Historia

“Cuando ascendimos pasé por el cementerio y le grité ‘¡somos de Primera, cabezón!’”: la pasión de Tomás y el recuerdo de su tío, Juanjo Russo

Para Tomás Romera, San Martín es su vida. Pero ir a la cancha también significa el eterno recuerdo de alguien a quien quiso mucho y que fue muy conocido por los hinchas verdinegros. “A mí me llenó tanto su existencia”, dice.

Las pasiones son intransferibles. Pero a veces hay quienes viven el amor por una camiseta con intensidades similares.


El 21 de mayo de 2022 se fue el conocido trabajador de prensa de Desarrollo Humano Juan José Russo, a los 38 años, y el DT Raúl Antuña le dedicó el triunfo de aquella tarde. Para su sobrino Tomás Romera Russo (25) fue un antes y un después. Aunque lo recuerda con alegría y siente que la ligazón que jamás se va a perder entre ellos y traspasa las dimensiones es la pasión por San Martín.
“Cuando ascendimos y volvíamos de Córdoba pasé por el cementerio y le grité ‘¡somos de Primera, cabezón!’”, cuenta Tomás.


Juanjo dejó una huella entre los hinchas verdinegros y entre los sanjuaninos. Su historia de superación se hizo muy conocida y muchas personas lo tomaron como ejemplo.


Russo padecía de mielomeningocele de grado dos, una malformación congénita que se origina en las primeras semanas de gestación. Transitó la vida terrenal con muchos problemas de salud y en silla de ruedas. Pero siempre repetía que “las limitaciones están en la mente de cada uno”.


Juanjo era hermano de Gabriela, la mamá de Tomás. “Murió un mes después de su cumpleaños. En ese festejo compartí el último almuerzo con él. Ya le habían hecho la traqueotomía, porque había empezado a decaer unos meses antes. Tenía como si fuera un EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica ) y los pulmones muy deteriorados”, repasa el joven que va camino a convertirse en ingeniero agrimensor. 


Tomás hizo una bandera en homenaje a su tío que reza “ni la muerte nos va a separar” y aparece la imagen del periodista mostrando el escudo de San Martín que se había tatuado en el brazo derecho.


“Yo no soy creyente, pero cada vez que los partidos se ponen difíciles le pido al Juan que nos ayude”. Así pasó en los cuartos de final del reducido por el ascenso a Primera el año pasado. Cuando All Boys ponía en aprietos al equipo de Antuña, el joven que siempre va a la Popular Norte sintió que su tío sostuvo al equipo y cuando los de Concepción clasificaron a semifinales no aguantó las lágrimas y abrazó a su amigos, la banda que siempre lo acompaña en su “locura” verdinegra.


Cuando era niño, Tomás vivió diez años en la casa de sus abuelos junto a su tío, así que se crió con él viéndolo como un hermano mayor. Lo que siente por Juanjo no es solo amor. De sus palabras se desprende también una profunda admiración. “Para mí el Juan fue un maestro en la vida. Me enseñó a no darle tanta bola a cosas tan banales como si me va mal en un parcial. Nos alentaba a mí y a mis hermanos, siempre fue muy positivo”, dice el joven, quien entre risas repite que su tío “era más conocido que la Difunta Correa”, porque lo saludaban en todos lados.


A Tomás lo llevó por primera vez a la cancha su papá, Raúl Romera (falleció hace un año y medio). El hombre era hincha de Independiente y cuando su hijo era muy chico le mostró el folclore del fútbol, la previa y cómo se vive la pasión en las tribunas, junto a una frase que Tomi no se olvida más: “Acá vas a poder insultar”.


Más tarde, la que lo siguió acompañando a la popular fue su mamá, hasta que a los 13 años consideraron que ya tenía edad para ir solo. Entonces surgió un lindo ritual de cancha que el joven disfrutaba mucho: llegaba a la Platea Oeste junto a Juanjo y su abuela Nancy Grazziani, que también es fanática (los dejaba en el portón del Hilario Sánchez su abuelo, Alfredo Russo, presidente del DAMSU). Ahí se despedía de ellos y se iba a su lugar en el mundo: la cabecera del Norte.


Cuando el partido terminaba se juntaba con ellos otra vez. Él recuerda que cuando el Verdinegro perdía estaban callados bastante tiempo con su tío, tratando de digerir el dolor que les provocaba la derrota.    

     
Para Tomás San Martín fue “un amor a primera vista” y es una “terapia” que lo ayuda a transitar las ausencias en su vida y otros malos momentos por los que tuvo que atravesar, como un choque que en 2020 lo dejó en grave estado.   
Su tío fue un faro en su vida. “Con el Juan era con la persona con la que más compartía el sentimiento de ir a la cancha. En el 2019 estuve con él en la platea cuando descendimos. Yo me largué a llorar y el que vino a consolarme fue el Juan. En ese momento me quisieron hacer una nota y rechacé a los periodistas, entonces él fue a conversar con ellos y les pidió disculpas. Él era jefe en la Platea Oeste”.


Era un tío protector que estaba en los detalles y hoy es un ángel que desde otra dimensión lo sigue acompañando en esa pasión que carece de razones, porque el corazón no necesita argumentos para amar.    


“Yo no me imagino lo que sería de mi vida sin San Martín”, reconoce Tomás, que es socio del club desde que tenía 9 años.


“En mi familia queremos mantener vigente la memoria de mi tío. Era una de las mejores personas que conocí y tuve la suerte de que fuese parte mía. Una vez le dije a mi abuela que nos ha llenado tanto la presencia del Juan en nuestras vidas que eso hace bastante más llevadera su ausencia”. Tomi se crió con sus tíos Juanjo, Pedro y Daniel. “Juan y Pedro han sido como mis hermanos mayores, con los que jugaba y me peleaba por la play o la computadora”, recuerda.


Tomás dice que “el que mantuvo viva la pasión por San Martín” en su familia era Juanjo. “A mí me llenó tanto su existencia”, repite.


“Cuando mi tío falleció jugábamos contra Chicago y ganamos 3 a 1. Los relatos de gol de Radio La Voz fueron dedicados a él. Yo pensé en ir a la cancha en su homenaje, pero le di mi entrada a un amigo. El club mandó una corona al velorio. El vicepresidente (Pablo Slavutsky) dejó también una camiseta y nos dijo: ‘Al segundo gol lo metió él, porque esa pelota costó que entre’”.

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