CASO LOAN

Los casos más resonantes de niños desaparecidos en San Juan en los últimos 30 años

En la provincia hubo casos envueltos en incertidumbre. Algunos tuvieron un final positivo y otros, hasta el día de hoy son un misterio.

El caso de Loan Danilo Peña, el niño de 5 años que lleva 11 días desparecido, desde que fuera visto por última vez en la localidad de 9 de Julio, en la Provincia de Corrientes y del cual parece asomar el fantasma de la trata de persona, según las hipótesis investigativas, trae a la memoria algunos casos ocurridos en San Juan.

Algunos de estos casos tuvieron un final positivo, otros un desenlace macabro del cual nunca hubo una respuesta y aquellos que, al día de hoy, siguen siendo un misterio, pues se trata de chicos que desaparecieron y nunca más se supo de ellos.

A continuación, los casos más resonantes:

Matías “Yiyo” Villafañe

Seis casos impactantes en los últimos veinte años |

Corría el mes de octubre de 1997, cuando “Yiyo” desapareció sin dejar rastros. Tenía siete años y estaba a cargo de Amalia González, más conocido como “La Piri”, de quien se decía, se dedicaba al curanderismo. Esta mujer, era amiga de Liliana Gamboa, madre de Yiyo.

De hecho, esa mañana del 23 de octubre de 1997, Gamboa iba a visitar a un novio que estaba detenido en el Servicio Penitenciario, en Chimbas; y había dejado al niño (que en ese entonces tenía 7 años), al cuidado de La Piri, quien vivía en Villa Hipódromo, en Rawson.

Esa fue la última vez que “Yiyo” fue visto con vida pues cuando Gamboa regresó, “La Piri” dijo que el niño salió a andar en bicicleta junto a su perrito “Milu” y nunca regresó. Con el correr de los días, al no tener novedades, la Policía intensificó la búsqueda, sin resultados favorables.

De a poco, la investigación fue apuntando contra la curandera, ya que a pesar de que la mujer se mostraba angustiada al afirmar que el niño se le había ido, se puso en evidencia que personas sospechosas visitaban su casa. Se trataba de varios sujetos vinculados al ambiente delictivo. De hecho, algunas declaraciones de la época indican que La Piri ya había tenido cierta participación en la entrega de niños.

Es por eso que un mes después de lo ocurrido, Mercedes Amalia González fue detenida junto a su novio Rubén “El Pato Lucas” Díaz, sospechados por el presunto robo y venta del menor.

Los meses transcurrían y de Yiyo no se sabía nada. Su padre, que desde hace tiempo se había separado de la madre, estaba radicado en Buenos Aires y había regresado a la provincia para pedir justicia y pronta aparición del pequeño.

En marzo de 1998, cinco meses después de lo sucedido, la Policía detuvo a Fabián Reyes, conocido en el ámbito delictivo, como “El Púa”, uno de los delincuentes que visitaba con frecuencia la casa de la curandera.

Días después de su arresto, El Púa se quebró y terminó confesando. En su declaración apuntó contra la Piri, contra el “Pato Lucas” Díaz, contra Carlos “El Porteño” Quiroga y contra Alberto “Tolengo” Gutiérrez (hermano del novio de la madre de Yiyo).

Según “El Púa” Reyes, días antes se había reunido en casa de la curandera donde planificaron la venta del niño. Él mismo se encargaría de sacar al pequeño junto a su bicicleta y su perro por los fondos de la vivienda precaria donde vivía La Piri, hasta inmediaciones de un frigorífico abandonado en inmediaciones de calle República del Líbano y Zapiola (eso además explica porque ni el perro ni la pequeña bicicleta nunca aparecieron).

Allí, la curandera y Carlos Quiroga, se llevaron al niño en una moto para entregárselo a dos mujeres mendocinas que viajaban en auto. Desde ese momento, no supo qué fue de la suerte de Yiyo.

Con esta confesión, la Policía ordenó al detención de El Porteño Quiroga y de Tolengo Gutiérrez, para ser investigados por presunta participación y complicidad en el caso.

Los sospechosos comenzaron a ser juzgados en julio del 2000, en un juicio que se extendió por tres meses. El 23 de octubre de ese mismo año, el mismo día que se cumplían 3 años de la desaparición de Yiyo, el tribunal dio su sentencia: Amalia “La Piri” González recibió una pena de 12 años de prisión efectiva por ser la autoría intelectual y material del robo del menor, mientras que Carlos Quiroga, El Porteño, fue condenado a 10 años de cárcel por ser copartícipe en el hecho.

Alberto “Tolengo” Gutiérrez y Rubén “El Pato Lucas” Díaz, zafaron de ser condenados por el beneficio de la duda, ya que los investigadores no encontraron pruebas suficientes para incriminarlos

Fabian “El Púa” Reyes recibió una condena en suspenso (no fue preso) porque al momento del hecho era menor de edad. Más tarde sería condenado a 10 años de prisión y esta vez sí sería encarcelado, pero por cometer otros delitos.

Han pasado 26 años y el destino de Matías Villafañe, a quien cariñosamente su familia lo conocía como Yiyo, todavía es un misterio. Se desconoce si aún sigue con vida. De ser así, hoy tendría 33 años.

Sergio Guerrero

Lo que rodea al caso de Sergio Guerrero es un misterio absoluto. El chico tenía 13 años cuando, un domingo por la siesta, salió a cazar pajaritos en una finca vecina, en Ullum, y nunca más regresó.

Ese 11 de agosto de 2002 era el Día del Niño. Estaba todo listo para los festejos en la plaza de la villa cabecera de Ullum, donde habría un gran chocolate por la tarde. Sergio había terminado de almorzar y para hacer tiempo, agarró una gomera para salir a cazar pájaros.

Fue visto cruzando un alambrado hacia una finca vecina, con su gomera en mano. Pero fue la última vez que lo vieron. Con el correr de las horas, Sergio no regresaba y la preocupación se apoderó de la familia. En un principio se pensó que se había extraviado o que se había escapado de la casa por alguna pelea familiar o un regaño de su madre.

Al día siguiente comenzó el operativo de búsqueda a cargo de la comisaría departamental, a la cual luego se sumaron otras dependencias policiales. Desandaron campos, baldíos y hasta buscaron en las márgenes del Dique de Ullum, sin éxito.

El hecho movilizó a mucha gente que se incorporó voluntariamente a la búsqueda. Grupos de motociclistas, clubes de propietarios de 4x4, vecinos a caballo y gente de a pie, rastrillando toda la zona, buscando en fincas, inspeccionando bodegas y hasta pozos de agua, pero no había rastros de Sergio.

Con el paso de los días, se fueron descartando varias hipótesis: por un lado, descartaron que el menor estuviese escapando ya que era prácticamente imposible que el niño evadiera un operativo de esas magnitudes y más en las condiciones cognitivas de Sergio (padecía un leve retraso mental).

Por otro lado, desacreditaron la teoría que Sergio se haya perdido ya que para esas alturas, a dos semanas de su desaparición, el operativo ya habría dado con él.

Como último movimiento, la Policía allanó la vivienda de los Guerrero, ante la presunción de que la familia tuviera algo que ver con la desaparición. Rastrillaron e inspeccionaron toda la casa pero no encontraron ningún dato certero.

Lo único que se supo es que el padre del menor era un sujeto con problemas de alcoholismo que solía deambular por las calles del departamento.

Sin indicios claros, ni testigos que aporten algún dato, con el correr de los meses, el caso fue perdiendo fuerza. Meses después de la desaparición, la Policía dejó de buscar a Sergio. Su familia no pudo solventar los gastos de la búsqueda y poco a poco el caso fue quedando en el olvido.

Hoy Sergio tendría 35 años. Su caso es aún más misterioso que el de Yiyo, ya que nadie lo vio irse y la intensa búsqueda no tuvo ningún resultado. Lo cierto es que desde hace 20 años, la familia Guerrero no volvió a ser la misma ante la incertidumbre de lo que pasó con Sergio.

Caso Ariel Tapia

10 años del enigmático caso de Ariel Tapia: el crimen que todavía golpea a  una comunidad

Un caso que estremece hasta estos días. A diferencia de los casos anteriores, el de Ariel Tapia tuvo un triste desenlace.

El hecho salió a la luz el 1 de diciembre de 2012. Ariel tenía 12 años, estaba en el último año de la primaria, era un excelente alumno y hasta era abanderado de la escuela. Era muy querido por la comunidad de la Villa Angelita, en Santa Lucía.

Ese día, Ariel estaba en su casa junto a su hermano y su padrastro, Franco Sifuentes. Cuando su madre, Alejandra Silva, regresó y no encontró al menor. Su hermano y su padrastro dijeron que había salido, pero no dijo a dónde.

Al día siguiente la Policía comenzó la búsqueda del menor. Cinco días después, el 6 de diciembre, se conoció la peor noticia. Ariel fue encontrado muerto dentro de una heladera en un descampado. Su cuerpo estaba semidesnudo (su ropa no apareció nunca) y en avanzado estado de descomposición.

Tenía un golpe en la cabeza y de acuerdo a las primeras pericias había estado inconsciente antes de morir. Lo que se pudo determinar es que recibió un golpe en la cabeza y luego fue depositado en la heladera pero nunca se pudo comprobar si es que una vez adentro, el niño despertó y se encontró encerrado. Lo que estaba claro es que lo habían dejado allí.

Desde un principio, la investigación evidenció errores. Los rastrillajes habían pasado reiteradas veces por ese descampado pero nunca se les ocurrió mirar dentro de esa heladera. 

Además, la escena del crimen, específicamente la heladera, estuvo contaminada con las huellas de otras personas e incluso de los policías que la abrieron para encontrar el cuerpo de Ariel. 

La madre, el hermano y el padrastro fueron detenidos. Estos últimos dos fueron los últimos que estuvieron con Ariel. Sin embargo, ante la falta de pruebas que los incriminen, recuperaron la libertad.

El fallecido juez Benito Ortiz, quien por ese entonces era titular del Primer Juzgado de Instrucción, ordenó allanar la casa de la familia de Ariel. Allí encontraron ropa con sangre en una mochila, dentro de una habitación. La muestra de ADN era compatible con la de Ariel Tapia. Sin embargo, la madre del niño dijo que era la sangre del padre de Ariel, quien había fallecido cuatro años antes en un siniestro vial, que la Policía se la había entregado tras el deceso.

También se pensó que Franco Sifuentes, su padrastro, tenía vínculos con el narcotráfico y que la muerte de Ariel fue por un ajuste de cuentas. Nunca se pudo comprobar si Sifuentes estaba relacionado a esta actividad ilícita.

Fuentes indicaron que la última vez que lo vieron, estaba mirando por la ventana de su casa. Nunca se supo qué vio. El juez tenía como teoría que el menor quería irse de la casa hace un tiempo porque la convivencia con su familia se había tornado insoportable, pero el juez se preguntaba si el niño sabía algo más, algo que pusiera en peligro su vida.

El juez nunca encontró pruebas de lo ocurrido con Ariel. No hubo más detenidos, salvo el arresto de un sujeto identificado como Lucas Leguizamon en 2014, quien fue denunciado anónimamente por ser el presunto autor material del crimen pero el magistrado no encontró pruebas que lo incriminen.

A casi 12 años de lo ocurrido, el caso de Ariel Tapia sigue siendo un misterio que nunca se resolvió y que no tuvo Justicia.

El milagro de Benjamín

El último caso de un niño desaparecido en San Juan, afortunadamente, tuvo un final positivo. El 18 de marzo de 2019, en horas de la siesta, Benjamín Sánchez, de cinco años, se encontraba junto a su familia en el paraje "El Salado", en Albardón. 

En un descuido de sus familiares, el menor se alejó y se internó entre la vegetación. Al pasar los minutos y ver que no volvía, su familia salió a buscarlo y no lo encontró. Horas después de la desaparición del menor, radicaron la denuncia a la Policía. 

Efectivos de Comisaría 18va, el Grupo Geras, baqueanos del lugar e incluso, grupos rescatistas y motociclistas se sumaron la búsqueda que se extendió por el resto de la tarde y durante toda la noche. Hasta el piloto de Dakar, Alberto "Puchi" Ontiveros se participó. 

Con las primeras luces del día siguiente, aún no había novedades y el tiempo era crucial ya que en el día, el calor era agobiante y por la noche habían bruscos descensos de temperatura. Benjamín había pasado toda la noche, prácticamente en medio del desierto. 

Finalmente, Benjamín fue encontrado al dia siguiente por un grupo de motociclistas liderado por Puchi Ontiveros. Estaba en perfecto estado de salud aunque un poco confundido. 

Fue trasladado al hospital para recibir asistencia médica y con el correr de los días regresó a su hogar. 

Hoy, Benjamín tiene 10 años y afortunadamente, el recuerdo de cuando pasó más de 24 horas perdido en el desierto y como sobrevivió al calor del día y al frío de la noche, sera solo un anécdota. 

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