VOCACIÓN Y MILAGRO

"La mirada de un padre desesperado no se olvida": seis policías sanjuaninos unidos por el orgullo de salvar vidas

0264Noticias reunió a efectivos de la Policía de San Juan que comparten un vínculo invisible: todos tomaron decisiones en segundos que cambiaron el destino de una familia. Entre lágrimas y sonrisas, relatan cómo fue ver a la muerte a los ojos y no permitirle ganar. Video
Seis efectivos policiales relatan cómo fue ver a la muerte a los ojos y no permitirle ganar.
Seis efectivos policiales relatan cómo fue ver a la muerte a los ojos y no permitirle ganar.

Salvar una vida dura segundos. Pero el recuerdo queda para siempre. Seis policías sanjuaninos compartieron con 0264Noticias el instante que les cambió la vida: bebés que no respiraban, padres desesperados y maniobras hechas contrarreloj para evitar una tragedia. 

“Levante la mano quien haya salvado una vida” fue la pregunta ante el grupo  que se miró con dudas, pero que en el momento determinante, cuando fueron salvadores, no hubo vacilaciones. A pesar de conocerse solo por ser parte de la fuerza, el encuentro entre todos fue de emoción pura. El común denominador fue haber asistido a un parto o haber salvado a un niño, ese instante que los convirtió en "refugio" de alguien en el peor momento, ese lugar que los volvió espejos. Frases como "fue inmediato", "recuperó el aliento" o "son minutos contados" se repitieron en una charla donde los uniformes quedaron de lado para dar paso a la emoción pura.  

Segundos eternos, una decisión que salva

Para estos efectivos, la diferencia entre la tragedia y el milagro fue haber tomado decisiones rápidas. Jésica Álvarez recuerda el día que dejó su puesto como escribiente en la Comisaría 24° al ver a una madre con su nena de 3 años sin signos vitales. Sin dudarlo, subió al patrullero, improvisó una camilla en el asiento de atrás con chalecos antibalas y le practicó RCP a la pequeña durante todo el trayecto. "Tres cuadras antes de llegar a la Rotonda (camino al Centro de Salud René Favaloro), la menor reacciona; las miradas con mis compañeros eran de que no íbamos a tener un buen desenlace", relató con los ojos nublados por las lágrimas. “Los médicos me felicitaron, le salvaste la vida me dijeron”, dijo orgullosa.

Jésica y sus compañeros de la 24° que salvaron a una vecinita.

En la Comisaría 17°, Fernando Frías vivió algo parecido cuando una madre desesperada le entregó a su bebé de 8 meses que se ahogaba. Mientras él aplicaba primeros auxilios, sus compañeros coordinaban la ambulancia; el alivio llegó con el llanto nítido del pequeño. El trabajo en equipo con un mismo objetivo, evitar que la muerte se haga presente. En tanto que, Luciana Escudero, de la Subcomisaría Ansilta, mantuvo la calma necesaria para aplicarle la maniobra de Heimlich a una bebé de un año y cinco meses que no podía respirar. 

El temor al silencio de la radio

El agente Agustín Amarfil del comando Radioeléctrico resumió la presión que sienten en esos instantes: "La persona se refugia en nosotros y no podemos demostrar debilidad porque todo sería un caos". Deben ser profesionales para evitar los nervios y es pasado el momento vivido que llega el impacto de lo que atravesaron y recién allí reconocen el torbellino de emociones.

Amarfil, quien participó en un parto y además en otra oportunidad salvó a un bebé que estaba ahogado y todo en su primer año de servicio, confesó que el éxito se celebra entre todos. Las felicitaciones llegan por la radio de los móviles: "Nadie quiere pasar por la frecuencia un mal resultado". Imaginar ese momento, es pensar en el silencio absoluto que da la impotencia de la muerte, la idea que persigue y que solo repite “qué hubiese pasado si llegaba un segundo antes.”

La "revancha" y el refugio personal

Para algunos de estos efectivos, salvar a otros fue una forma de sanar heridas propias. Jésica Álvarez tomó el guante de Soledad Silva que pensó que su oficio le daba la revancha tras esa primera intervención en donde debió dar la peor noticia a una mamá. Fue cuando una joven del barrio La Estación llegó hasta la Motorizada Sur pidiendo auxilio y allí pudo salvar la vida de ese bebé de dos meses. Revancha también para Jésica que en medio de su propio dolor confesó conmovida que “no podía darle a esa mamá una mala noticia, yo lo viví y me encomendé a mi hija para que me ayudara".

Esa necesidad de “ser salvados” también apareció en el relato de Marisol Camargo, quien asistió un parto en 25 de Mayo de una mujer que ni siquiera sabía que estaba embarazada. Marisol reconoció que su propia hija fue quien le "salvó la vida" al inicio de su carrera porque nunca antes había pensado en la posibilidad de ser mamá y hoy “estoy aquí gracias a ella”. Para todos, volver a sus casas, después de estas jornadas es distinto: abrazan más fuerte a sus hijos y parejas porque saben, mejor que nadie, que la vida puede cambiar en un segundo. “Valoramos mucho más”, agregó Agustín.

La síntesis de la vida y la muerte

Al final del encuentro, una reflexión de Jésica Álvarez quedó resonando como la síntesis perfecta de haber salvado una vida: "La mirada de gratitud no se puede olvidar, pero la mirada que nunca se te va a borrar es la mirada de desesperación de un padre o de una madre".  Ellos transformaron el dolor, en alegría y esperanza. Cada policía de este encuentro coincidió en el orgullo que sintieron y que no olvidan, que les trae la sonrisa nuevamente a su rostro, al relatar y recordar lo vivido. 

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