Estafadores de América

Así opera la banda que ofrece préstamos millonarios con el cuento de la caja fuerte y en San Juan tuvo sus víctimas

Telenoche realizó un informe especial y detectó que la banda sigue operando en el país.
miércoles 14 de mayo de 2025

A finales de noviembre del año pasado, un grupo de sanjuaninos fue víctima de una millonaria estafa. Es que, según denunciaron, entregaron 80 mil dólares a unos colombianos que iban a prestarle un millón de dólares, que resultaron ser papeles en una caja fuerte.

El caso no es el único y a lo largo del país ya son varias las víctimas de la misma banda de estafadores colombianos que fue migrando por distintos países a medida que iba quedando al descubierto. Se hacen pasar por guerrilleros o narcotraficantes y ofrecen préstamos millonarios en dólares a cambio de cumplir ciertas condiciones que, a simple vista, parecen irresistibles.
Pero todo se trata de una estafa perfectamente orquestada que ya se ejecutó en Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay.

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Telenoche logró hacerse pasar por un interesado en el préstamo y confirmó que la banda, al día de hoy, sigue activa.

El modus operandi de la banda

Todo comienza con un contacto inicial a través de redes sociales o conocidos. La víctima es presentada a supuestos prestamistas colombianos que se autodenominan una unidad de lavado de dinero vinculada al narcotráfico y a miembros de las FARC.

Los estafadores ofrecen préstamos que van desde 500 mil hasta 5 millones de dólares, con una tasa de interés del 0% y un plazo de devolución de seis años. El 70% debe devolverse en bienes registrables, mientras que el 30% restante queda como ganancia para el solicitante.

Para acceder al préstamo, la organización exige una carpeta con un proyecto de inversión. Una vez aprobado, piden un video donde la víctima muestre el dinero necesario para pagar el traslado del efectivo hasta Argentina —el 5% del total solicitado—.

El dinero llega en vehículos negros con vidrios polarizados, escoltados por dos personas con supuestos rangos militares. Pero en lugar de entregar el efectivo, colocan sobre la mesa una caja fuerte cerrada.

Durante una videollamada, graban a la víctima mostrando su identificación. Le piden que se dé vuelta, supuestamente para no ver el código de apertura. Abren la caja, muestran los billetes —aparentemente verdaderos— y hacen pruebas para comprobar su autenticidad. Luego, guardan el dinero, colocan un dispositivo de geolocalización, cierran la caja y prometen que en los próximos días llegará un contador para formalizar la operación.

Pero a las 48 horas, la víctima recibe una llamada del supuesto financista. Le indican que revise la parte inferior de la caja fuerte para verificar si figura el monto de 1 o 2 millones de dólares. Invariablemente, el número duplica el monto pactado.

Entonces, le exigen a la víctima que pague la diferencia. Si se niega, recibe “el llamado de la selva”: una videollamada intimidatoria desde la selva colombiana, donde un hombre vestido de militar, con una ametralladora cruzada al pecho, exige el pago bajo amenaza de muerte.

La mayoría termina accediendo por miedo. Realizan transferencias a través de Western Union o en criptomonedas.

El final es siempre el mismo: el financista nunca aparece. Desesperados, los afectados abren la caja por su cuenta y descubren que los billetes son falsos. Así, pierden tanto el dinero del supuesto transporte como el adicional exigido por el “error”.

NOTA DE TN

 

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