ORGULLO FAMILIAR

De los pelotazos al portón de su casa a buscar la gloria en la Copa Libertadores, la historia del sanjuanino Fabricio Pérez en la mirada de su papá

Inquieto, amiguero y apasionado por el fútbol desde chico, el joven se formó en Trinidad y llegó a Estudiantes de La Plata. Su papá, Omar Pérez, recorrió el camino de su hijo, el momento que se enteraron de la prueba en City Bell y la final que se viene frente a Palmeiras.
Fabricio Pérez, junto a su familia en el estadio de Estudiante de La Plata.
Fabricio Pérez, junto a su familia en el estadio de Estudiante de La Plata.

Fabricio Pérez tenía una costumbre que en su casa conocían de memoria: agarraba la pelota y le pegaba una y otra vez al portón de su casa. Aquel chico inquieto de Villa Fleury, en Rawson, no imaginaba que su pasión lo llevaría desde los "Mundialitos" de Trinidad hasta una de las competencias más importantes del fútbol continental. En diálogo con 0264 Noticias, Omar Pérez, su papá, repasó el camino que recorrió su hijo, desde sus primeros entrenamientos en San Juan hasta su llegada a Estudiantes de La Plata. También recordó los sacrificios familiares y la emoción de verlo cerca de disputar la final de la Copa Libertadores, prevista para el 28 de noviembre en Uruguay. 

Una pelota y los primeros pasos en Trinidad

El sanjuanino nació el 7 de diciembre de 2005 en Rawson. Es el hijo del medio de Omar y Alejandra, entre sus hermanas Agustina y Valentina. La familia vivía a pocas cuadras del Club Atlético Trinidad, donde comenzó a jugar al fútbol a los seis años, en las categorías infantiles conocidas como babis.

Su papá, que también había pasado por el club, conservaba amistades que se convirtieron en entrenadores y le propusieron que Fabricio se sumara a la escuelita porque le veían condiciones. Hasta entonces, la pelota ocupaba buena parte de sus días. “Nosotros estamos a tres cuadras del club, en esos años agarraba la pelota todo el día y le pegaba mucho al portón, me lo llegaba a bajar de los pelotazos”, recordó Omar.

Los entrenamientos se realizaban en la cancha del predio del ex Los Andes, sobre calle Mendoza. Fabricio jugaba de delantero y pronto empezó a participar en torneos infantiles y en los tradicionales Mundialitos de Trinidad. Una anécdota de esa etapa todavía permanece en la memoria de su padre. "Dos semanas antes de uno de esos torneos, se cayó de la bicicleta y se clavó un pedal en la pantorrilla" comentó. El corte fue profundo y necesitó 14 puntos, por lo que parecía difícil que pudiera jugar.

Sin embargo, un día antes de que le retiraran los puntos, quiso probarse en la cancha.  "Me dijo que se sentía bien y que quería jugar, desde chico ya se lo notaban esas ganas". recuerda. Aunque todavía rengueaba, el entrenador decidió darle algunos minutos. Para Omar, aquel episodio reflejó desde temprano la determinación de su hijo.

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De la reserva al debut en Primera con 15 años

El crecimiento de Fabricio fue rápido. A los 14 años lo convocaron para entrenar con la reserva de Trinidad. “Cuando me dijeron eso, me sorprendió porque era muy chico para esa categoría, pero me dijeron que no me asustara porque andaba muy bien”, contó Omar. Un año después llegó otro paso importante: debutó en Primera División con apenas 15 años. La experiencia de competir contra jugadores más grandes le permitió sumar rodaje y prepararse para los desafíos que vendrían.

Su papá considera que ese recorrido temprano fue clave para afrontar las pruebas en clubes de mayor nivel. “Pasó todo tan rápido y eso lo favoreció mucho, el roce tanto en Reserva como en Primera a esa edad le sirvió para cuando le tocó hacer la prueba en Estudiantes”.

En casa, mientras tanto, Fabricio mantenía firme su objetivo. Cuando le preguntaban qué quería ser de grande, respondía que futbolista, aunque sus padres intentaban que también contemplara otras posibilidades para su futuro. “Nosotros le decíamos que tenía que estudiar, buscar una carrera o un trabajo, todo lo que los padres le dicen a los hijos, pero él nos decía que quería ser futbolista”, recordó Omar.

La familia sabía que perseguir ese sueño implicaría exigencias y renuncias. Por eso, su padre buscaba prepararlo para un camino que iba mucho más allá de jugar los fines de semana. “No creas que es jugar a la pelota y listo, hay muchos sacrificios que tenés que empezar a hacer si el día de mañana querés llegar al máximo nivel”, le advertía.

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La prueba que cambió su historia

La oportunidad de probarse en Estudiantes de La Plata apareció a través de Federico Acevedo, exfutbolista sanjuanino y actual entrenador. La propuesta abrió una puerta que podía cambiar el futuro deportivo de Fabricio.“Me dijo que estaba la posibilidad de que fuera a probarse a Estudiantes, que todos confiaban en que le iba a ir bien, que lo dejara ir”, recordó Omar sobre aquella conversación.

El proceso duró alrededor de tres meses. Fabricio viajaba a La Plata, entrenaba durante una semana y regresaba a San Juan, hasta que volvía a ser convocado. En ese tiempo, fue conociendo el funcionamiento del club y el nivel de exigencia de sus entrenamientos. El desenlace llegó cuando viajó junto a otros seis chicos sanjuaninos de diferentes clubes. Después de las pruebas, todos se preparaban para regresar a la provincia y Fabricio pensaba que no había quedado seleccionado. Sin embargo, mientras se cambiaba, lo llamaron y le pidieron que se comunicara con su papá.

La noticia fue inesperada: Estudiantes quería incorporarlo. “Cuando Fabri me dice que él había quedado en Estudiantes, nos pusimos a llorar porque fue un momento muy emocionante”, relató Omar. La alegría también significó un cambio profundo. Fabricio debía instalarse en la pensión de City Bell, lejos de su casa y de sus afectos, para continuar con su formación futbolística.

La distancia y los sacrificios familiares

Acompañar ese proceso requirió reorganizar la vida familiar y afrontar gastos que se sumaban a las responsabilidades cotidianas. Omar y Alejandra procuraban estar presentes en los entrenamientos y encontrar momentos para compartir con su hijo. "Nosotros lo llevábamos a entrenar, lo esperábamos y siempre nos hacíamos tiempo para poder verlo y acompañarlo”, contó su papá. Los botines también representaban un esfuerzo económico, especialmente por el desgaste en las prácticas y los partidos. “Los botines eran un presupuesto aparte, no le duraban nada”, recordó.

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Pero la adaptación fue más allá de los gastos y los viajes. Fabricio tuvo que acostumbrarse a vivir lejos de su familia durante una etapa en la que todavía era muy chico. "Hubo fines de semana en los que permaneció solo en su habitación mientras intentaba adaptarse a la nueva rutina", comentó Omar. 

Con el tiempo, construyó vínculos y aprendió a desenvolverse en ese entorno. Omar destaca que la formación recibida en Trinidad y el acompañamiento de los entrenadores también fueron importantes para su crecimiento personal.“Lo fue asimilando y eso también le sirvió para no venirse, para no extrañar, pese a la distancia que había con una edad tan chica”, explicó. “Amiguero, un poco inquieto y perseverante en los objetivos. Creo que lo que a él lo ha posicionado en el lugar que está es la obsesión que él ha tenido por jugar al fútbol”, reflexionó.

De Estudiantes a la final de la Libertadores

El camino en La Plata empezó en septiembre de 2024, cuando el sanjuanino debutó en Primera frente a Platense, en un partido que terminó igualado 1-1. Con el paso del tiempo, fue ganando cada véz más protagonismo en el Pincha. Actualmente suma tres títulos en su corta edad profesional (Trofeo de Campeones 2024 y 2025 como así también el Torneo Clausura 2025). Omar reconoce el acompañamiento familiar, pero pone el acento en el trabajo que realizó su hijo para sostener su objetivo. “Como padres siempre estuvimos, pero todo lo demás lo puso él”, afirmó.

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Ahora, Fabricio está ante la posibilidad de disputar la final de la Copa Libertadores con Estudiantes frente a Palmeiras, el próximo 28 de noviembre en Uruguay. La expectativa es especial para su familia y también para San Juan, que tendrá a uno de sus futbolistas en una instancia de máxima relevancia continental. “Como familia tenemos una satisfacción enorme, creo que para la provincia es un hecho muy importante que un sanjuanino tenga la oportunidad de medirse contra un rival tan importante en la máxima competencia a nivel equipo”, expresó Omar. La familia planea viajar a Uruguay para acompañarlo. Aunque sería complicado que todos puedan estar presentes, Omar y Alejandra harán lo posible por compartir ese momento con su hijo.

Antes de cerrar, el padre dejó un mensaje para los jóvenes sanjuaninos que sueñan con jugar al fútbol y todavía dudan en probarse en otros clubes por miedo a no quedar seleccionados o a tener que alejarse de sus familias. “Es un mensaje para todos los jóvenes, con disciplina y sacrificio se puede lograr, hay muchos pibes sanjuaninos que no se van a probar porque piensan que no van a llegar, tienen que luchar como lo hizo Fabri”, finalizó.