Día de la Fundación de San Juan

Sanjuaninos por el mundo: cuando el orgullo por las raíces sigue intacto más allá de las fronteras

Seis sanjuaninos fueron a perseguir sus sueños y una nueva vida, pero la conexión con la tierra que los vio nacer se mantiene a miles de kilómetros de distancia.

Son muchos los sanjuaninos que a lo largo de los años y por diversos motivos, decidieron armar las valijas, comprar un pasaje de avión y emprender una nueva vida en otro país. No es una tarea fácil pero son varios los que han logrado establecerse en distintas partes del mundo, llevando un pedacito de la provincia, dondequiera que vayan.

En un nuevo aniversario de la Fundación de San Juan, el día en que el orgullo provincial florece y nos invita a celebrar nuestras costumbres e idiosincrasia, conocemos la historia de estos seis sanjuaninos que pese encontrarse a miles de kilómetros de distancia, mantienen más viva que nunca su identidad sanjuanina, sus raíces y su conexión con la tierra que los vio nacer.

Emiliano Espinoza

Emiliano es nacido y criado en San Juan. En octubre de 2021, a sus 32 años, se le presentó la oportunidad de radicarse en Estados Unidos. Y sin dudarlo, se embarcó en una experiencia laboral única que lo llevaría no solo a conocer Norteamérica, sino a recorrer varios países en Europa. Esto, además, no solo fue la excusa ideal para conocer otros países, sino que le permitió tomar contacto con otras culturas, forjar lazos de amistad a lo largo del mundo y adquirir nuevos puntos de vista, que solo se logra si uno está dispuesto a conocer y aprender, algo que él define como "abrir la mente". 

“Me fui de Argentina en 2021. Mi primera experiencia internacional, el primer choque cultural fue en Miami, en Estados Unidos. Ahí fue que descubrí lo que significa aprender a trabajar con otro idioma. Al principio no sabía nada de inglés y fue todo un desafío”, dice Emiliano a 0264.

Lo que al principio fue un sueño para él, se fue convirtiendo en una realidad. Tal y como lo describe, dejó el país lleno de emoción y expectativas, con la ilusión de un sueño, expectativas que fueron cumplidas con creces. Allí cosechó amistades y creó nuevos recuerdos.

Durante seis meses, recorrió grandes ciudades y estados del país del norte, como Nueva York, Nevada, California, Las Vegas, Nueva Orleans. Luego le llegó la oportunidad de bajar unos kilómetros al sur, a la península de Yucatán, en México, donde se encontró con otro sanjuanino radicado allí.

Tras la experiencia en Norteamérica, fue el turno de cruzar el charco, en dirección hacia el Viejo Continente. La primera parada fue Irlanda, donde encontró su primer gran desafío no solo laboral sino social, ya que tuvo que adaptarse 100% al inglés.

“Tuve que ir a la escuela para aprender y perfeccionar inglés para poder trabajar allí”, contó. Durante su estadía en la nación gaélica, tuvo la oportunidad de viajar a muchos países de Europa como Italia, Portugal, España, Francia y Hungría. 

"Es parte de la apertura mental que uno puede ganar al conocer personas de distintas nacionalidades, culturas, religiones y lenguas", cuenta.

Dos años después de su travesía por Irlanda, regresó a San Juan para reencontrarse con su familia, sus amigos y seres queridos y conectar nuevamente con su tierra. “Cuando pasa mucho tiempo, la verdad es que se empieza a extrañar. Uno necesita volver a lo suyo, a lo nuestro. Volver a San Juan fue muy gratificante, me sirvió para cargar mi batería emocional”, recuerda Espinoza.

Pero con la dinámica adquirida del cambio constante, de explorar y conocer nuevos lugares y culturas, Emiliano regresó a Europa y se radicó en España, donde actualmente vive. Allí permaneció en Madrid y luego en Málaga (donde conectó con muchos sanjuaninos viviendo allí). Tras un regreso intermitente al país, Emiliano volvió hace dos meses a Madrid donde actualmente reside y trabaja.

Emiliano deja una definición interesante: “El sanjuanino es su tierra, la que lleva a donde vaya. Se lleva en la sangre”.

Sobre lo que más extraña de San Juan, además de la familia y los amigos, hay algo fuertemente relacionado a la provincia: el asado, la punta de espalda y el buen vino malbec

Para mí San Juan significa la raíz de uno, de lo nuestro. Si hay algo que nos identifica es nuestra forma de ser, nuestro ímpetu. Somos muy resilientes y nos gusta mucho hablar, el contacto. Es nuestra forma sanjuanina de ser que hace que seamos cálidos y apegados”, concluyó.

Eduardo Arnáez

Eduardo vive hace más de 25 años en Canadá. Llegó en 1997, recién recibido de licenciado en Comercio Internacional, con una sola idea en la cabeza: mejorar sus idiomas. Eligió la ciudad de Montreal como primera parada.

“¿Y por qué Montreal? Porque me encantaba la idea de una ciudad bilingüe donde se hablara inglés y francés… lo que no sabía era que también me iba a enseñar a hablar con el corazón. Porque sí, me enamoré de Montreal. De su diversidad, su cultura, su apertura. Fue amor a primera vista. El plan original era quedarme un año. Pero como dicen por ahí, uno propone… ¡y Canadá dispone! Al final, volví a San Juan solo para hacer los papeles y regresar como residente permanente. Y así fue como ese “año sabático” se transformó en una vida entera”, cuenta Arnáez a 0264. 

Tal y como cuenta, su intención inicial era quedarse un año en Montreal pero la ciudad lo cautivo, ofreciéndole algo que nunca antes había experimentado: "una mezcla vibrante de culturas, una vida urbana activa, y al mismo tiempo, una calidad de vida increíble”, describe.

“Cuando terminó mi visa de estudiante, regresé a San Juan a preparar los papeles para volver como residente permanente. Desde 1999, Canadá es mi hogar. Viví durante 20 años en Montreal, y luego de la pandemia decidí mudarme a un pequeño pueblo costero llamado Dalhousie, en el norte de la provincia de New Brunswick, donde hoy vivo frente al mar, rodeado de naturaleza, y con la calma de quienes ya aprendieron que el ruido más lindo es el de las olas”

Pero Eduardo encuentra una diferencia abismal y admite: no todo es color de rosa, climatológicamente hablando. Y es que a diferencia del, por momentos, sofocante verano sanjuanino, tuvo que aprender a hacerle frente a inviernos de cinco meses. Y los inviernos en Canadá, son verdaderamente crudos, por definirlo de alguna manera. Pero le pone humor al asunto y lo compara con una competencia deportiva que ya es un clásico en San Juan.

“Aprender a convivir con inviernos de cinco meses es como hacer un Ironman emocional… ¡larga duración garantizada! Pero uno se adapta: descubrí que el frío se combate con buena ropa térmica… ¡y con humor!”, comenta. 

Para el sanjuanino radicado en Canadá, su provincia natal lo es todo. En su palabras, San Juan para él representa sus origenes, su identidad, su esencia.

“Es la tierra que me vio crecer, el lugar donde aprendí a soñar, es donde descubrí lo que es una verdadera amistad, esas que no se oxidan con el tiempo ni con la distancia, donde se formaron mis valores, mis amistades más profundas y donde aún viven mi familia y mis afectos. No importa cuántos años pasen, ni cuán lejos esté, San Juan siempre será mi casa emocional. Es ese lugar al que siempre quiero volver, el que me recuerda quién soy y de dónde vengo”, dijo emocionado.

Estar radicado hace más de 25 años en Canadá, es motivo más que suficiente para extrañar su tierra. Ese anhelo por su provincia se alivió hace poco. Es que en abril de este año, Eduardo volvió a San Juan para competir en el Half-IronMan, la competencia de triatlón más prestigiosa del mundo y que desde hace 3 años, se celebra anualmente en la provincia.

“Me vestí de triatleta y corrí con el alma. Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. Competir en mi tierra, rodeado de mi gente, fue cerrar un círculo que empezó hace 25 años. Sueño con poder dividir mi vida entre estos dos mundos que tanto amo: Argentina y Canadá”, afirma.

Lo que más extraña Eduardo de su San Juan natal, es la gente. Su gente. La familia y los amigos. Los asados de domingo y “las sobremesas que se alargan hasta que cae el sol”. Ese ritual del mate compartido sin apuro y los abrazos sinceros y apretados.

“En Argentina, la amistad tiene el mismo valor que una familia, y eso se siente mucho cuando uno está lejos. Afortunadamente viajo casi todos los años para reconectar con todo eso”, concluyó.

Luciana Agudo

"Luchi", como es conocida por sus seres queridos y en el ambiente deportivo, es una reconocida jugadora de hockey sobre patines, capitana de "Las Águilas", la selección argentina femenina y campeona mundial en tres ocasiones. Desde Chile 2006, no ha faltado a ninguna cita mundialista y sobre sus espaldas, carga con la experiencia de haber disputado 9 mundiales de la especialidad.

En septiembre 2021, a sus 29 años emigró a España y se incorporó al club CP Vila Sana, para jugar en una de las ligas más competitivas. El objetivo era seguir sumando experiencia y mantenerse en un alto nivel de rendimiento, en un torneo de alta competitividad. Además, su emigración tuvo que ver con cuestiones académicas: Luciana se está formando como profesional en fisioterapia.

A diferencia de los casos anteriores, Luciana tiene la posibilidad de volver y permanecer un mes y medio en la provincia, entre julio y agosto. Pero el resto del año está radicada en el país ibérico. Pese a pasar la mayor parte de su tiempo lejos de San Juan, Agudo no ha olvidado sus raíces y mantiene viva su impronta bien local.

"San Juan es la provincia donde nací, donde crecí. Tengo a mi familia y mis amigos allá, así que significa todo para mí", dice "Luchi" a 0264.

"Lo que más extraño es el contacto con la familia, el poder juntarme con amigos. Si bien, aquí en España uno hace amistades, los afectos de siempre se extrañan. Extraño ir al dique", enumera la consagrada jugadora de hockey.

Silvana Tapia Prieto 

Silvana dejó su provincia con sus maletas y un sueño. El destino elegido: Quebec, en Canadá, país que es su hogar desde hace 16 años. Sin embargo, las raíces y las costumbres sanjuaninas siguen fuertemente arraigadas en ella y cuando el sentido de pertenencia es tan fuerte, es imposible olvidarse de las cuestiones cotidianas que hacen al “ser sanjuanino”.

Silvana es el claro ejemplo de ello y comparte esos anhelos sobre aquello que más extraña de San Juan. Cabe destcar, que en Canadá ejerce como docente y traductora y se instaló en una de las localidades icónicas del país del norte.

Lo que más extraño de San Juan, es el acento, especialmente cuando quiero decir: ‘bueeeeenna’. El burro (yuyo) para el mate. No me van a creer pero también se extraña el Zonda, pero porque es único y vendría bien aquí con los frescos”, comenta Tapia Prieto

Otra de las cosas Silvana admite extrañar son los sismos y todo lo que conlleva después. Esos temblores “que te te dejan dudando si se viene más fuerte o se pasa, y los gritos que los acompañan: “está temblando!!!”

“Extraño la esporádica lluvia de febrero, y como refresca. El señor que vende piedras hermosas cerca del edificio de Correo Argentino, sobre calle Tucumán, los choripanes callejeros, los cactus, nunca los había apreciado tanto hasta que acepté la idea de que no crecen más de 10cm. aquí”, finaliza. 

Cristian Montivero

Cristian se fue a vivir al otro lado del mundo. A ese país que nos lleva 12 horas de diferencia. Cuando allí es de noche, en San Juan es de día y viceversa. Hace dos años se mudó hace casi dos años a Australia.

La búsqueda de progreso y crecimiento, tanto profesional como personal, lo llevaron a tomar la decisión de emigrar y tras considerar algunas opciones, se instaló en el país oceánico, que año a año, comienza a aumentar su corriente migratoria, ya que se presenta como un interesante destino.

Allí estableció nuevos horizontes y le agradó la vida en ese nuevo lugar. Pero más allá de esa búsqueda de progreso, San Juan es su tierra, sus orígenes; y la cultura de la cercanía, de la amabilidad y del ser sanjuanino, es algo que extraña.

"San Juan son mis raíces. La provincia que me representa. Cuando otro argentino acá en Australia me pregunta de qué parte del país soy, siempre le digo 'De San Juan', con orgullo y el pecho inflado", cuenta Cristian a 0264.

Y además, Montivero, se anima a hacer un ranking de todo aquello que extraña y anhela de su San Juan natal:

  1. "La familia. A mi hijo, a mi mamá, mi hermana, mis seres queridos"
  2. "Las comidas. Acá es como que las comidas tienen menos sabor. Extraño la comida de San Juan y ni hablar la comida de mi mamá".
  3. "Las juntadas con amigos, el fernecito con ellos. Acá también se puede conseguir fernet pero es carísimo", dice Montivero entre risas.
  4. "Ir a la cancha. Extraño ir a la cancha. Estuve siguiendo toda la campaña de Sportivo Desamparados por radio", afirma Cristian, confeso fanático del Puyutano.

 

Facundo Bridge

 

Facundo es uno de los referentes en el hockey sobre patines masculino. Tuvo una destacada participación en el Mundial de Hockey del año pasado, saliendo subcampeón con la mayor, pero la mayor retribución que le dio el deporte fue cuando obtuvo el título mundial en los World Skate Games 2022, en San Juan. No solo él se consagró campeón del mundo sino que junto a su hermano Matías integro el plantel que logró la gesta mundialista con la selección mayor, y para completar el cuadro glorioso, su hermano menor, Lucas también se coronó campeón del mundo con la sub-19. 

Bridge, de 25 años, se encuentra radicado en Portugal desde hace cinco. "La primera vez que llegué acá, fue un poco forzado", confiesa Facundo,  sobre unos desacuerdos entre clubes que se disputaban su pase. Por eso, cuando desembarcó en el país luso, no fue una decisión plenamente suyo. 

Con el paso del tiempo, le surgió la oportunidad de probar y ganar experiencia en ligas de otros países, pero decidió radicarse en Portugal, ya que es una de las ligas de hockey más prestigiosas del mundo, con un alto nivel competitivo. Desde entonces, se encuentra en el país ibérico. 

"San Juan es mi casa. Si bien estoy bien en Portugal, se vive bien y puedo disfrutar de hacer lo que me gusta, que es jugar al hockey, no hay nada como la casa de uno", define Bridge. 

Facundo es claro a la hora de hablar sobre lo que más se extraña de San Juan: la familia y las amistades, esos lazos que se han ido forjando en el camino. Y la comida tiene un lugar importante en esa consideración. Los asados sanjuaninos no pueden faltar en esos anhelos de provincia. 

"Estoy acá en Portugal pero creo que nunca voy a llegar a ese nivel de satisfacción de sentirse en casa y que solo San Juan te puede dar", finaliza

Estas son solo algunas historias de los cientos o quizá miles de sanjuaninos que cruzaron las fronteras en busca de un sueño. Algunos decidieron pegar la vuelta rápido, otros regresaron luego de algún tiempo y luego está el caso de estos seis sanjuaninos cuyas vidas, hoy están lejos de la tierra del sol y del bueno vino. Pero si hay algo que nunca se olvida es el lugar de donde uno viene. Y en estos casos en particular, queda demostrado que cuando el sentido de pertenencia, el amor por las costumbres y la cultura propia; y el anhelo por los afectos son tan fuertes, no existen fronteras o kilómetros que impidan llevar un pedacito de San Juan a cualquier parte del mundo.

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