Expectativa

Ruth Díaz, la árbitra que encontró en su padre el impulso para llegar a AFA

Su vínculo con el arbitraje comenzó durante la infancia, cuando acompañaba a su papá a las canchas. Después de años de formación y sacrificios, alcanzó un reconocimiento que todavía le cuesta asimilar y que marca un antes y un después en su carrera.
Por Redacción 0264Noticias

La historia de Ruth Díaz con el arbitraje comenzó mucho antes de que tomara un silbato por primera vez. Su padre, árbitro desde hace 25 años, fue quien la acercó a las canchas y le transmitió la pasión por una profesión que terminaría convirtiéndose en parte fundamental de su vida. En diálogo con 0264 Noticias, la árbitra comentó como esa relación con el fútbol la llevó a convertirse en la primera árbitra sanjuanina en firmar un contrato laboral en relación de dependencia con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Sus primeros pasos llegaron cuando tenía 17 años, casi 18. Fue su padre quien le propuso desempeñarse como asistente en un torneo libre que él dirigía. Desde entonces, comenzó a construir su propio camino, con una premisa que aprendió en su casa: hacerse responsable de su trabajo y destinar sus primeras ganancias a los elementos que necesitaba para seguir creciendo. Desde un bolso hasta los botines, cada compra representaba una inversión en su futuro.

Su formación profesional comenzó en 2018, con un instructor, aunque su padre fue su primer maestro. Inició su recorrido en la Liga Sarmientina, donde permaneció casi dos años, hasta la interrupción de la actividad por la pandemia. Cuando volvió el fútbol, se incorporó a la Liga Sanjuanina y continuó sumando experiencia en distintas categorías: "Entre los partidos que más conmemoro son mis primeros encuentros en cada división y mi participación en el Torneo Regional, en el cruce entre Belgrano y Árbol Verde de Jáchal", recordó.

Sin embargo, el crecimiento profesional también estuvo acompañado de dificultades. Para Ruth, uno de los principales desafíos fue enfrentar los prejuicios hacia las mujeres dentro de las canchas. En sus primeros años, recuerda que debía lidiar con comentarios que ponían en duda sus conocimientos futbolísticos por el solo hecho de ser mujer: "La situación se hacía más evidente en algunas ligas alejadas de la Capital, donde la aceptación era más difícil. Con el tiempo, aprendí a manejar esas situaciones y a sostener mi trabajo a partir de la preparación y la seguridad en cada decisión", afirmó.

Lee también: La sanjuanina que cruzó el océano en plena pandemia para apostar por el vóley

En ese recorrido, su padre se convirtió en su principal apoyo, acompañado por sus instructores, su familia y su pareja. Aunque varios de sus seres queridos no comparten su pasión por el fútbol, siempre estuvieron presentes para verla dirigir. A cambio, la profesión le exigió importantes sacrificios: "Perderme reuniones y acontecimientos familiares, cuidar mi alimentación y mantener una preparación constante fueron mis desafíos. Con el tiempo me acostumbré, pero al principio era muy difícil". Para ella, arbitrar implica mucho más que estar en una cancha y también requiere disciplina, templanza y la capacidad de controlar las emociones bajo presión.

En 2024, llegó a pensar en abandonar la actividad. El arbitraje, que antes le permitía dejar de lado los problemas cotidianos, se había convertido en una fuente de estrés. Fue entonces cuando habló con su padre, quien le aconsejó tomarse unos meses de descanso. En medio de ese período, recibió un correo electrónico del área de Recursos Humanos de AFA que no esperaba. Al principio, no entendió de qué se trataba y consultó a un árbitro que ya tenía contrato. Después habló con Sebastián Precioso, presidente de la asociación, quien le explicó que se estaban otorgando pasantías.

La noticia desató una emoción que todavía recuerda con claridad. Cuando se encontró con su padre, ambos se abrazaron y rompieron en llanto. Después de tantos años de esfuerzo, el reconocimiento llegaba justo cuando había considerado dejar el arbitraje. “Todavía no caigo”, reconoció. Para Ruth, es la confirmación de que vale la pena seguir luchando por aquello que desea. Con 27 años, firmará por cuarta vez las pasantías que brinda la institución.