardíes y a poblaciones afroamericanas, que formaban parte de la composición social de ese tiempo”, señaló.

De esta manera indicó que es importante poner sobre la mesa evaluar espacios no solo desde lo urbanístico, sino también desde su potencial histórico y científico. “Sin estudios previos, cualquier intervención podría significar la pérdida irreversible de información sobre el pasado de San Juan”, concluyó.

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