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Los chicos de Caucete que quedaron entre los mejores del país en informática y robótica ya piensan en volver a competir

Viajaron a Buenos Aires para participar de una competencia nacional organizada por una universidad privada. La profesora Romina Corriente contó a 0264Noticias el esfuerzo detrás de los proyectos y la emoción de ver a sus alumnos querer ir por más.

El viaje empezó mucho antes de subir al colectivo. Hubo horas frente a una computadora, pruebas que no siempre salieron como esperaban, ideas que tuvieron que corregir y tiempo extraescolar dedicado a proyectos que, poco a poco, dejaron de ser una consigna de clase para convertirse en un desafío propio.

Cuando los cinco estudiantes de la EPET N.º 1 de Caucete llegaron a Buenos Aires para participar de una competencia nacional de informática y robótica, llevaban todo ese trabajo con ellos. También los nervios de una final, la expectativa por mostrar lo que habían aprendido y la oportunidad de conocer una ciudad que, para todos ellos, era completamente nueva.

Volvieron con un cuarto puesto nacional en Programación y un quinto lugar en Robótica. Pero, al hablar con su profesora, Romina Corriente, aparece algo que va más allá de los resultados: los chicos terminaron la experiencia con ganas de volver a competir. Y para una docente, despertar esas ganas puede ser tan importante como cualquier premio.

Los alumnos prepararon sus proyectos y ahora piensan en volver a competir.

 

La idea surgió a partir de los contenidos que estaban trabajando en la escuela. Romina contó a 0264Noticias que ella ya conocía la Olimpiada Federal de Informática y Robótica (OFIRCA), organizada por la Universidad Abierta Interamericana. Fue por eso que decidió proponerles a sus alumnos inscribirse y fue así que comenzó un proceso que contó con compromiso, investigación y muchas horas de trabajo.

La respuesta de los estudiantes fue mejor de lo que esperaba. La mayoría se entusiasmó con la propuesta y se sumó al desarrollo de los proyectos, incluso fuera del horario escolar.

En casa de una de las alumnas, se montó "el búnker" de trabajo fuera de las horas de clases.

“Me siento muy orgullosa de mis alumnos y satisfecha con su trabajo”, contó la profesora. Pero su satisfacción no es solamente por los puestos que consiguieron, sino por lo que pudo ver en ellos durante el proceso.

Hay algo que Corriente destacó especialmente de su tarea que va mucho más allá de los contenidos. Es que en el día a día aprendió ella a conocer a los estudiantes, encontrar qué los moviliza y ofrecerles una oportunidad para demostrar lo que saben hacer.

“Uno va conociendo al alumno, pero si vos les das un objetivo y libertad, ellos desarrollan sus capacidades y las muestran. Tenemos sorpresas tan gratificantes y quedan a la vista con este tipo de motivaciones”, reflexionó.

Docente que se inició enseñando matemáticas, hace una década, hoy su tarea está enfocada en Informática. Su mirada pone el foco en una parte de la educación que no siempre se ve desde afuera. Porque no se trata únicamente de enseñar contenidos, tomar evaluaciones o esperar resultados. En su voz es escuchaba el orgullo de saber que encontró la manera de despertar el interés de sus alumnos que sorprendieron a todos.

Los nervios de la final y la confianza en el trabajo realizado

La competencia tuvo sus momentos de tensión. Después de superar las instancias virtuales, los equipos debieron enfrentarse a una consigna sorpresa que tenían que resolver en tres horas. Durante ese tiempo trabajaron sin sus docentes y luego defendieron sus desarrollos ante el jurado.

Corriente sabía que los nervios podían jugarles en contra. “Los alenté para que defendieran lo que habían trabajado y aprendido”, recordó y les pidió que confiaran en todo lo que habían aprendido a lo largo del proceso.

Y era entendible que haya nervios ya que hubo más de 500 proyectos de todo el país, que en palabras de la profesora, eran de muy buen nivel. Los chicos tenían que explicar sus ideas, mostrar sus desarrollos y sostener sus decisiones frente a personas que estaban evaluando sus conocimientos.

Fue allí que todo lo que habían trabajado, las horas invertidas, cobró sentido porque no era solo haber desarrollado el videojuego o el robot, también tenían que perder el miedo y animarse a contar qué habían hecho y por qué.

La profesora contó que todos los estudiantes pertenecen a familias trabajadoras. Y al llegar a Buenos Aires se encontraron con muchas escuelas de enseñanza privada, en su gran mayoría que estaban participando. Sin decirlo, pero dando este detalle, destacó la importancia de las escuelas técnicas y la educación pública.

El grupo viajó el 14 de octubre y tuvo dos días intensos. Acompañados por los profesores Romina Corriente y Christian Pineda, aprovecharon cada momento para conocer la ciudad ya que era la primera vez para todos los estudiantes.

“Les faltaban ojos para ver”, resumió Romina, al recordar el entusiasmo con el que los chicos recorrían la ciudad. Viajaron en subte, hicieron un recorrido turístico, conocieron las canchas de Boca y River y se sacaron la clásica foto frente al Obelisco. La experiencia los llenó de anéctodas, incluso la posibilidad de vivir una tormenta intensa en Buenos Aires y ver cómo los paraguas que había comprado, se vencían ante la fuerza del viento y de la lluvia. La situación los hizo reir hasta el cansancia y la foto frente al Obelisco, siempre los llevará a contar esa historia.

Corriente destacó también el acompañamiento de otros docentes, entre ellos Daniel Paredes, el director de la institución, que colaboró para que los equipos pudieran llegar a la instancia presencial y competir, además del Ministerio de Educación.

Y los chicos regresaron con proyectos que todavía quieren mejorar y otras ideas que les gustaría desarrollar y mostrar. Tanto así que la profesora pudo comprobar que terminar la competencia no significó el final del entusiasmo.

“Ver cómo se quedaron con ganas de más y despertar eso como docente es hermoso”, expresó. Es que los estudiantes ya quieren volver a participar el año próximo. Quedaron con ganas de más, de seguir probando y de volver a enfrentarse a desafíos que los obliguen a aprender cosas nuevas. 

“El verdadero desafío de un docente no es tener un alumno perfecto y brillante. Es fácil ser docente así. El verdadero desafío es ver cómo motivarlos”, sostuvo. Es que frente al aula como docente Corriente contó que ella se propone descubrir  cómo acompañarlos para que puedan desarrollar sus capacidades. Y destacó el entusiasmo de esos alumnos que dedicaron las horas extras a sus proyectos, el esfuerzo de las familias, los docentes que acompañaron el proceso y en esas ganas de volver a intentarlo.

Los proyectos con los que llegaron a la final nacional

Los estudiantes participaron de la IV Olimpiada Federal de Informática y Robótica (OFIRCA) 2026, organizada por la Universidad Abierta Interamericana.

En Programación, el equipo Furydevelopers, integrado por Gonzalo Arena y Juan Pablo Lo Mónaco, obtuvo el cuarto puesto nacional con un videojuego educativo para estudiantes del segundo ciclo de Primaria. El desarrollo cuenta con más de 3.000 líneas de código e incorpora un modo de alto contraste para facilitar su uso por parte de personas daltónicas.

En Robótica, Tecnobots, integrado por Lourdes Pastén, Yazmín Becerra y Roberto Ignacio Balmaceda, alcanzó el quinto puesto con un robot guía turístico con forma de dinosaurio. El dispositivo brinda información sobre puntos turísticos de San Juan, puede interactuar en distintos idiomas e incorpora funciones vinculadas con la seguridad y la accesibilidad.

Ambos equipos llegaron a la final presencial después de superar las rondas virtuales y competir entre cientos de proyectos de todo el país.

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