HISTORIA

El Sarmiento que casi nadie conoce: secretos, manías y datos curiosos del prócer sanjuanino a 215 años de su nacimiento

A un nuevo aniversario del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento, la figura del gran impulsor de la educación pública argentina sigue revelando matices inesperados. Desde el enigma de su verdadero nombre hasta sus obsesiones cotidianas y su rol pionero en la meteorología nacional.
domingo 15 de febrero de 2026

Cada 15 de febrero se recuerda el nacimiento del prócer sanjuanino, pero detrás del estadista, del presidente y del reformador educativo hay una trama de detalles que escapan al relato escolar tradicional.

Para empezar, el hombre que pasó a la historia como Domingo Faustino no se llamaba Domingo. En su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. El “Valentín” obedecía a que nació el 14 de febrero de 1811, día de San Valentín, aunque fue inscripto al día siguiente. El nombre “Domingo” surgió por la devoción de su madre, doña Paula Albarracín, a Santo Domingo, y terminó imponiéndose en la vida pública.

Otra curiosidad poco mencionada es su meticulosa relación con el dinero. Sarmiento llevaba siempre una libreta donde registraba con precisión quirúrgica cada gasto: desde un par de guantes hasta “una pieza para secar la pluma”. En esos cuadernos no solo anotaba números; también consignaba impresiones sobre personas y ciudades, como el encuentro que mantuvo en Europa con el general José de San Martín.

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Su costado doméstico también rompe el molde solemne. Amante declarado de los sabores cuyanos, en cartas a su hermana Bienvenida describía su debilidad por los higos, los membrillos, las aceitunas y los duraznos en aguardiente. Una anécdota repetida cuenta que, ante la ausencia de pepinos en su casa, extrajo dos que llevaba en los bolsillos para asegurarse su ensalada favorita. Un presidente previsor, incluso en lo culinario.

La infancia del sanjuanino tampoco fue sencilla. De los 15 hijos del matrimonio Albarracín-Sarmiento, solo cinco alcanzaron la adultez. Aprendió a leer a los cuatro años, instruido por su padre y su tío, y tras no conseguir una beca para el Colegio de Ciencias Morales, se convirtió en autodidacta. Aprendió francés por su cuenta y profundizó en matemáticas, latín y teología con ayuda de su entorno.

En el plano familiar, su historia está atravesada por tragedias. Su única hija biológica, Emilia Faustina Ana, nació en Chile y perdió a su madre en el parto. Más tarde, ya casado con Benita Martínez Pastoriza, adoptó como propio a “Dominguito”, quien moriría en la Batalla de Curupayty en 1866. La pérdida lo afectó profundamente y dio origen a uno de sus textos más personales: Vida de Dominguito.

Pero incluso en áreas inesperadas dejó huella. Fue impulsor de la meteorología argentina: promovió la llegada del astrónomo estadounidense Benjamin Apthorp Gould y fundó el Observatorio Astronómico de Córdoba. En 1872 creó la Oficina Meteorológica Nacional, dando inicio formal a los estudios climáticos sistemáticos en el país.

También introdujo innovaciones productivas. Se le atribuye haber plantado la primera vara de mimbre en el Delta del Paraná y haber traído semillas de nogal pecán desde Estados Unidos, promoviendo su cultivo. Hasta en su último año de vida enviaba varillas de mimbre por correo para difundir la producción.

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Como presidente organizó el primer censo nacional en 1869, que reveló un país mayoritariamente rural y con altos índices de analfabetismo. Esa radiografía social reforzó su obsesión por expandir el sistema educativo: durante su mandato se fundaron alrededor de 800 escuelas y la matrícula escolar se multiplicó.

A 215 años de su nacimiento, el prócer sanjuanino sigue siendo una figura inagotable. Más allá del monumento y el manual, aparece un personaje complejo: autodidacta obstinado, administrador minucioso, innovador productivo y hombre atravesado por pérdidas personales.