EN VALLE FÉRTIL

La Clínica Santa Clara cerró su campaña Octubre Rosa con una jornada de salud comunitaria en las Sierras de Chávez

Sucedido en el marcó de la celebración por los 87 años de la Escuela Albergue Marcos J. Gómez Narváez, autoridades del nosocomio acompañaron la iniciativa.
jueves 30 de octubre de 2025

En el marco de la campaña Octubre Rosa, impulsada por el Grupo Olmos y las instituciones de Red Basa, la Clínica Santa Clara San Juan llevó su mensaje de prevención y cuidado a las Sierras de Chávez, donde acompañó la celebración por los 87 años de la Escuela Albergue Marcos J. Gómez Narváez, ubicada a 270 kilómetros de la capital sanjuanina.

El director de la Clínica, el Doctor Alejandro Mattar, participó del acto junto a docentes, estudiantes y familias de la zona, y compartió un sentido testimonio sobre los más de 15 años de trabajo conjunto que la institución mantiene con la comunidad.

La jornada incluyó controles preventivos de salud, espacios de conversación y actividades orientadas a fortalecer la detección temprana del cáncer de mama, además de promover hábitos saludables y el acceso al cuidado integral.

Durante el encuentro, Mattar recordó los inicios de esta relación, marcada por la vocación y la solidaridad: “Nosotros allá por el 2009 o 2010 hacíamos todo esto en mula desde Astica. Venía en un camión con las mulas, descargaba en la casa de Martín Chávez, que era portero y cocinero de la escuela. Desde allí subíamos y tardábamos unas nueve horas para llegar”.

A partir de aquellas primeras visitas, se forjó un lazo duradero con las familias de la zona. “Nos recibía doña Rosalía en su casa, que en ese tiempo funcionaba como puesto sanitario. Nos daba de comer y nos acompañaba en todo”, recordó.

Entre las anécdotas compartidas, el director contó una experiencia que marcó su forma de entender la medicina rural: “Había una paciente con apendicitis aguda a tres horas de acá. Llevábamos nueve horas arriba de la mula, los chicos nos cambiaron la mula y emprendimos camino a la casa de Margarita. Cuando llegamos, la trasladamos en una camilla que cargaban cuatro hombres por los senderos hasta la escuela, donde la esperaba la ambulancia”.

Ese esfuerzo colectivo, explicó, sintetiza el espíritu de la atención sanitaria en el interior profundo: la comunidad como sostén y la solidaridad como motor.

Además, destacó el papel transformador de la educación pública en la región, mencionando a exalumnos de la escuela que hoy son profesionales de la salud.

“Quiero destacar a Daniel, a Wilfredo y a Gochi, que fueron alumnos de esta escuela y hoy son enfermeros. Lo que hacen es invalorable”.

Y cerró con una reflexión para los estudiantes: “Los sueños se establecen, se guardan en el corazón y se trabajan, como el herrero que forja el metal. Los sueños se empujan, se persiguen y se cumplen”.