Modificación de peso en el área de seguridad

Orrego hizo su primer cambio estridente en su equipo y suenan más retoques

El gobernador desplazó al jefe de Policía, Eduardo Lirola, y designó a Néstor Álvarez, quien fue subjefe de 2020 a 2022.
miércoles 17 de julio de 2024

El ahora exjefe de Policía, Eduardo Lirola, sufrió un vacío. No sólo tuvo diferencias con el secretario de Seguridad, Gustavo Sánchez, sino que también atravesó una especie de distanciamiento con el subjefe y parte o toda la Plana Mayor de la fuerza de seguridad, de acuerdo a la mirada de distintas fuentes. En ese contexto, el gobernador Marcelo Orrego lo desplazó del cargo y puso ayer en funciones a Néstor Marcelo Álvarez, en lo que representa el cambio más fuerte de su gestión en un área sumamente sensible, como el manejo de los uniformados que deben prevenir los hechos delictivos. Inclusive, en el mundillo policial y político trascendió que vendrían más retoques, sobre todo, en la Plana Mayor, la estructura que contiene a los comisarios generales que están al frente de las direcciones.

En su discurso, el gobernador habló de “un foco y un perfil distinto de lo que se viene desarrollando. Siempre, con el objetivo que sea lo mejor para todos los sanjuaninos”. Por su parte, Álvarez, que fue subjefe de Policía de 2020 a 2022, destacó que “soy consciente que esto requiere de un trabajo en equipo para llevar tranquilidad y seguridad a toda la comunidad sanjuanina”.

Lo de “trabajo en equipo” cobra relevancia. En el área de seguridad, Orrego puso como secretario a Sánchez y como jefe de Policía a Lirola, ambos, comisarios generales retirados. Así, se produjo una modificación del esquema que se venía dando desde hace años, en el que el ministro de Gobierno o secretario de Seguridad, dependiendo de la estructura, era un civil, un político, mientras que el responsable de la fuerza de seguridad era un hombre de carrera.

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Luego de seis meses de gestión, saltaron los cruces entre Sánchez y Lirola. Este último había dado la orden para sacar un memorándum en el que les indicaba a sus subordinados que, ante directivas impartidas por el secretario de Seguridad u otra autoridad, se les tenía hacer saber que, previamente, se le iba a informar al jefe de Policía.

Tal disposición tuvo como objetivo “mantener una sola línea en pautas de trabajo” y, en la práctica, apuntó a ponerle límites al secretario de Seguridad. Luego de que el memorándum saliera a la luz, Sánchez pasó por el programa “A todo o nada”, de Radio Sarmiento, y atribuyó el contenido del escrito a un error del uniformado que lo redactó, el cual, luego, fue corregido. No fue lo único, dado que reconoció las diferencias con Lirola por las “formas de conducir y dirigir distintas” y resaltó que, en materia de seguridad, “el que tiene el mando soy yo”. Incluso, había destacado que cuando llama y le pide algo a cualquiera de los jefes, “me atienden y me dicen que sí”.

Así, empezó a circular la renuncia del entonces jefe de Policía, pero este lo venía negando. En el programa radial, Sánchez había respondido a la consulta de una eventual decisión de Orrego de desplazar a alguna de las autoridades del área de seguridad. “Si toma una decisión, va a ser la más acertada. El gobernador es un hombre muy prudente y mesurado en todo. Así que tengo mucha confianza en ese sentido. Y sé que lo que decida, va a ser lo correcto y nosotros lo vamos a acatar porque somos funcionarios de carrera y sabemos que es necesario el verticalismo en el cumplimiento de las órdenes”.

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De acuerdo con lo que trascendió de fuentes calificadas, Lirola también experimentó un distanciamiento con el subjefe, Diego Morales, al que se lo señala de un estrecho contacto con Sánchez. Incluso, parte o la totalidad de la plana mayor (ahí hay versiones distintas de las fuentes en cuanto a la cantidad) estaba a favor del tándem Morales – Sánchez.

Se trata de los comisarios generales que están a cargo de las direcciones policiales, las que, según la incumbencia de cada una, llevan adelante los operativos de seguridad, la coordinación con el Poder Judicial, las tareas investigativas, además del control vial, de las cámaras de seguridad, entre otras. Ahí es dónde habría retoques.

Se verá si se produce, cómo y cuándo. Sucede que los comisarios generales, el máximo cargo de carrera, se retiran cuando cumplen los 30 años de servicio. Según los antecedentes, cuando se produce algún desplazamiento por una decisión política previa a ese plazo, los uniformados pasan a disponibilidad de la fuerza de seguridad y, en la práctica, realizan tareas de tipo administrativo o ligada a cuestiones disciplinarias o de evaluación para ascensos, por ejemplo.

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