Todo sobre mi madre

En el Día de la Madre, una reflexión sobre el papel que a diario juegan las mujeres más importantes de nuestras vidas.
Todo sobre mi madre
Todo sobre mi madre
domingo 18 de octubre de 2020

En este Día de la Madre quiero tomarme una licencia porque quiero contarles sobre una mujer especial en mi vida: Ivana, mi vieja.

Porque durante varias semanas en la redacción nos planteábamos quién debía ser la madre que fuese "portada" en nuestro 0264 este domingo: resilientes, en la primera línea de fuego por el covid, luchadoras, aquella que se rearmó. Muchas historias que a la larga, confluyen en una sola persona, por lo menos, si las miramos, en este domingo, sabés bien que todo eso, es tu vieja. Y la mía también.

Así que me propuse rescatar a la mamá que puede existir en todas las familias, en la imagen de mi mamá.

Ivana, la segunda de cinco hermanos, nacida en una casa por demás humilde en Jáchal. Conoció la adversidad de saber que los Reyes Magos, por más bien que se portara, no le iban a traer nunca ese pianito con el que soñaba y que ahora de grande, puede disfrutar de tocar en el living de su casa propia. Mientras mis abuelos trabajaban ella y su hermano mayor cuidaban del resto, porque así era antes y también porque era imposible pensar en alguien que los cuidara. Así que entre juegos, tuvo que hacerse grande desde chiquita. Aprendió de otra mujer que había que buscarle la vuelta: mi abuela, doña Elena como le decían todos, pero para mí, mi nona.

Mi mámá se casó joven, fue mamá y siguió peleándole a la pobreza con trabajo junto a mi papá. Recién ahora que soy madre puedo llegar a imaginar lo que sentía al dejarnos con mi padre a mí y a mi hermana para ir desde Jáchal a Tudcum a trabajar y tener que quedarse allí toda la semana "porque es una suplencia y hay que aprovecharla para sumar puntaje, además que pagan zona alejada y no tengo cómo ir y volver a diario". Pero cuando por fín consiguió hacerlo un accidente la obligó a bajar un cambio porque venía mi hermano en camino. El recuerdo con las marcas de los puntos de ese día todavía están intactos en su frente. Lo cierto es que mi hermano nació perfecto y ella pudo seguir trabajando de docente, esta vez en algunas localidades alejadas de Jáchal, pero más cerca nuestro.

Con mi viejo, fue la gota que orada la piedra (y no es que diga que a veces es hincha ): "Estudiá, porque a la bolsa de harina o de cemento (mi viejo es panadero y albañil) va a llegar un momento en que no vas a poder llevarla". Hasta que un día él decidió aflojar y ahí están los dos, maestros jubilados.

El mundo le decía que no, que era más seguro seguir en Jáchal, pero ella no hizo caso y nos lanzó a todos a la aventura de dejar el terruño. Y así salimos de Jáchal para buscar otras oportunidades: no por ella, pero sí por mi papá, docente recién recibido y por nosotras y mi hermano.

No sé si les pasa a ustedes, pero yo tengo "fotos" guardadas en mi memoria de mi vieja: la veo hermosa con sus rulos, riendo en un carnaval, maquillada y bella; la recuerdo a carcajada limpia con sus compañeras mientras volvía de estudiar; también la recuerdo cansada, porque había trabajado todo el día en tres escuelas y el día era largo y la noche corta; enojada, porque las cosas no salían como ella quería; desesperada porque un gobernador había decidido darles $300 pesos para pasar un fin de año a los empleados públicos; también la veo ir al frente en marchas docentes y hasta tomando un Ministerio allá por los ´90.

Mi vieja, y seguro también la tuya, es de las que piensan más en los demás que en ellas mismas. Ocupada y preocupada porque si hay alguien enfermo se recupere y si tiene que hacer de enfermera, allí está, para lo que necesiten.

Resiliente es mi vieja. La tuya también. Seguro que mi mamá no sabe qué significa la palabra resiliencia que es la capacidad para adaptarse levemente con resultados positivos frente a situaciones adversas. Y vaya si las pasó, si las vivió. Y ahí está: rezando por todos, jugando con sus nietas, mañoseándolas (mucho) y todavía pensando en cómo puede seguir ayudando a los demás.

Esa es mi vieja y yo estoy segura que tu mamá también. Porque al fin y al cabo, estos días nos permiten reflexionar sobre lo "superpoderosas" que pueden ser las madres

Así que vaya en vos Ivana, el reconocimiento para todas las mamás, que seguirán siendo las viejitas de algún hijo e hija; que nos seguirán retando como si tuviésemos cinco años y enjuagándonos las lágrimas después de alguna injusticia así como lo hacías en nuestra la infancia en la adolescencia.

¡Gracias y feliz día mamá!

 

M. Sosa

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