DÍA DE LA MADRE

Victoria y Delfina, madre e hija unidas por el amor y la pasión por el hockey sobre patines

Tienen 35 y 17 años, comparten la vida, los sueños y una misma pasión. Vicky Perkosky y Delfi defienden juntas los colores de Bancaria, donde una ataja y la otra juega. Entre entrenamientos, partidos y aprendizajes, construyen una historia en la que el vínculo familiar se encuentra con el desafío de ser compañeras dentro de la cancha.
Por Redacción 0264Noticias

Hay pasiones que nacen en la infancia, crecen con los años y terminan convirtiéndose en parte de la identidad. Otras, además, tienen la capacidad de unir generaciones y crear recuerdos que perduran para siempre. La historia de Victoria Perkosky y su hija, Delfina Baigorria Perkosky, reúne ambas cosas: el amor por el hockey sobre patines y la posibilidad de compartir, como madre e hija, el mismo escenario deportivo.

En el marco del Día de la Madre, 0264Noticias conversó con ellas para conocer cómo nació esta pasión, qué significa compartir un equipo y cómo logran encontrar el equilibrio entre el vínculo familiar y la exigencia de competir juntas.

Victoria, de 35 años, es arquera del Club Bancaria y juega al hockey desde los 7 años. Sus primeros pasos en la disciplina fueron en Unión de Villa Krause, donde comenzó a practicar porque sus primos también jugaban. Permaneció en el Azul hasta los 18 años y luego continuó su recorrido por Rivadavia, SEC y UVT, hasta llegar a Bancaria, donde transita su tercera temporada.

Para Vicky, compartir la cancha con su hija representa mucho más que practicar el mismo deporte. Es la posibilidad de cumplir un deseo que la acompañó durante años, incluso cuando debió hacer una pausa por su embarazo.

“Empecé muy chica, siempre lo continué, cuando estuve embarazada de ella (Delfi), corté un poquito y al mes de que ella nació volví, nunca dejé de jugar. Y nunca me imaginé que iban a pasar los años e iba a poder cruzarme con ella en la cancha, aunque siempre estuvo la ilusión. Es muy lindo, aunque a veces no se toma dimensión de lo que significa, de lo que pasa, pero yo creo que cuando pasen los años vamos a ser conscientes de lo que pudimos vivir juntos”, cuenta Vicky.

En sus palabras aparece la emoción de una mamá que nunca abandonó su pasión y que, con el paso del tiempo, encontró en el hockey una nueva forma de compartir con su hija. Un sueño que dejó de ser una ilusión para convertirse en una experiencia compartida, cuyo verdadero significado, como ella misma reconoce, quizá terminen de dimensionar con los años.

Para ella además, el hockey es mucho más que una competencia: es su momento, su cable a tierra, ese espacio en el que puede desconectarse de las responsabilidades cotidianas y concentrarse en aquello que la apasiona.

La historia de Delfina también está ligada a los patines desde muy pequeña. Comenzó a jugar a los 2 años en Barrio Rivadavia y, a los 5, pasó al SEC, donde permaneció hasta los 15. Luego llegó a Bancaria, inicialmente con la mirada puesta en las categorías inferiores, sin imaginar que tendría la oportunidad de compartir la primera división con su mamá.

“Yo no pensé que iba a jugar en primera, y cuando me invitaron a subir, ahí me empecé a entusiasmar más por jugar con ella”, cuenta Delfi.

La posibilidad de compartir equipo despertó nuevas ganas y se convirtió en una motivación para seguir creciendo dentro del deporte. Tener a su mamá como compañera también le da un impulso especial para superarse y alcanzar sus objetivos.

“Es algo muy lindo porque es como, ya se lo dije (por la mamá), es una motivación para yo poder esforzarme y llegar a primera y cuarta”, expresa.

Mientras Victoria aporta sus años de experiencia y su mirada dentro de la cancha, Delfina construye su propio recorrido, con metas y desafíos personales. Las dos comparten la misma pasión, pero también aprenden a acompañarse desde lugares diferentes: una desde la experiencia y la otra desde las ganas de crecer.

Per compartir un equipo tiene una particularidad que no siempre resulta sencilla: ser madre e hija y, al mismo tiempo, compañeras de juego. Porque, aunque el vínculo familiar permanece intacto, el hockey tiene sus propias reglas, responsabilidades y exigencias.

Victoria reconoce que encontrar ese equilibrio requiere aprendizaje y que, en ocasiones, resulta difícil separar los roles.

Dentro del equipo, Victoria intenta encontrar un punto medio entre su rol de compañera y el de mamá. Sabe que debe exigir y corregir como parte del juego, aunque admite que hay emociones que no siempre son fáciles de separar. "Vivimos juntas, imagínate que por ahí tener que retarla en la cancha, por ahí es pesado eso, pero trato de que no se involucre tanto la relación, pero a veces es inevitable, no se puede controlar", contó. El desafío está en acompañar a Delfina sin que el vínculo familiar condicione cada situación.

Fuera de la cancha, el deporte también ocupa un lugar central en la vida familiar. En la casa de Victoria, las conversaciones sobre entrenamientos, partidos y competencias forman parte de la rutina cotidiana. Su marido practica ciclismo y, como ella misma cuenta, el deporte atraviesa buena parte de la vida de la familia.

“En nuestra casa se habla, mi marido hace ciclismo, en mi casa solo hay deporte, solo deporte. Es parte de lo que somos de toda la vida”, relata.

Esa pasión también se refleja en la organización de cada día. Entre el colegio, el gimnasio, los entrenamientos y el trabajo, Victoria busca la manera de acompañar a sus hijas y estar presente en sus actividades. A veces se queda en el club para verla jugar y después continúa trabajando, mientras la jornada deportiva sigue hasta la noche.

Detrás de cada entrenamiento y de cada competencia hay una rutina que exige tiempo, paciencia y organización. Ser mamá también significa acomodar horarios, esperar y acompañar, sin dejar de lado las propias responsabilidades.

Perseguir los sueños sin dejar de ser mamá

La carrera deportiva trae consigo viajes, ausencias y momentos familiares que no siempre pueden compartirse. Victoria recuerda que, en algunas ocasiones, tuvo que estar lejos por compromisos deportivos, incluso durante fechas importantes para sus hijas. "Es difícil porque sentís una culpa, pero a la vez es demostrarle que ellas nunca tienen que dejar de hacer lo que realmente les gusta o seguir los sueños que tienen personales, sin dejar de lado sus hijos el día de mañana", reflexionó.

En esa experiencia aparece otra dimensión de la maternidad: la de una mujer que ama a sus hijas, que siente la ausencia y que, al mismo tiempo, busca enseñarles con su propio ejemplo la importancia de perseguir aquello que las hace felices.

Para Victoria, ser mamá no significa renunciar a los sueños personales, sino encontrar la manera de seguir adelante sin dejar de acompañar a sus hijas. Su mensaje también tiene que ver con permitirles elegir su propio camino, sin imponerles una pasión ni esperar que sigan los mismos pasos.

Y si dentro de la cancha Delfina encuentra en su mamá una compañera y una motivación, fuera de ella reconoce a la persona que estuvo presente a lo largo de su vida, tanto en los buenos momentos como en aquellos en los que tuvo que atravesar dificultades.

Al preguntarle qué le diría a Victoria si pudiera hablarle como hija y no como compañera de equipo, Delfi respondió con palabras que resumen el valor de ese vínculo:

“Agradecerle más que nada porque siempre ha estado para mí, ha estado en los buenos momentos y en los malos, que tenía altibajos. Agradecerle porque siempre me acompañó y siempre estuvo al lado mío”.

“Siempre estuvo al lado mío” es, quizás, una de las frases que mejor expresa lo que significa para Delfina contar con su mamá en cada etapa. No hacen falta grandes discursos para reconocer a quien acompaña, alienta y permanece cerca, incluso cuando las cosas no salen como se esperaba.

En el cierre de la entrevista, Victoria dejó un mensaje para todas las madres que acompañan a sus hijos en el deporte y que, desde las tribunas, los entrenamientos o los viajes, sostienen sus sueños.

“A las mamás que siempre los acompañen y los apoyen en los sueños que tengan sus hijos, sin imponer ningún tipo de pasión propia, dejándolos ser simplemente”.

Antes de despedirse, Vicky eligió una palabra para definirse: “Yo soy resiliencia”.

Quizá en esa palabra también se encuentre una parte de su historia. La de una mujer que comenzó a jugar al hockey a los 7 años, que continuó adelante incluso después de convertirse en mamá y que hoy disfruta de una oportunidad que alguna vez imaginó: compartir la cancha con su hija.

Victoria y Delfina son madre e hija, pero también compañeras, deportistas y cómplices de una pasión que las acompaña desde hace años. Una ataja, la otra juega; una aporta su experiencia y la otra construye su propio recorrido. Y entre las dos, más allá de los resultados, los entrenamientos y las competencias, comparten algo que el tiempo difícilmente pueda borrar: la posibilidad de vivir juntas un sueño.

Porque hay amores que acompañan desde la tribuna, otros que esperan al final de cada partido y algunos, como el de ellas, que también se encuentran dentro de la cancha.

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