VIAJE A LA LUNA

Misión Artemis II: qué elementos cotidianos lleva la nave y qué alimentos pueden comer los astronautas

Sin posibilidad de reabastecimiento ni refrigeración, la misión Artemis II pondrá a prueba un sistema alimentario diseñado al detalle, donde cada comida cumple un rol clave para la salud física y mental de la tripulación.
miércoles 01 de abril de 2026

El regreso de astronautas al entorno lunar no solo implica desafíos tecnológicos, sino también logísticos. En Artemis II, la alimentación se convierte en un factor crítico: durante diez días, los cuatro tripulantes deberán sostener su rendimiento en el espacio profundo con recursos limitados y cuidadosamente planificados.

El lanzamiento llega tras una postergación motivada por la detección de fugas de combustible y helio, lo que obligó a revisar el sistema de propulsión antes de dar luz verde a la misión. Superada esa etapa, la nave Orión se prepara para un vuelo que no solo probará su capacidad de transporte, sino también la autonomía total de sus sistemas.

En ese contexto, la comida deja de ser un detalle secundario. A casi 400.000 kilómetros de la Tierra y sin posibilidad de recibir suministros, todo lo que consumirán los astronautas debe viajar desde el inicio. La nave no cuenta con refrigeración, por lo que los alimentos son exclusivamente no perecederos, procesados bajo métodos que garantizan seguridad y durabilidad.

Para evitar riesgos en microgravedad, la NASA descartó productos que generen migas o residuos flotantes. Por eso, el pan tradicional fue reemplazado por tortillas y panes planos, más seguros y prácticos. Los alimentos llegan en formatos listos para consumir, rehidratables o termoestabilizados, y se preparan con un dispensador de agua potable y un sistema de calentamiento compacto.

El detalle con todo lo que cuentan los astronáutas en los 10 días. 

El menú incluye 189 opciones distintas y más de diez tipos de bebidas, en una combinación que busca equilibrio nutricional y variedad. Entre las comidas disponibles hay desde huevos revueltos y carnes hasta platos elaborados como quiche de verduras, couscous con nueces o brócoli gratinado. También hay opciones dulces y snacks, además de una amplia selección de condimentos que incluye salsas picantes, miel, mantequillas y mermeladas.

En cuanto a las bebidas, la oferta está limitada por cuestiones de peso y espacio, pero contempla alternativas como café, té, limonada, cacao y licuados frutales. Cada integrante de la tripulación puede elegir hasta dos bebidas saborizadas por día.

Una de las incorporaciones destacadas es el amaranto, un pseudocereal rico en proteínas que aporta beneficios clave para la salud muscular y ósea. Su inclusión responde a la necesidad de mantener el estado físico y cognitivo en condiciones extremas.

El proceso de conservación también es determinante. Técnicas como la termoestabilización y la irradiación permiten eliminar microorganismos sin afectar el valor nutricional ni las propiedades de los alimentos. Esto asegura que cada ración se mantenga apta para el consumo durante toda la misión.

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Más allá del aspecto físico, la comida también cumple un rol psicológico. En un entorno aislado y exigente, las rutinas alimentarias funcionan como un punto de estabilidad y conexión entre los tripulantes. Por eso, cada menú fue previamente testeado y ajustado según las necesidades energéticas y preferencias personales de los astronautas.

Artemis II no solo marcará el regreso humano a la órbita lunar, sino que también servirá como banco de pruebas para futuras misiones de mayor alcance. Cada detalle, incluso lo que hay en el plato, será clave para definir cómo se alimentarán los exploradores en próximos viajes, incluyendo aquellos que apunten a una presencia sostenida en la Luna o a la exploración de Marte.

Con información de Infobae.