OPINIÓN

Milei, ídolo

Milei, ídolo
Milei, ídolo

Semana difícil para el presidente Javier Milei. Desde el bizarro cruce con España el fin de semana pasado, las malas noticias parecieron ensañarse contra el primer mandatario argentino. A ese incidente diplomático sin precedentes, siguieron en tono negativo la escalada del dólar, la cifra de recesión de marzo que se conoció en estos días, un 25 de Mayo sin gobernadores ni Pacto, una bofetada in situ de la Iglesia en reclamo de la pobreza y los sueldos de los políticos y, finalmente, reiterados rumores de un fuerte cambio en el Gabinete. José Luis Gioja solía decir, para tomarse con humor los días “no positivos” de su gestión, que gobernar es saber “tragar sapos”. Para los gobernantes, semanas, días, meses malos son moneda común, y lo que separa a los más aptos de otros menos capaces es, entre otras cosas, la forma en la que reaccionan ante las malas noticias, que son las que abundan, y mucho más en países frágiles como la Argentina. Si la estrategia de Milei para recuperar la agenda y volcar la opinión pública hacia su favor pasó por el ridículo acto en el Luna Park y la casi unipersonal celebración del 25 de Mayo ayer en Córdoba, entonces ahí está el principal problema de este nuevo inquilino del sillón de Rivadavia: confundir ídolo con líder. En el Palacio de los Deportes, no queda duda de su intención, canción de rock de por medio. En La Docta apuntó a la misma idea al rodearse de militantes y anunciar, al estilo Robin Hood, que si los políticos (malos) lo acompañan, bajará los impuestos. Las consecuencias pueden ser serias si no logran identificar la diferencia entre liderar e idolatrar.

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El cruce con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue muy bien resumido por el periodista Mauricio Fernández, editor del sitio Escudo Digital de Madrid, España, en un contacto desde ese país: “el más insólito que vi en toda mi carrera”. Entrevistado por el programa Demasiada Información (LV5 Radio Sarmiento) el comunicador, de profusa tarea en los medios de la península ibérica, dejó claro que el gobierno liderado por Pedro Sánchez estaba aprovechando el incidente con Milei para intentar desviar la atención sobre verdaderos problemas sin solución; además de opinar que muchos medios usaban también el incidente verbal para fortalecer su posición en contra o a favor de Sánchez. El relato del colega es casi un calco de lo que pasa en Argentina. Milei no logra que las señales económicas lleguen y distrae provocando choques sin sentido o anunciando estridencias vacías. Esta semana la Presidencia se dio un baño de realidad. El billete verde pegó una estirada del 9% en cinco días y acumuló un alza de 17% en lo que va del mes, fijando la brecha cambiaria en alrededor del 37%. Los bonos y acciones de empresas argentinas, que en otro momento tiraron manteca al techo, cayeron. Dicen quienes interpretan la economía con mayor exactitud e inteligencia, que los grandes operadores económicos aún están esperando la famosa Ley Bases y que si Milei no es capaz de obtener apoyo para aprobarla, empezarán a surgir problemas también en la macroeconomía. Y ni que hablar del desplome en la actividad económica, que trepó al 8,4% en marzo y confirmó que técnicamente el país entró en recesión, ya que es el tercer mes consecutivo en caída. Si bien la inflación viene hacia abajo y se espera que el próximo dato ronde el 5 al 7%, nadie está moviendo un dedo, no hay trabajo nuevo y se pierden los que habían, simplemente porque se comercializa muy poco. La obra pública se desplomó porque Nación retiró el apoyo y obligó a las provincias a hacer lo mismo, recortando recursos. Hay provincias como San Juan que perdieron miles de puestos. En esta provincia se calculan unos cinco mil solo en este rubro.
Los que esperan que las decisiones de Milei hagan efecto sobre la economía más básica, dicen que hay que seguir esperando y aguantando. Es un fenómeno al que pocos le encuentran explicación, porque el mandatario nacional logra mantenerse alto en aceptación de gestión justamente donde hay más necesidades básicas insatisfechas. Es posible que el Presidente piense que sus movimientos de ídolo sostienen su buen vínculo con quienes más la sufren. Probablemente por eso se disfraza, grita, canta (o lo que haya querido hacer en el Luna Park), se viste raro, se peina mal, o entabla relación con una estrella de la TV. Esa fórmula evidentemente le está dando buenos resultados, si es que las encuestas reflejan lo que piensa la mayoría.
El horizonte cercano indica que paralelamente el mandatario deberá dar señales a los partidos tradicionales, a los representantes de las provincias, al Congreso. No hay forma de que sostenga el circo sin el apoyo también de la política, sencillamente porque la Democracia implica acuerdos; y esos acuerdos deben ocurrir necesariamente bajo las estructuras que dispone este sistema de Gobierno. Milei deberá compatibilizar el odio que generó hacia los políticos, acordando con ellos. Muchos dicen que lo de ayer en Córdoba fue un guiño a la oposición, que mostró mayor apertura al diálogo. Nadie en la oposición le creen, y los gobernadores, de cualquier palo político, tampoco.

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