OPINIÓN

Milei se mide con un enemigo que ya ganó la batalla del arancelamiento: los errores de la UNSJ

domingo 13 de octubre de 2024

¿Qué esconde el conflicto con las universidades públicas? Hay muchos líderes de opinión, políticos (del oficialismo y la oposición del Estado Nacional y las provincias) y periodistas, que creen que el gobierno de Javier Milei está dando pasos similares a los que ya dio Carlos Menem a comienzos de su primera gestión como presidente, para lograr el arancelamiento de la educación superior en la República Argentina. Incluso Ricardo Coca, secretario Administrativo de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), lo dijo en una entrevista radial hace poco tiempo. Hay casi certeza, a pesar de que ningún libertario lo admite a viva voz, de que el fin de esta gestión es que los estudiantes, todos, deban pagar para lograr un título. Incluso hay avances en esa línea: el sistema de vouchers educativos comunicado en campaña que luego mutó a una ayuda para los padres que envían sus hijos a escuelas privadas, el anuncio de reglamentar la obligatoriedad del pago a los alumnos extranjeros, y manifestaciones públicas de líderes como José Luis Espert, quien aseguró que los pobres no van a la universidad pública, son prueba irrefutable de que Milei quiere el arancelamiento. En otros tramos de la historia hubo pedidos de organismos multilaterales como el Banco Mundial para que el financiamiento de la educación en el país se parezca al de otros de la región, con mayores restricciones de ingreso y permanencia e, incluso, la obligación de pagar para estudiar. Eso es una realidad. La incógnita sobrevive en la capacidad técnica y la espalda política de este gobierno para convertir en realidad algo que otros no pudieron. Ahí radica ahora la discusión. El debate por el arancelamiento universitario no es nuevo, tuvo varios intentos a lo largo de la historia del país, pero siempre encontró en la sociedad en general y en el movimiento estudiantil, en particular, un enemigo fuerte y ordenado. San Juan es una provincia testigo respecto de la fuerza que pueden ostentar los movimientos de docentes y estudiantes. Todo en medio de malas señales de la casa de altos estudios por temas muy profundos como la igualdad de género. Debate cruzado con resultado incierto que ya está entre nosotros.

Fue Juan Domingo Perón quien en 1949 garantizó por ley que la educación superior mantuviera la gratuidad. Después, la dictadura de 1976 comenzó el arancelamiento a las carreras de grado y medidas restrictivas de ingreso, cosa que cambió con la llegada de la Democracia en 1983 y luego, Menem, en su primera gestión intentó (sin suerte) volver a debatir la posibilidad de que los estudiantes paguen sus carreras. Más atrás en el calendario, incluso hay escritos que ubican las primeras discusiones sobre el arancelamiento de la educación, a comienzos del siglo pasado. Los movimientos estudiantiles fueron los que encabezaron la rebelión al arancelamiento a las carreras de grado que ordenó la dictadura en 1981 con protestas masivas en 1983, ya en Democracia. En resumen, esta arremetida de Milei ya la vimos con otros nombres (parecidos).

Probablemente las similitudes de esta gestión libertaria con la de Menem es lo que llama a suponer que Milei avanzará con un proyecto de semejante impacto. Menem impulsó una fuerte reforma del Estado, privatizó empresas estatales, y endeudó al país con el llamado Plan de Convertibilidad. Además, tuvo gestos llamativos con el mundo, como el envío de tropas a la primera Guerra del Golfo, lo que le valió fuertes críticas dentro del país y afuera. Milei parece ir por el mismo camino y esa conclusión se obtiene de un simple repaso de sus primeras ideas y proyectos legislativos. Incluso el mismo Presidente reivindicó el menemismo en varios discursos: “Estamos haciendo homenaje al mejor presidente de los últimos 40 años", dijo el actual mandatario, por ejemplo, al presidir un acto por la colocación de un busto del riojano en el Hall de Honor de la Casa Rosada, en mayo de este año.

En la década del noventa el país todavía intentaba reparar heridas producidas por la última Dictadura Militar. Si bien la primavera democrática surgió con el gobierno de Raúl Alfonsín, su fracaso económico y político empujó al país a optar por el neoliberalismo de Menem, quien en sus primeros pasos como Presidente logró amplísimo apoyo popular, similar a lo que ocurre con Milei ahora. En ese contexto el riojano se animó a debatir la Ley Federal de Educación, en 1993, y la Ley de Educación Superior, en 1995. Esta última iniciativa contenía también el Proyecto de Régimen Económico Financiero de las universidades. Ambas normas fueron rechazadas por sectores sindicales y también por los movimientos estudiantiles. En 1995 se produjo una masiva manifestación popular desde varios puntos del país para visibilizar la oposición a la última norma.

Varios autores aseguran que lo inusual de los movimientos estudiantiles de la década del noventa se dio también por la cargada agenda en materia de reformas educativas que propuso el menemismo, pero claramente se nota que la rebelión universitaria no es patrimonio de esas épocas ni que puede resumirse a una reacción por proyectos legislativos.

Milei se enfrenta también a la organización de estudiantes y gremios. El contexto es distinto. Hay mucho enojo de la sociedad con todos los políticos, algo que probablemente no ocurría con esta dimensión en esos otros tramos de la historia del país. La rapidez con la que actuaron gremios y estudiantes luego del respaldo al veto, llama la atención y hace suponer que hay ánimo de lucha. El vicedecano de Filosofía de la UNSJ, Marcelo Vázquez, dijo en Radio Sarmiento esta semana que hay intención en estudiantes y docentes de continuar las protestas. Ideológicamente las universidades públicas están muy lejos de Milei. Hay intentos por hacer política libertaria en ellas, ya los hubo en el pasado también, pero por ahora son muy incipientes y tienden al mismo resultado que las anteriores: el fracaso. El gobierno nacional se enfrenta ahora a un monstruo que lo odia con inteligencia. Veremos cómo se resuelve ese duelo que viene teniendo un solo ganador en la historia reciente al menos.

En San Juan la educación es un sector que, se puede decir con alguna licencia de incorrección, volteó a dos gobernadores: en 2002 a Alfredo Avelín y el año pasado al darle la espalda a los hermanos Rubén y Sergio Uñac luego de una larga pelea con el gobierno por salarios, que incluyó manifestaciones masivas y hasta cambios en los principales gremios. Al menos en lo que respecta a esta provincia, la política partidaria debe haber entendido que es un grupo con el que no es fácil pelear. Eso se traslada al país, con facilidad. Probablemente el gobernador Marcelo Orrego entendió esa máxima y por eso le ordenó a las diputadas Nancy Picón y María de los Ángeles Moreno que votaran en favor de las universidades. O se hartó de que le prometieran plata que no llega, o una conjunción de ambas variantes. Quizás nunca se sepa toda la verdad. Lo cierto es que el sanjuanino se paró de manos frente al gobierno federal y ya recibió las primeras muestras de odio. Llamativamente, una horda rentada de trolls de redes atacaron al mandatario sanjuanino luego del voto en diputados. Si esa es la primera reacción, se puede esperar que el ataque continúe, quizás, por la gestión. Muy pocos en San Juan lo pueden negar o reafirmar.

Nadie sabe hasta dónde llegarán los movimientos de estudiantes, por lo pronto mañana se reúnen para darle forma a la continuidad de las protestas. Está claro que, si no hay apoyo de las universidades grandes o las centrales obreras, hay riesgo de que pierdan la pelea.

Después, hay mucho que arreglar en la universidad, por supuesto. El debate por Rodolfo Bloch y lo expuestos que quedaron algunos consejeros al proteger a un acusado por acoso laboral y sexual con dos resoluciones que lo condenan, aún resuena con fuerza entre quienes defienden verdaderamente la igualdad de género dentro de la UNSJ. Lastimosamente la universidad se ha convertido en un recinto de tránsfugas intelectuales, quienes una semana y amparados en el secretismo condenan a una mujer a no tener justicia; y siete días después y sin ninguna barrera de decoro, al menos, proponen paridad de género en los cargos políticos universitarios. Además, van más allá y acusan a los medios por el tratamiento del caso. Manual de falso progre: critico a todos, pero cuando me toca jugar, me voy al mazo. Es fácil ser progre cobrando 3, 4 o 5 millones de pesos por mes y no haber trabajado jamás fuera de la universidad. Urgen cambios de nombres propios, los que han vaciado a la universidad de pluralidad ideológica. Una pena.

Fuera de los malos ejemplos, todos, incluso estos, tienen que salir a defender la universidad pública y gratuita. La universidad es un ámbito de debate que no debe permitir ningún avasallamiento, aunque también haya correcciones que hacer.