FÚTBOL

San Martín se durmió en una fácil y acumula 5 partidos sin ganar: ahora la impaciencia, externa e interna, es el otro rival

El Verdinegro perdió su segundo partido de local, otra vez ante el oficio de un equipo acostumbrado a jugar en la élite. Suma 3 puntos de 15 disputados, hizo un solo gol y en la popular ya se escuchó el famoso “movete, movete”.
Desilusión. Los jugadores de San Martín se lamentan tras una nueva derrota, la segunda en condición de local en esta Liga.
Desilusión. Los jugadores de San Martín se lamentan tras una nueva derrota, la segunda en condición de local en esta Liga.

Tan simple como quedar desorientado tras un lateral visitante y un centro fácil. Un nudo en la defensa y una reacción tardía para que Talleres, que venía de tres derrotas y un empate inconcluso en Mendoza (partido suspendido), gane por primera vez en la quinta fecha. “En esta divisional no hay margen para el error”, reconoció Raúl Antuña en la conferencia de prensa posterior al encuentro.

100

A San Martín parece faltarle todavía la pericia que se necesita en una categoría en donde un mínimo traspié puede ser pagado con gol y derrota. Este jueves perdió ante los cordobeses por 1-0, todavía no conoce la victoria en la Liga Profesional y marcó un solo gol (Federico Anselmo ante Sarmiento).

Era un partido que, tras un segundo tiempo tibio, al Verdinegro le convenía cerrarlo en empate, pero se quedó con las manos vacías. Eso despertó los murmullos de los hinchas, que parecen perder la paciencia en un inicio de campeonato con 3 puntos de 15 posibles. Apareció el “movete Verde, movete” y en el final prevaleció la impotencia de los futbolistas locales. Aunque después de que el criticado árbitro Fernando Espinoza le bajara la persiana al partido, desde la popular y las plateas bajó un aplauso conciliador que dejó un margen de espera. 

El Verdinegro terminó con dos defensores (Ayrton Portillo y Rodrigo Cáseres) y un volante de contención (Gino Olguín) amonestados, a quienes se les sumó Anselmo. Eso habla del trabajo que tuvo sobre todo la última línea sanjuanina.

 Buen primer tiempo

 Ya curado por un mal primer partido ante Atlético Tucumán, Antuña insistió con la línea de cinco en la defensa, necesaria para frenar a rivales que tienen una dinámica muy distinta a la de la Primera Nacional, porque el ritmo es más elevado, como lo advirtió el cuerpo técnico. Aunque en lugar del capitán Nicolás Pelaitay, el “Purruco” se inclinó por Olguín para que sea el jugador que quede inmediatamente después de la defensa. Con el pampeano buscó tener un poco más de salida, intentando configurar otra cara del equipo como local.

En el inicio del partido se vio a un Verdinegro que insinuaba ser patrón en su estancia. Pero Talleres, con más oficio que juego vistoso y un Emanuel Reynoso que todavía no marca la diferencia, insinuó con jugadas que preocuparon a la defensa local. Matías Galarza remató de afuera y Matías Borgogno la cacheteó por arriba del travesaño. Después llegó el gol de Federico Girotti, que fue inmediatamente anulado por offside. Esos fueron avisos que dejaban al descubierto algunas fisuras en la defensa local, que después fueron remendadas. Así, el “Cacique” Alexander Medina, que apostó en este partido por Girotti y “Bebelo” y sentó en el banco al sanjuanino Rubén Botta (ingresó sobre el final y complicó un par de veces con su gambeta), parecía acertar con su planteo.  

Aunque esa jerarquía que mostraba arriba la T parecía desvanecerse cuando se sabía vulnerable atrás. Entonces un centro cruzado de Tomás Fernández desde la derecha le quedó a Jonathan Menéndez, que no pudo atinar al arco tras un infantil choque de Guido Herrera con un defensor propio.       

Más allá de que en esa primera etapa Talleres tuvo mayor posesión del balón, San Martín, a su ritmo, intentó abrir la cancha y aprovechar la habilidad de Fernández, Sebastián Jaurena y Menéndez. Aunque no consiguió profundidad, algo de lo que adolece desde que comenzó el Torneo Apertura.

Con un Borgogno que -pese a que todavía le falta precisión cuando juega con los pies- otra vez fue héroe en algunas jugadas críticas (como una tapada ante Girotti en el epílogo) y un Cáseres que fue un muro atrás, el Verdinegro al menos parecía salvar la ropa.

Los pases cortos pero rápidos del equipo del Cacique por momentos preocupaban a los dirigidos por Antuña, que se veían desbordados por el sector derecho de la defensa y esa tenencia de la pelota por parte de la T lo hizo meter, exageradamente, atrás.

De todos modos, el local tuvo dos chances netas: una con Anselmo y otra con Jaurena que exigió a Herrera. Mientras que del otro lado, Borgogno atrapó un centro complicado de Augusto Schott. Así, esa primera parte terminaba equilibrada y había expectativa en las tribunas.

 No hizo pie

 Con el ingreso de Pelaitay en el inicio de la última etapa, Antuña quiso imprimirle sacrificio al mediocampo. Pero hubo algunos minutos de preocupación, porque Borgogno tuvo que taparle un chance a Galarza y un remate de 30 metros que Bebelo Reynoso sacó una de la galera y el arquero alcanzó a estirar una mano para mandarla al córner.

A partir de ahí el Verdinegro empezó a verse superado por los costados, porque a la posesión los cordobeses le sumaron ritmo.

La respuesta del banco sanjuanino fue meter a Marco Iacobellis, Sebastián González y Juan Cavallaro por Fernández, Gastón Moreyra y Menéndez. Toda la zona de creación verdinegra fue modificada y Iacobellis avisó rápidamente aprovechando un error rival,  quedando cerca de facturar.

Pero a los pocos minutos el equipo de Concepción volvió a sentir el sabor amargo de la frustración, como le viene pasando en este campeonato: un centro desde la izquierda que no parecía difícil de resolver, provocó que Lucas Diarte busque que la pelota le rebote en el ingreso al área chica pero no se dio tiempo para despejar, tal vez creyendo que llegaba Borgogno, y Gastón Benavídez no desperdició el insólito regalo en la previa del “Día de los Enamorados”. Ahí San Martín empezó a jugar contra otro rival: los murmullos de la gente y la desesperación por querer empatar.

Cavallaro tirado hacia la izquierda y el Pulpo González más cerrado intentaron complicar con más empuje que fútbol. Pero ni con el debut de Edwin Pernía el local pudo lastimar. Más allá de algunos intentos aislados de Iacobellis y del venezolano, San Martín no tuvo un buen segundo tiempo.

En la popular cantaron una vez más el “movete, movete” y los futbolistas verdinegros quedaron con más preguntas que respuestas cuando se fueron a los vestuarios.

A esta altura, cuerpo técnico y plantel no solo tendrán que trabajar en el juego asociado en el mediocampo y la profundidad en ataque (en defensa no están mal), sino que ahora también deberán salir indemnes de las críticas “lógicas” que surgen en un fútbol tan competitivo como exagerado en cuanto a presiones externas.

 

 

 

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