Negociaciones

Tras el paro del transporte, el Gobierno abrió una negociación con los gremios aeronáuticos para desactivar otra protesta en diciembre

El acercamiento se da luego de la huelga impulsada por el ala dura de la CGT.
Tras el paro del transporte, el Gobierno abrió una negociación con los gremios aeronáuticos para desactivar otra protesta en diciembre
Tras el paro del transporte, el Gobierno abrió una negociación con los gremios aeronáuticos para desactivar otra protesta en diciembre
sábado 02 de noviembre de 2024

Tras el paro de 24 horas del transporte,  el Gobierno reabrió el diálogo con los sindicatos aeronáuticos,  en una carrera contrarreloj, para  desarticular una ola de protestas  en el sector que podría  coincidir  con el comienzo de las vacaciones de muchos argentinos, en diciembre próximo.

La convocatoria fue del secretario de Transporte,  Franco Mogetta,  que llamó a  Pablo Biró,  titular del gremio de pilotos, ya  Juan Pablo Brey,  líder de los avionesgantes, los dos dirigentes más duros, además de  Edgardo Llano,  de la Asociación del Personal Aeronáutico. (APA), y  Rubén Fernández,  de la Unión del Personal Superior y Profesional de Empresas Aerocomerciales (UPSA), para reunirse este viernes con autoridades de  Aerolíneas Argentinas  y con el vicepresidente de Gabinete,  José Rolandi.

Por ahora, desde ambos sectores hay voluntad de hablar, pero los sindicalistas aseguran que no recibieron ninguna oferta salarial. Las conversaciones seguirán el lunes próximo. Parece un  avance  en medio del feroz conflicto, aunque puede durar poco: la semana próxima, la  Mesa Nacional del Transporte  deliberará para hacer un balance del paro del miércoles y para delinear cómo continuar el plan de lucha: se va afirmando la posibilidad de hacer  otra huelga antes de fin de año.

Hay  diferencias  entre los miembros de la Mesa: algunos son partidarios de  esperar  antes de reanudar las protestas, conscientes de que acelerar el plan de lucha puede ser  contraproducente.  Es que, a este ritmo, ¿harán un paro por semana? ¿Cómo se lo explicarán a los pasajeros que quieren viajar? Con esa preocupación en la mira, pilotos y aeronavegantes cumplirán este lunes, a las 12, otra  jornada de “concientización”:  afiliados de ambos sindicatos  se acercarán a la gente en Aeroparque y Ezeiza  para  explicar  por qué están en conflicto y  repartir volantes  en los que se detallan sus reclamos.

Otros sindicalistas, en cambio, quieren  apurar  una nueva medida de fuerza para tratar de sensibilizar al Gobierno. Imaginan un paro en  diciembre, con todo lo que eso significa en materia de trastornos para los usuarios por la combinación de las fiestas y de las vacaciones. De manera informal, algunos hablaron de  paros escalonados en donde cada gremio mando las medidas de fuerza.

Con el llamado de Mogetta a la mesa de diálogo con los aeronáuticos, el Gobierno dejó en evidencia que la huelga de este miércoles  no le pasó inadvertida,  más allá de que  no pudo extenderse,  como buscaban sus organizadores, porque no adhirieron los colectivos ni otros sectores de la sociedad. No apoyó la protesta, sobre todo, el  sector dialoguista de la CGT, que  no se solidarizó  con los reclamos de Camioneros, pilotos, aeronavegantes, maquinistas de locomotoras, empleados del subte, marítimos, portuarios y fluviales que organizaron el paro de 24 horas y que también integran la central obrera. Solo hubo, tardíamente, un comunicado cegetista para  condenar el mensaje difundido por el Gobierno desde la app Mi Argentina  contra el paro del día 30. Y apenas en una línea del último párrafo se destaca que “los trabajadores tienen  derecho a ejercer el derecho a huelga”.

Los moderados de la CGT y los duros del transporte son hoy las  dos caras  del sindicalismo. Y cada vez que pueden, ponen al desnudo sus posturas diferentes sobre la relación con el Gobierno. Este lunes, incluso, se producirá un  gesto  que profundizará más todavía esas diferencias porque dirigentes de la Mesa Nacional del Transporte  convocaron a una reunión de una de las confederaciones que los grupos, la CATT (Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte),  que está desactivada: su titular,  Sergio Sasia  (Unión Ferroviaria), es uno de los adalides del sindicalismo dialoguista.

Por esas diferencias internas, precisamente,  Pablo Moyano  (Camioneros),  Pablo Biró  (pilotos),  Juan Pablo Brey  (aeronavegantes),  Juan Carlos Schmid  (Dragado y Balizamiento) y  Raúl Durdos  (SOMU) se  apartaron  de la CATT para crear la Mesa Nacional del Transporte, con dos miembros de una entidad rival como la Unión General de Asociaciones Sindicales de Trabajadores del Transporte (UGATT),  Omar Maturano  (La Fraternidad) y  Roberto Fernández  (UTA). Ahora, en su carácter de secretario adjunto de la CATT,  Schmid  citó este lunes a una reunión de sus integrantes para  descongelar  la actividad de la confederación y, en el fondo, para  desafiar  un liderazgo de Sasia que cuestionan sus colegas.

El que motoriza la ofensiva contra Sasia es  Pablo Moyano,  un dirigente que, en una característica poco apropiada para su actividad, no sabe bajar la velocidad, apretar el freno ni detenerse ante señales de peligro. Si sigue así, creen algunos de sus adversarios,  puede chocar:  no logró que el paro del transporte se convirtiera en una  huelga general  y, para colmo, la explosiva alianza de distintos sectores que buscó para reforzar la protesta lo dejó a merced de los grupos más radicalizados.

El hijo de Hugo Moyano puede quedar atrapado en un  esquema de paros permanentes,  pese a que se jacta de  no sentarse  a dialogar  con el Gobierno y, a la vez, se  beneficia  del diálogo que mantiene con el Gobierno (nacional y porteño) tanto sus rivales cegetistas como su propio papá. Su postura irreductible le sirve más a  Cristina Kirchner,  que busca legitimarse como la jefa del antimileísmo.

Pablo Moyano tiene  menos predicamento interno  que su papá, resistido por haber aprovechado para sí mismo y su gremio, su relación privilegiada con Néstor Kirchner. Y, a diferencia de Hugo, sus rivales creen que  se le nota demasiado su afinidad con Cristina Kirchner y La Cámpora.  Por eso el fantasma de CFK está  sobrevolando  en estas horas la feroz interna de la CGT. Para sus adversarios, el hijo de Moyano extrema su rol de opositor para  favorecer el armado político  de la exvicepresidenta, donde los dialoguistas son uno de sus principales  obstáculos  para  desgastar  al jefe del Estado.

“Milei está haciendo lo que prometió en la campaña y lo que la gente votó;  aunque no nos guste, no podemos oponernos a todo a menos de un año de gestión”,  reflexionó ante Infobae,  un jefe dialoguista, con mucha resignación. En el fondo, de todas formas, los moderados de la CGT buscan que su voluntad negociadora sea  recompensada  por Milei, casi como  Carlos Menem  premió en su momento a los sindicalistas que apoyaron las privatizaciones o su vuelo al liberalismo.

Incluso son casi los mismos:  Héctor Daer,  el líder de Sanidad que sucedió a una figura del dialoguismo sindical como Carlos West Ocampo;  Armando Cavalieri,  el eterno y pragmático líder de Comercio, y los ex “jóvenes brillantes” del ubaldinismo, como se conoció a fines de los años 80 a  Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez  y  José Luis Lingeri,  que también terminaron apoyando a Menem.

Tras el paro del transporte, le toca al sector dialoguista  revalidar sus títulos  mediante algo  concreto  que puedan exhibir como un logro por su acercamiento al Gobierno. Está pendiente el primer encuentro de la  comisión técnica tripartita  que intentará acordar la reglamentación del artículo  antibloqueos. Y también se debería destrabar el debut de la  mesa de diálogo con la CGT y los empresarios del Grupo de los 6.  Quizás esos postales no alcancen si la propia Casa Rosada  no premia  a quienes aceptan negociar y las  diferencias  de quienes solo saben ir a la protesta. Si no, los dialoguistas se convertirán en duros y los duros en combativos, en un escenario de  final impredecible.

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