El tétrico relato sobre el duende que apareció en una radio sanjuanina: “Era como un niño de dos añitos vestido de blanco”

Una mujer vio salir debajo de la mesa del estudio “una criatura que se fue hacia el operador”. Todo ocurrió al aire. También se coló en una transmisión el terrorífico pedido de ayuda de un niño. Por las noches algunas puertas se cerraban solas y había ruidos de vasos en la cocina.

Figuras difíciles de describir, quizás surgidas de un plano desconocido para los terrenales. Seres de escasa altura que se desplazan a velocidades inhumanas. Niños que ya no están pero aparecen, gnomos o, simplemente, duendes. Las leyendas se retroalimentan todo el tiempo, porque siempre aparece alguien que vio algo que no puede describir como perteneciente a este mundo. De esa rara esencia está cubierto el recuerdo de una mujer en una conocida emisora sanjuanina. Esa testigo quedó paralizada cuando en pleno aire radial vio un duende: “Era como un niño de dos añitos vestido de blanco, me dio mucho miedo”.

Aquellos extraños fenómenos que nutren relatos terroríficos que se ciñen con lo sobrenatural pueden ocurrir en distintos espacios: a veces a plena luz del día, pero sobre todo por la noche, como si la oscuridad fuera una aliada para ciertas actividades “non sanctas”.

Así pasó durante un programa nocturno de La Mil20, en junio de 2024, cuando todavía emitía desde la antigua casa de calle Santa Fe antes de avenida España (a los meses fue trasladada a España y Agustín Gómez). Antes de las 22, una extraña figura fugaz apareció en medio de una entrevista al conocido tanguero de la peatonal Hugo Cárdenas (64). Esa presencia salió desde la mesa en donde estaban los micrófonos y rápidamente se fue hacia otros sectores de la radio. Así lo relató al día siguiente, ya recuperada del susto, Pía Irene Caro Garrido (50), esposa de Cárdenas. Aquella noche, la mujer había quedado perpleja, paralizada y con su rostro visiblemente pálido, a tal punto de que no había podido contar en ese momento lo que pasó mientras el resto de las personas estaban sumergidas en la entrevista.

Un niño vestido de blanco

A poco más de un año de aquella situación, Pía todavía lo cuenta con temor y dice que se le sigue “poniendo la piel de gallina”: “Vi pasar algo por debajo de la mesa. Era una criatura que se fue hacia donde estaba el operador. La seguí con la vista. Llegó al operador, pero se puso en la pared de atrás y después subió al techo. Estuvo ahí un buen rato, después bajó rápido y se metió hacia las otras habitaciones que hay detrás”. Es decir que el gnomo corrió por toda esa casona, pasando por un sector en donde funcionaban otras radios de ese grupo mediático.  

Ella lo describe detalladamente, porque no pudo borrar nunca esa imagen de sus retinas: “Era como un niño de uno o dos añitos, alguien chico, pero todo blanco. Cuando lo vi me asusté mucho, porque no sabía si era real lo que estaba viendo. Primero pensé que era la luz de algún auto que entraba desde afuera. Pero después vi que no había un lugar desde donde se pudiera meter tanta luz. Entonces dije ‘acá hay otra cosa’. Cuando se fue a la sala de operadores seguía siendo del mismo tamaño. Era como si hubiera volado hacia abajo para irse a las otras habitaciones”.

El periodista y el operador notaron el cambio de actitud en la mujer, que había llegado sonriente al estudio y se fue tímida y visiblemente asustada. “Me dio miedo y esperé a que terminara todo para hablarle a mi marido. En mi casa recién le dije. Y le pregunté si había visto lo mismo que yo. Pero él había estado concentrado en la nota, así que empecé a contarle lo que vi y sentí”, recuerda.

Caro Garrido se había ubicado adentro del estudio de la emisora, varios metros hacia la izquierda de la puerta de salida, cerca del vidrio que separaba con la sala de operadores.

Tanto el operador como el entrevistado y el periodista estaban atentos a lo que ocurría arriba de la mesa, en plena emisión. Por eso no vieron nada. Tampoco las cámaras que había en el estudio podían captar lo que ocurría en ese sector. “Llegué bien a la radio, me sentía bien, pero después de ese momento sentí algo medio raro, como un escalofrío en la espalda”, repasa hoy la mujer.

Otro duende y una niña que grita

A fines de 2019, las pisadas de otro duende en la obra del nuevo hospital de 25 de Mayo alertaron a la comunidad. También el grito del alma en pena de una niña que aterrorizaba a albañiles y serenos por las noches.

En la Nochebuena, mientras los obreros que trabajaban en la terminación del hospital Santa Rosa brindaban con sus familias, un extraño ser violó el cerrado perimetral de una obra y logró esquivar la mirada de los perros que deambulaban entre ripios, cementos y estructuras sin ventanas ni puertas.

“Son pies como de un bebé, de unos diez centímetros, y tienen solo cuatro dedos”, contaba uno de los albañiles que se encontró con la extraña novedad cuando volvió a su puesto de trabajo pasada la Navidad. “Con el ventarrón de esa noche hubo mucha tierra, entonces las pisadas quedaron marcadas”, apuntaba el hombre.

Junto a sus compañeros, él había coincidido en que eran duendes que deambulaban en la tranquila noche veinticinqueña. Noches sin ruidos de la urbe, pero con otros sonidos escalofriantes, porque: “Una nena grita ‘¡papá¡’ y asusta a los serenos del barrio que construyen al lado del hospital. Cuando van a ver quién grita no hay nadie”, decía el obrero. Los trabajadores no pudieron establecer el origen ni el final del paso del duende por ese lugar. “Es como si apareció de repente y después desapareció, porque las huellas se borran antes”, explicaba otro albañil. 

Nueva experiencia paranormal

Para Pía Caro Garrido, que nació en Chile pero a los dos años la trajeron a San Juan, la aparición del duende en la radio significó la primera vez que estuvo frente a un fenómeno paranormal. Un momento que no olvidará por el resto de su vida. “Estuve mucho tiempo con ese miedo, porque yo nunca había visto algo raro. Inclusive, yo no creía en esas cosas. Siempre me han contado de fantasmas, de duendes, pero nunca he creído. Pero esa vez lo vi y realmente me dio mucho miedo. Me costó muchísimo volver a dormir bien, porque tengo una ventana en el dormitorio y me daba miedo darme vuelta, prefería darle la espalda”, cuenta tras haber atravesado esa especie de “estrés postraumático”.

Pero después de aquel susto, iba a tener otra experiencia aterradora cuando viajaba en moto con su marido por Neuquén. “En diciembre paramos en el camping de un pueblito del que no recuerdo el nombre. Había viento, lluvia, truenos, relámpagos. Hicimos noche ahí. No había mucha gente y la que estaba tenía la música despacito. Era la primera vez que dormía así”, empieza su relato.

Por el viento decidieron atar la carpa a un parrillero. Ahí ocurrió otra vivencia que tampoco olvidará fácilmente: “A mitad de la noche sentí como que golpearon la lona y ahí nomás me tiraron de los pies. Me desperté y grité. Salimos y no había nadie. Ahí empezaron a llorar muy feo los perros. Las sogas con las que habíamos atado la carpa eran muy gruesas. Una de ellas estaba rota, no estaba cortada con tijera, estaba desgarrada, como si la hubieran tirado con mucha fuerza y enrollado en el parrillero. Mi marido quiso llevarse la soga, pero yo le dije que la dejara, que no la tocara. Después de eso no sé si volvería a dormir en una carpa”.

Fueron dos momentos paralizantes en un mismo año y, a partir de ahí, ella ya adhiere a un famoso dicho popular. Porque… “que las hay las hay”.

El día en que el “niño fantasma” habló  

En aquel lugar céntrico en donde funcionaba la popular radio, algunos trabajadores contaban que desde hacía tiempo escuchaban puertas que se cerraban solas y ruidos en la madrugada, cuando la actividad ya se había relajado. “Entonces yo no soy la única que ve eso, hay otras personas más que lo están viendo”, pensó Pía cuando supo de esos relatos.

También en junio, pero de 2023, tal vez el mismo “niño fantasma” que vio la mujer ya se había manifestado. Fue a través de una escalofriante psicofonía que se coló de imprevisto en el aire radial. El electrónico grito que decía “¡ayúdenme!” fue escuchado por los oyentes que seguían el programa de la siesta.

En la sección denominada “miércoles paranormal”, una mujer llamó para contar su experiencia con situaciones fuera de lo común. Mientras ella respondía las preguntas del locutor y decía que no había niños cerca suyo, salió hacia los receptores de las casas el extraño pedido de ese menor que no existía en la comunicación.

Alertados por aquella terrorífica voz, los sanjuaninos que estaban escuchando la entrevista telefónica enviaron mensajes de WhatsApp avisándole al conductor. Tanto los trabajadores de la emisora como los oyentes quedaron sorprendidos por ese hecho inusual.

“Estaba escuchando y creí que eran los hijos de la señora, quedé helada de la impresión”, graficó una de las personas que decidió escribir al teléfono celular de aquel medio. Ese acontecimiento volvió a cobrar notoriedad entre algunos empleados de la emisora cuando Pía vio a un duende salir debajo de la mesa del estudio. Son varios los que piensan que fue el mismo “niño fantasma”.

“Supuestamente murió alguien hace varias décadas, cuando ahí estaban las oficinas de una concesionaria”, es la especulación sobre un hecho no comprobado que circula entre algunas personas que trabajaron en la vieja casa. Todos tratan de buscarle una razón a esos extraños sucesos. Y uno de ellos asegura: “Cuando hacía programas en la noche se escuchaban ruidos en la cocina: alguien corría vasos y copas. También había ruidos en el baño”.