Opinión

Periodismo bajo la lupa: la mirada sanjuanina del caso Santoro

El reconocido periodista de investigación afronta una investigación judicial en su contra, acusado de tentativa de extorsión y coacción. Colegas sanjuaninos se refirieron al caso y compartieron su punto de vista con 0264 Noticias.
Periodismo bajo la lupa: la mirada sanjuanina del caso Santoro
Periodismo bajo la lupa: la mirada sanjuanina del caso Santoro
domingo 20 de octubre de 2019
“Querer contener con la bayoneta el torrente de la opinión universal es como intentar la esclavitud de la naturaleza”
San Martín

Fernando Ruiz, periodista investigador y docente, cita la frase de San Martín en su libro “Cazadores de noticias” al dar cuenta de que pasada la declaración de la Independencia en Argentina (1818) e incluso con periodistas detenidos acusados de un complot para matar al libertador, San Martín se planteaba como un defensor de la libertad de opinión.

Ya en esas épocas, cuando el periodismo gráfico, empezaba a asomar en Argentina a través de distintas publicaciones, quienes ejercían la profesión, también se cuestionaban puertas adentro cómo desarrollaban la actividad; puertas afuera las críticas también llegaban e incluso algunos debieron dejar el país por sus publicaciones y hacerlas desde el exterior.

Daniel Santoro, periodista de investigación de diario Clarín atraviesa una investigación judicial en la que se lo procesó acusado de tentativa de extorsión y coacción, por la que el juez federal de Dolores Alejo Ramos Padilla le dictó la falta de mérito respecto al delito de asociación ilícita y le trabó un embargo millonario. Los casos por los que está siendo investigado Santoro son los del exdirectivo de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) Gonzalo Brusa Dovat y el empresario dueño de la petrolera OPS, Mario Cifuentes. Santoro fue llamado a indagatoria en la causa D’Alessio, en este caso el juez pidió prisión preventiva para el detenido falso abogado Marcelo D'Alessio por espionaje ilegal y extorsión. Un breve resumen que finaliza con la intervención de la Comisión Permanente de la Memoria bonaerense, a la que convocó el magistrado para que determinara si los artículos del periodista constituyeron “operaciones de acción psicológica” para imputar a ex funcionarios.

Conocido el fallo del juez Ramos Padilla es que las aguas se dividieron también en el periodismo entre aquellos que apoyan a Santoro defendiendo la libertad de prensa y la protección de las fuentes manifestándose en contra de la criminalización de la profesión y del otro lado, quienes consideran que frente a un llamado de la Justicia a un periodista, este debe comparecer y no favorecer la defensa corporativa. En esta última señalan los pronunciamientos de entidades como FOPEA (Foro de Periodismo Argentino); Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ADEPA (Asociación de entidades periodísticas Argentinas), que defendieron la tarea de Santoro, la libertad de prensa además de manifestarse en contra de la criminalización de la actividad periodística.

Tras la lectura de artículos periodísticos de todos los lados de la grieta mi mirada como directora de 0264Noticias apunta a la defensa de la actividad periodística y que, parafraseando al propio Santoro, los periodistas no podemos hacernos cargos de los delitos que cometen nuestras fuentes. Si los periodistas cometemos actos ilegales como la injuria o la calumnia, debemos dar cuenta de esos actos ante la Justicia. Considero que ser periodistas no nos habilita a la impunidad pero tampoco nos deja a la deriva en donde lo que decimos y escribimos sirva para acusarnos de ejercer “acción psicológica”. El periodismo relata y también da su opinión; el periodismo investiga y para ello se sirve de fuentes y de pruebas que avalan lo que finalmente sale al aire y lo que se publica.

Pero no quería quedarme sólo en el relato de esta causa que en Capital Federal hizo encender ciertas alarmas y, como digo al inicio de la nota, dividió a los periodistas de un lado y del otro. Tampoco quería sólo verter mi opinión, por lo que otros colegas sanjuaninos también se hicieron eco a través de un análisis del caso Santoro y la participación de la Comisión Permanente de la Memoria.

Lo de Daniel Santoro, tiene varias aristas. Una de ellas es la investigación periodística y la utilización de la información que produjo, por parte de sí mismo, e incluso por terceras personas. Ciertamente, revelar entramados de corrupción que involucra al poder y las empresas con jueces y fiscales de dudosa moralidad e incluso un falso abogado, presuntamente, agente de la AFI, deja mucho, demasiado, espacio a dudas. Pero está el otro costado, visible y elocuente, que es la  venalidad de la persecución que el kirchnerismo hace de sus denunciantes. No es nuevo que ese sector y particularmente Cristina Fernández, intente desviar sus responsabilidades, cuando no, culpabilidades, acusando al cartero. Pero eso tiene un antecedente, en el también peronista Carlos Menem, que intentó, sin éxito, silenciar  los denunciantes del affaire de la valija de dinero de Amira Yoma y su marido Ibrahim al Ibrahim, o al caso IBM Banco Nación y otros muchos que llevó a Horacio Verbitsky a escribir, primero “Robo para la Corona”, en una suerte de biografía política de José Luis Manzano, para luego relatar su furia contra los intentos de censura al escribir “un mundo sin periodistas”, todos en la neoliberal y corrupta década del menemato.

Santoro hoy, Wiñazki mañana, Leuco el mes que viene y así, empieza tomar forma la Conadep de periodistas, suponiendo que los bolsos de López, Hotesur, Los Sauces, Ricardo Jaime, la tragedia de Once, la máquina de contar guita de la Rosadita, el pacto con Irán, los arrepentidos de los cuadernos de la corrupción, Amado Boudou y la causa Ciccone, el asesinato de Nisman, entre otros mil ejemplos, son fábulas de los periodistas que se oponen y conspiran contra al sentir nacional y popular que ella dice ser su inspiradora.

Mucho se ha hablado de la venganza, lo que como el gran negro Dolina dijo…será terrible.

De la investigación judicial al periodista Daniel Santoro y las denuncias realizadas por la Comisión de la Memoria no puedo opinar porque no conozco la causa en profundidad. Sí merece mí análisis como comunicadora la defensa de un sector del periodismo que, en una actitud corporativa, parece dar a entender que los periodistas no podemos ser objetos de investigación.

Santoro es un periodista que ha realizado investigaciones de gran calidad, como la que expuso la trama secreta de coimas en la venta de armas a Ecuador, y seguramente no necesita la voz de los colegas tildando una investigación judicial de política. Si bien el ejercicio del periodismo ofrece garantías que lo amparan constitucionalmente, esto no implica que esas garantías puedan ir en detrimento de la Justicia. Nos quejamos de esta visión corporativa de los jueces, nos quejamos de lo mismo con los médicos, el periodismo no debería replicar el mismo accionar. Si Santoro tiene las pruebas que lo desligan de la causa, no hay razón para confundir a la sociedad tildando todo de operación política. 

Cuando Santoro pide no dar a conocer el listado de sus llamados, pareciera que intentara escaparse de la investigación judicial. Si Ramos Padilla tiene pruebas para solicitar este listado, Santoro tiene que presentar lo que requerido, como cualquier persona, independientemente de su profesión.

El periodismo no debe buscar interferir en la actuación de la Justicia, más aún cuando siempre hablamos de la necesidad de una mayor efectividad y celeridad en el ejercicio de la ley. No tiene lógica que pidamos respeto por las instituciones mientras intentamos evitar que se desarrolle normalmente una investigación judicial.

Me parece una barbaridad por donde se la mire a la idea. Lo mío no es defensa corporativa de Santoro u otro periodista, es simplemente advertir sobre el grave riesgo que correría la libertad de poder investigar desde el periodismo, están intentando aleccionar al periodismo. Si desde el Estado se lo llegara a poner en práctica -aunque ya se señala al juez Ramos Padilla de estar operando de esa forma- sería el primer paso para transformarnos en una Venezuela, donde a los medios se los expropia el gobierno.

Acá hay dos temas, por un lado este intento de crear un organismo que sancione y amedrente al periodista que investiga; pero al mismo tiempo me pregunto cuál será el segundo paso, este tipo de iniciativas nunca vienen solas, siempre son el primer paso de algo mucho más grave.

Quizá suene contradictorio de boca de una trabajadora de prensa como soy, pero es real que bajo el paraguas de la libertad de prensa se hicieron, se hacen y se harán muchas porquerías. Aclaro esto porque el valor sustancial que está en juego con el caso Santoro es el del periodismo libre sin autocensura, que aparece confuso y diluido entre tanta discusión interesada. Como si usar el secreto de fuentes fuera una especie de baliza que permite cualquier imprudencia en la ruta de la información. Desinformación la llamaría yo.

El trabajador de prensa tiene, de mínima, las mismas obligaciones que cualquier cristiano bajo la ley en el tratamiento de los temas y, de máxima, el deber y el privilegio de decir la verdad para mucha gente que está del otro lado y merece el respeto de no ser tratada como estúpida.

No existe la llamada objetividad, eso lo sabemos, cada medio es una empresa que tira para donde más le conviene. Pero mentir es otra cosa. Y si se miente en una acción consciente de dañar a cierto sector y beneficiar a otro, simplemente está mal. Si se escribe para presionar y extorsionar, es un delito. Si se usan escuchas ilegales es encubrimiento, también delito. No tiene nada que ver acá la persecución que las instituciones - que teóricamente defienden el trabajo de los periodistas- usaron como bandera, cayendo en la fácil de la victimización.

Qué pasa con la autocrítica,  qué pasa con la puesta en escena de otros aspectos que hacen al periodista, cualidades que cualquier manual Kapelusz dirá que no pasan por el invento para sacar una tajada.

Pero se hace. Y lamentablemente está a la orden del día en las mesas de redacción más rancias del país. Un ejemplo cercano de la pluma del mismo periodista que hoy está en la picota lo explica claro. La falsa noticia fue portada de Clarín, adjudicando a Máximo Kirchner y Nilda Garré una cuenta millonaria en las Islas Caimán. Bien de novela, sirvió seguro entre las últimas estocadas contra el Kirchnerismo en 2015. En plena campaña llegó como anillo al dedo para el macrismo. Años después, la lerda justicia dijo que todo era mentira, pero ese show de verbos potenciales marca Santoro al menos manchó reputaciones y, probablemente, marcó algún rumbo electoral, en sumatoria con otros tantos pecados concebidos en nombre de la libertad de expresión. Cero inocencia.

No estoy a favor de una CONADEP del periodismo. Hablar de una CONADEP no aplica en este contexto, quizá el humorista que lo propuso se haya excedido pero entiende bien el concepto que algunos de los más experimentados analistas políticos resisten.

Sí creo que los trabajadores de prensa debemos rendir cuentas cuando mentimos. Es una idea tan básica que le cabe a un periodista de Clarín tanto como a uno de Página 12. A uno de la Capi como a uno provinciano. Ojalá el debate de la "operación de acción psicológica" desentrañe y empodere la responsabilidad de obrar en la prensa. Eso no se aprende en ningún manual de ética y estilo periodístico. El que se precie de ser humano lo lleva adentro desde siempre.

M. Sosa

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