OPINIÓN: POR DIEGO NAZARENO

Litio, cobre y federalismo: una oportunidad estratégica en tiempos de tensiones globales

Tras Donald Trump imponer nuevos valores a los aranceles del cobre refinado extranjero, se modificó el panorama geoeconómico de América Latina, teniendo la Argentina una oportunidad histórica.
miércoles 16 de julio de 2025

La reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de imponer un arancel del 50% al cobre refinado extranjero -con el argumento de seguridad nacional- no solo remeció los mercados internacionales, sino que también reconfigura el tablero geoeconómico para América Latina. El anuncio, que excluye de la penalización al cobre en concentrado, apunta directamente a la dependencia global de China en refinación y al objetivo estadounidense de fortalecer su autonomía industrial. Chile, Canadá y México ya gestionan exenciones, mientras las mineras de la región aceleran envíos antes del 1 de agosto.

Este nuevo capítulo en la guerra comercial, reactivada con fuerza por el expresidente Trump, pone en primer plano un recurso esencial para el siglo XXI: los minerales estratégicos. Litio, cobre, tierras raras y otros insumos críticos ya no son meras materias primas: son activos geopolíticos, vectores de soberanía tecnológica y motores de desarrollo económico.

Diego Nazareno, Abogado Magíster en Derecho Administrativo

En este contexto, Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica. La reciente constitución de la Región del Litio entre Salta, Jujuy y Catamarca no solo marca un hito jurídico —como lo explica el profesor Martín Ignacio Plaza en su artículo publicado en la Revista de Derecho Administrativo—, sino que configura un modelo federal de gobernanza de los recursos naturales.

La región como herramienta constitucional

La posibilidad de conformar regiones con fines de desarrollo económico y social fue introducida en la Constitución Nacional a través de la reforma de 1994 (art. 124). Sin embargo, recién en 2022 se plasmó por primera vez en un tratado interprovincial que creó la Región del Litio, dando lugar a una figura que no tiene precedentes institucionales en la historia argentina reciente.

Como señala Plaza, esta herramienta permite que las provincias, sin delegar soberanía, coordinen políticas públicas, regulen la explotación de recursos y potencien el desarrollo económico desde una lógica regional y no centralista. A diferencia de modelos europeos como el italiano o español, donde las regiones poseen autonomía legislativa, la figura argentina limita sus competencias al plano administrativo y al desarrollo social y económico.

Litio y cobre, bajo la lupa global

La explosión de la demanda de litio y cobre en el marco de la transición energética y la digitalización ha hecho de estos minerales objetos de disputa estratégica. El litio, abundante en el noroeste argentino, está en el corazón de las baterías que impulsan vehículos eléctricos, dispositivos móviles y sistemas de almacenamiento energético.

El cobre, por su parte, es insustituible en la fabricación de semiconductores, redes eléctricas y componentes de defensa. La reciente imposición de aranceles por parte de EE.UU. sobre el cobre refinado revela cuán sensible se ha vuelto el control de la cadena de valor de estos recursos. Paradójicamente, ese mismo patrón puede repetirse con el litio: ¿quién lo extrae, quién lo refina, quién lo industrializa?

Argentina: entre la oportunidad y la urgencia

En este contexto, el caso de la Región del Litio debe ser interpretado no solo como una innovación institucional, sino como una estrategia de inserción inteligente en la economía global. Mientras algunos países sufren las tensiones comerciales como daños colaterales, otros pueden aprovecharlas para consolidar posiciones clave en las cadenas de suministro estratégicas.

Pero para ello, hace falta más que geología: se requiere coordinación jurídica, visión política y planificación económica. La experiencia reciente en torno al cobre demuestra que los mercados reaccionan con anticipación, y que los actores con poder de refinación o normas claras de cooperación tienen ventajas decisivas.

Argentina debe evitar caer en la trampa del "extractivismo bobo": vender materia prima sin integrar valor, ni dejar fuera una gobernanza sólida. La figura de la región interprovincial ofrece un modelo alternativo: una federalización real del desarrollo, basada en acuerdos voluntarios, control local de los recursos y cooperación entre pares.

¿Y ahora qué?

Frente a un mundo que redefine sus alianzas comerciales y estratégicas, la ventana de oportunidad es estrecha. Las tensiones con China, los aranceles al cobre, los cuellos de botella en la producción de baterías y la presión sobre las tierras raras auguran una década convulsionada. Quien domine las cadenas de valor —y no solo el subsuelo— dominará también el futuro.

Argentina —y particularmente San Juan— deben actuar con celeridad e inteligencia. El litio y el cobre no esperan. Y el federalismo, como bien lo señala Plaza, no debe ser un obstáculo, sino una ventaja estructural para articular desarrollo, justicia y soberanía.

La disputa por el control de los recursos naturales en Argentina tiene raíces profundas. Antes de la reforma de 1994, la Constitución no establecía de forma clara a quién pertenecían los recursos. Esto generó conflictos entre la Nación y las provincias, que solo comenzaron a resolverse con fallos de la Corte Suprema. El artículo 124 introducido en 1994 zanjó el debate al establecer el dominio originario de las provincias sobre los recursos naturales en su territorio.

Este dominio, sin embargo, no es absoluto. La Nación mantiene facultades concurrentes en cuestiones como comercio exterior, defensa, transporte interjurisdiccional o protección ambiental (art. 41 y 75 CN). Así, el federalismo minero argentino se asienta sobre un delicado equilibrio institucional.

La Mesa del Litio: una prueba de federalismo

La creación de la Región del Litio y de la Mesa del Litio —espacio de coordinación entre Salta, Jujuy y Catamarca desde 2021— son manifestaciones prácticas de este federalismo cooperativo. A través de comisiones técnicas, las provincias articulan normas comunes, estrategias de desarrollo y mecanismos de atracción de inversiones. Es un ejemplo concreto de cómo el federalismo puede generar instituciones innovadoras sin erosionar la soberanía provincial.

Datos duros, potencial real

En 2023, Argentina exportó USD 4.060 millones en minerales, mientras que Chile —con la misma cordillera— exportó USD 52.460 millones. En el primer trimestre de 2025, las exportaciones argentinas alcanzaron USD 1.315 millones (+51,9% interanual), el mejor registro desde 2012. Si se concretan los proyectos en carpeta, se proyectan hasta USD 19.000 millones en exportaciones mineras al 2030.

Esto requiere inversiones por USD 6.000 millones anuales y la activación de al menos 10 proyectos de litio y 3 de cobre. El desafío, entonces, no es geológico, sino político y organizacional.

La licencia social como condición del desarrollo

Uno de los elementos clave para el desarrollo minero es la licencia social. A diferencia de los permisos legales, esta no se otorga, se construye. Se basa en la confianza, la transparencia y la participación comunitaria. Su ausencia puede hacer fracasar proyectos incluso viables y legales.

La Mesa del Litio ha incorporado este eje como parte de su estrategia, promoviendo instancias de diálogo con comunidades, estándares ambientales altos y participación de proveedores locales.

Una oportunidad internacional

En agosto de 2024, Argentina firmó un memorándum con EE. UU. y se sumó a la Minerals Security Partnership para diversificar el abastecimiento de litio y cobre fuera de China. En 2025 hizo lo propio con Canadá. Esto posiciona al país como proveedor estratégico de minerales críticos en un mundo que busca reducir dependencias.

La creación de regiones mineras y marcos de cooperación provinciales puede ser la clave para insertarse con inteligencia en estas cadenas globales. No se trata solo de vender litio y cobre: se trata de integrarse a una economía verde con valor agregado, estándares ambientales y desarrollo territorial.

San Juan: el momento de liderar

En un país donde el federalismo ha sido muchas veces un principio declamado, pero pocas veces ejecutado, San Juan tiene hoy la posibilidad concreta de encarnar una nueva etapa: la del federalismo productivo, con planificación, inversión y protagonismo real. No se trata solo de tener cobre en el subsuelo: se trata de tener la madurez institucional, la licencia social y la visión estratégica para convertirlo en desarrollo.

Mientras otras provincias comienzan a organizarse en torno a sus recursos críticos, San Juan ya tiene parte del camino recorrido. Su tradición minera, su infraestructura y sus proyectos de clase mundial la colocan en la primera línea de una agenda que no espera. Pero esa ventaja geológica debe transformarse en influencia política: liderar consorcios regionales, articular con otras provincias cordilleranas, sentarse con voz propia en las mesas donde se define el futuro energético del país.

La historia no suele ofrecer segundas oportunidades. Y esta, para San Juan, es más que una chance económica: es una responsabilidad política. Ser vanguardia de un nuevo modelo federal que no dependa de Buenos Aires ni repita las viejas fórmulas extractivas. Un modelo que integre valor, respete territorios y construya soberanía desde el interior profundo.

El litio y el cobre no esperan. Y el federalismo, lejos de ser un obstáculo, puede ser la herramienta institucional que permita articular desarrollo económico, justicia territorial y soberanía. Para ello, Argentina debe mirar más allá del subsuelo: debe construir gobernanza, legitimidad social y visión estratégica.

Además, la mirada institucional aportada por Flavia Royón —especialista en políticas mineras— complementa este enfoque, destacando la necesidad de fortalecer la gobernanza provincial, asegurar licencias sociales y promover una minería sustentable como motor del desarrollo regional y de la transición energética.

Temas de esta nota