OPINIÓN

¿Por qué ganó Trump?

domingo 10 de noviembre de 2024

En la previa se hablaba que las elecciones en Estados Unidos podían ofrecer una paridad mayor incluso a las vistas en actos electorales anteriores, sin embargo terminó siendo un triunfo de Donald Trump más holgado de lo esperado, hasta contundente. Trump no solo ganó la presidencia, sino que tendría la mayoría en ambas cámaras y contaría con más gobernadores que los demócratas. Las cosas así invitan a pensar que Trump podría ser un presidente omnipotente, sin contención. ¿Pero será un presidente desbocado o se manejará con pies de plomo?

¿Qué pasó para llegar a este escenario?

En primer lugar, Trump se ganó la voluntad de las clases medias y de los sectores semiurbanos y rurales. Durante la campaña le habló al ciudadano promedio, al trabajador de campo, al dueño de una PYME, a los sectores medios que viven en los suburbios, y lo hizo con temas muy concretos. Trump apuntó a la economía real, hablaba de la inflación -que ya se había detenido hace varios meses-, de los costos de la energía y de la competencia que significa para ese ciudadano medio la llegada masiva de trabajadores ilegales.

Trump acertó con el tratamiento de los temas. El discurso de campaña de Trump, más allá de algunos exabruptos -menos que en la anterior campaña, hay que decirlo- cambió con la salida de Biden, se volvió más pragmático y directo, casi que favorecido por la retirada del demócrata. El pragmatismo de Trump se vio en temas concretos, como proponer salvar la industria de Estados Unidos trayendo de vuelta a los capitales radicados en México y China, una posición tan contundente como de difícil aplicación.

Este realismo salvaje, expuesto en la búsqueda de temas transversales durante la campaña, terminó siendo más efectivo y más confiable para los sectores medios y medios bajos. La madurez del discurso económico de Trump fue clave para lograr la victoria.

El atentado y los posteriores tres intentos de asesinato que sufrió durante la campaña no terminaron influyendo en la elección. En su momento, el intento de magnicidio ocurrido en Butler -Pensilvania- fue importante porque le ayudó a Trump a mantener su vigencia y permanecer en los titulares de los medios de comunicación, pero luego el tema se olvidó y no fue relevante en el tramo final de la campaña.

Trump acertó. Ha sido el triunfo de la clase media trabajadora, expresada en la masa obrera, en el pequeño empresario, en el comerciante urbano, en el negocio semiurbano y en el trabajador rural, que esperan que Trump les haga llegar la tan ansiada reactivación de la economía. ¿Había una mejora económica en los últimos meses de Biden? Sí. ¿Les llegó a los bolsillos de los sectores medios y populares de la sociedad estadounidense? Claramente no.

Lo que sí lo ayudó a Trump fue el hecho de que Kamala Harris se pasara el último tramo de la campaña hablando de su opositor y no de su programa de gobierno o de su programa económico. No logró imponer temas y no hizo más que ir a la zaga de la agenda del candidato republicano.

La campaña de Kamala Harris no fue feliz

Se debe tener en cuenta que las bases militantes del partido Demócrata se habían corrido mucho a la izquierda en los últimos años. Esto los llevó a los estrategas demócratas a plantear la campaña desde un lugar en el que debían dar respuesta a un enorme electorado cada vez más reaccionario, desconectado entre sí y con un discurso étnico muy marcado.

La estrategia demócrata fue atraerse el “voto étnico” para fidelizar a las minorías. Buscaron el voto latino, el voto afroamericano y el voto de la mujer, y pusieron sobre la mesa de debate el tema del aborto y de los derechos reproductivos de la mujer, pero claramente el plan no alcanzó, mejor dicho, la grieta que el plan generaba no alcanzó. Esta lectura llevó a hacer un pésimo armado de la fórmula presidencial al elegir Harris a Tim Walz, gobernador de Minnesota, como su compañero, quien es más progresista que la propia candidata demócrata. En definitiva, más de lo mismo.

Harris propuso un programa económico poco claro para el ciudadano medio. Invitaba a las personas a seguir una “economía de oportunidades”, que buscó ser un concepto revolucionario pero que terminó siendo algo confuso y poco explicado. La gente no entendió a qué se hacía referencia o qué significaba y simplemente la idea terminó desdibujándose. Simplemente la sociedad quería escuchar que no iba a perder su trabajo y que iba a recuperar en su bolsillo lo que la inflación se había llevado

Otro de los errores de Harris estuvo en “no entender” el comportamiento del “voto latino”, un voto que no es homogéneo y que las estadísticas demostraron que se estaba corriendo paulatinamente hacia los republicanos. Los latinos no son iguales entre sí, como no son iguales los países de los que migran. La generalización les pasó una tremenda factura a los estrategas de Harris, al punto que si bien los latinos votaron mayoritariamente por los demócratas, los republicanos habrían obtenido su propio récord histórico en cuanto al voto latino.

La californiana no fue una candidata fuerte, su discurso parecía estar solo dirigido a las grandes ciudades, en los suburbios se veía su fragilidad. Una vez un operador electoral dijo que George W. Bush ganaría las elecciones porque era alguien con quien un ciudadano medio se tomaría una cerveza; pues hoy es Trump ese personaje con el que un representante cualquiera de la clase media estadounidense se sentaría a tomar una cerveza.

La política exterior que se viene

¿Qué deberíamos esperar con respecto a la futura intervención de la Casa Blanca en los conflictos internacionales? Trump, con su presidencia anterior nos ofrece una hoja de ruta.

Lo primero es que puede haber una disminución clara de la ayuda económica y militar por parte de Estados Unidos para con el gobierno de Volodímir Zelenski, lo que minaría el esfuerzo bélico de Ucrania. Es probable que no sea un corte definitivo de esa ayuda, ni mucho menos un recorte inmediato, pero si puede pasar que Estados Unidos exija a los países europeos una colaboración mayor ya que, y lo demostró en su gestión anterior, a Trump no le gustan los conflictos cuando los tiene que pagar de su bolsillo. Quizá inicialmente Trump exija que no le cueste a Estados Unidos lo que le ha costado el conflicto hasta ahora, por lo que probablemente obligue a ambas partes a negociar, al menos a Ucrania.

Durante su anterior presidencia Trump retaceó la participación estadounidense en todos los conflictos internacionales. Es el caso de la Guerra Civil Libia, una contienda que parece ya olvidada aunque fue importante en la arena internacional y que contó con una amplísima participación de los países de la región, en la que Washington se mantuvo bastante distante del escenario bélico, por lo que es probable que Trump intente sentar a los contendientes para encontrar una salida al conflicto, y no es descabellado pensar que le proponga a Ucrania renunciar a la región del Donbass, o peor aún, resignarse a perder los espacios conquistados por Rusia, para buscarle a Putin una salida honorable. No está en duda la legitimidad de la causa ucraniana, lo que está en duda es la voluntad de Trump de continuar con la guerra.

Con respecto al conflicto en Medio Oriente, el apoyo de Estados Unidos para con Israel se mantendrá ya que es su gran aliado en la región, eso sin contar los “lazos emocionales” que unen a los dos países. Hay que recordar que, parcialmente, esta nueva guerra es hija de los Acuerdos de Abraham firmados por Israel y algunos de los países de la región durante la presidencia de Trump, los que dejaron a los palestinos fuera de las negociaciones y que los llevó lamentablemente a desencadenar el ataque del 7 de octubre de 2023. Sin duda la agenda para con Medio Oriente será una agenda proisraelí y pro aliados de Estados Unidos, como lo son las petromonarquías y probablemente Egipto.

Con China es factible que se retome de a poco el choque comercial que puede llevar a generar una “guerra fría económica”, ya que durante la campaña Trump prometió poner aranceles de hasta un 200% a los productos que ingresen desde el gigante asiático, lo que más que un gravamen será lisa y llanamente un parate del comercio para muchos sectores productivos.

Este inminente choque sino-americano va a reactivar los ya existentes movimientos geopolíticos en la región Asia-Pacífico. Ya hemos visto como la administración Biden, que para con China ha tenido cierta continuidad en política exterior si la comparamos con la anterior gestión de Trump, formó en su momento lo que se denominó AUKUS -Australia, United Kingdon, United States-, una alianza militar con el Reino Unido y Australia -con este último país como vértice de referencia- en el marco de una nueva “doctrina de contención”, esta vez para con China. Tan fuerte es inicialmente esta coalición que permite la exportación de tecnología nuclear y la venta a Australia de submarinos de propulsión nuclear británicos.

Trump se compara consigo mismo si queremos saber cómo va a ser la política para con China, basta recordar las grandes rondas de negociaciones que tuvieron los dos países, donde terminaban aplicándose sanciones económicas recíprocas que prohibían, limitaban el ingreso, o colocaban aranceles altísimos a cientos de productos.

Lo que sí es de esperar que haya cierto endurecimiento para con México y América Central por varios motivos. Trump ya planteó que México es una amenaza económica para Estados Unidos, porque no colabora con la contención del tránsito masivo de inmigrantes que penetran por el sur de Estados Unidos ni controla efectivamente el tráfico de drogas, como el fentanilo que se produce en China pero que entra a Estados Unidos desde México. Además, Trump no tiene un vínculo con Claudia Sheinbaum como el que tuvo con López Obrador. Recordemos que durante su presidencia Trump amenazó a varios países de América Central con cortarles la ayuda económica si no colaboraban disuadiendo a su población para que no migrara al gigante del norte.

Milei y Trump

Si algo hermana a Javier Milei con Trump son las posturas conservadoras y que rechazan las agendas globalistas, como la Agenda 2030, ahora Agenda 2045, que son consideradas progresistas. Tienen claramente en común ese vínculo, esa cercanía de valores. Mientras que Trump es un conservador, para algunos un conservador tardío o por conveniencia, el argentino abraza las ideas de la libertad de la escuela austríaca, la que es antisocialista -particularmente la corriente “rothbardiana”- y con la que comparten muchos postulados conservadores en lo social.

En cambio, los programas económicos de Milei y Trump no solo que son distintos, sino que son -en muchos puntos- contrapuestos. Si bien ambos son liberales -defienden la propiedad privada, la iniciativa individual y una menor participación del Estado en la economía- mientras que el del primero es aperturista, el segundo busca ser proteccionista, y ha prometido poner gravámenes a los productos que ingresen desde el exterior, lo que avizora un choque incluso con la Unión Europea.

Por esa cercanía ideológica, la apuesta de Milei por Trump fue muy temprana, “desde la hora cero”, lo que quedó largamente demostrado en la cumbre conservadora -CPAC- de Washington celebrada en febrero, donde se conocieron y acercaron posiciones. Desde su llegada al poder, Milei había atado aspectos no menores de su plan económico, como la dolarización de la economía, al triunfo de Trump en las elecciones de Estados Unidos, aunque se descartaba que fuera a buscar tener las mejores relaciones posibles con Kamala Harris si era ésta la que arribaba a la presidencia.

Visiblemente a la Argentina le debería ir mejor en lo económico con Trump. Pero no es solo una cuestión de probabilidad sino que está más o menos empíricamente demostrado en el hecho de que, durante la presidencia de Mauricio Macri -que no era un “trumpista” de la primera hora- el FMI, ordenado por el propio Trump, le aprobara un préstamo récord de 44 mil millones de dólares. En realidad a los gobiernos de la región les va mejor con los presidentes republicanos, ya que suelen poner más atención en esta parte del mundo. Pero en el caso de la Argentina, el impacto del triunfo del blondo de Florida, permitió que se continuara con la tendencia alcista de los bonos, de las acciones de empresas argentinas y se desplomara el riesgo país. Sin duda, irónicamente, Milei y Trump son las dos personas más felices en este momento.

Pero esto, recién empieza.