OPINIÓN

Asumió Trump, miedo que congela

martes 21 de enero de 2025

La tierna nueva irrupción de Donald Trump en el mundo llenó de preocupaciones a muchos, no solamente en ese país, sino en todo el planeta. Si bien es un conocido de todos y, a decir verdad, alguien que suele cumplir al menos en lo discursivo con lo que promete en campaña (por desgracia) Trump, ahora, y a diferencia de su primer mandato, asume con la mayoría en la Cámara de Representantes, un mismo espacio político en el Senado, y una Corte de Justicia llamada “conservadora”, lo que supone poca resistencia del Poder Judicial a casi cualquier cosa que se le ocurra al mandatario número 47 de Estados Unidos. En sus primeros trazos, ya hay lindos gestos: indultó a casi 1.500 violentos que tomaron y casi quemaron el Capitolio tras su derrota en la elección de 2020; dijo que restringirá el derecho de los hijos de inmigrantes nacidos en ese país a convertirse en ciudadanos, y que deportará "millones y millones" de "criminales extranjeros"; también anunció una lucha contra el “progresismo woke” y remarcó que para su administración sólo existen dos géneros, el masculino (primero, obvio), y el femenino; dijo que declarará una "emergencia nacional" para ampliar las perforaciones de petróleo y avisó que se retirará del Acuerdo climático de París, que limita las emisiones de gases contaminantes. Todo ocurrió frente a casi 2.000 personas que lo vieron asumir bajo techo, lo que no es común, gracias a los 11 grados bajo cero de sensación térmica que congelaban Washington. Tremendo simbolismo: frío polar en el clima, y lo mismo en millones de personas que no estaban ahí, pero que seguro sienten congelada la espalda luego de escuchar a tremendo personaje.

Entre los asistentes había muchos políticos bondadosos y empáticos, como la primera ministra italiana Georgia Meloni y el bueno del salvadoreño Nayib Bukele, pero también un cúmulo de misericordiosos ejecutivos que pueden ser un indicador de lo que se viene para Estados Unidos y, muy probablemente, para el resto del mundo: Elon Musk, de Tesla; Tim Cook, de Apple; Mark Zuckerberg, de Meta; Jeff Bezos, de Amazon; Sundar Pichai, de Google, y Shou Zi Chou de TikTok. Este último, quizás el más interesado, luego de que el platinado nuevo mandatario del país más poderoso del mundo (que tiene 334,9 millones de personas) dijera el domingo antes de su asunción que suspenderá la ley que prohíbe TikTok y propuso que la plataforma sea controlada en un 50% por accionistas norteamericanos. La red había sido inhabilitada por la Corte Suprema y estuvo algunas horas sin funcionar. Tras el anuncio del magnate devenido en político, la aplicación volvió a la vida en ese país. El gigante chino ya tiene prohibiciones en varios continentes, y en Estados Unidos hubo debate por el manejo de la información privada que pude hacer China, enemigo comercial y geopolítico del país del Norte de América.

Pero más allá de esos “detalles”, lo que indica la presencia de esos empresarios en la asunción de Trump y el anunciado apoyo de esas empresas, es que ese Gobierno podría ampliar las ya lastimosas verdades a medias, de las que ¿goza? este mundo desde hace mucho tiempo, y que son una característica de los gobiernos que se inclinan demasiado a las bandas de derecha o de izquierda. No importa si ocurrió, importa que la gente lo crea. Así se ganan elecciones. De esa forma, por ejemplo, el propio Trump para defender su política de echar inmigrantes, había denunciado en la campaña que había personas originarias de otros países que, en suelo yankee, se comían a sus mascotas para sobrevivir. Algo que proliferó en redes sociales pero que las autoridades de cada región aludida por el rubio habían negado categóricamente. Un par de ejemplos sanjuaninos que puede servir para afirmar la idea de la realidad a medias: más de uno pensó varias veces, hace algunos años, que la megaminería modificó el clima por el uso del agua o los “agujeros” en la montaña, algo ridículo si se piensa dos segundos, pero que llenó horas de debates. También muchos suponen hoy que los llamados “rompetormentas” son los culpables de la sequía, lo que no tiene respaldo científico alguno. Sólo por mencionar dos estupideces cercanas.

Este nuevo tiempo, probablemente más que nunca en la historia de la humanidad, no se repara en verdades; si no en suposiciones creídas por masas. Las redes sociales son motor y combustible de esa mala forma de vivir y tomar decisiones. Trump, además del Poder Legislativo y la Corte, también podrá sacudir la opinión de los norteamericanos de la mano de los ejecutivos que lo fueron a escuchar ayer.

Un ejemplo de ese miedo es el uso de la palabra “woke”. El término no tiene traducción exacta al español, pero se pude decir que es una manera despectiva de tratar a aquéllas personas que piensan más en el conjunto que en lo individual, que combaten la desigualdad social, por ejemplo, en relación a la orientación sexual y el género. Que apoyan a las minorías, que pueden ser de inmigrantes, ahora en jaque tras la asunción del lindo y tierno de Trump.

Según distintos sitios de internet, la frase completa y original es “stay woke” que significa “mantente despierto”. De hecho, woke es despierto en español, aunque esa traducción no alcanza a dimensionar el sentido en el que se usa esa palabra en la actualidad, por eso se dice que no tiene paralelismo en este idioma. Esas fuentes, bien vale reiterar, distintas en la web, aseguran que las palabras “stay woke” nacieron en los años 30 en Estados Unidos como un movimiento de afroamericanos para defenderse de ataques racistas que, dicho sea de paso, aún existen en ese país. Incluso Trump hizo campaña contra el progresismo woke. Al asumir confirmó esa propuesta y habló de que su administración reconocerá solamente dos géneros, masculino y femenino, marginando de las políticas públicas a millones que tienen otra orientación y que requieren de alguna asistencia del Estado, ya sea en salud o para sobrellevar de alguna forma los seguros ataques que reciben por su orientación. Distintas consultoras, en informes publicados por medios, aseguran que creció el rechazo al término woke y, en consecuencia, hacia las personas que lo defienden. En resumen, Trump pudo dar vuelta algo positivo pero amenazante a sus ideas, en ayuda de su campaña. Las redes son y serán motor (quizás más ahora) de cambiar la percepción de la opinión pública sobre esos movimientos, aunque sean positivos como el nacido a comienzos del siglo pasado, para defender a los afroamericanos. No le sirve a Trump que haya un movimiento humano que no pueda controlar.

Si bien distintos expertos aseguran que habrá que esperar los primeros pasos ya con Trump en el Salón Oval, y refieren a la anterior gestión, donde hubo mucho ruido y pocas nueces, lo primero que se viene a la cabeza tras la asunción de ayer es la realidad de que alguien con ideas muy poco humanas, tenga la suma del poder público y político en una potencia que muerde huella en el concierto mundial. Lo más trágico es que logró el voto de 77 millones de ¿ciudadanos? No es Javier Milei dirigiendo la Argentina, o Meloni en Italia; es Trump con todo el poder en Estados Unidos. Quien no sienta miedo, no es de esta especie.