HISTÓRICO

La NASA superó una prueba decisiva y la vuelta del hombre a la Luna, que utilizará un satélite argentino, sería en marzo

Artemis II completó el ensayo general del cohete SLS y la nave que llevarán astronautas más allá de la órbita terrestre por primera vez desde 1972, un paso clave hacia una nueva era de exploración espacial. Se utilizará el Atenea, producido en nuestro país.
viernes 20 de febrero de 2026

El regreso de astronautas al entorno de la Luna dejó de ser una promesa lejana y pasó a ser un objetivo inmediato. La NASA completó con éxito el ensayo general más importante de la misión Artemis II que orbitará la Luna con cuatro astronautas a bordo, una prueba integral del cohete y todos los sistemas de lanzamiento.

Este logro abrió la puerta a un despegue en los próximos días y marcó el mayor avance hacia el retorno humano al espacio profundo en más de medio siglo.

La misión llevará a cuatro astronautas a rodear la Luna y regresar a la Tierra en un viaje de 10 días. Cabe destacar que, durante el viaje se empleará el satélite argentino Atenea, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), desarrollado en conjunto con la empresa argentina VENG S.A., además del Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA).

El ensayo exitoso confirmó que los sistemas funcionaron dentro de los márgenes previstos y permitió que la tripulación iniciara la cuarentena obligatoria antes del lanzamiento.

Este paso representó el último gran examen antes de autorizar el vuelo real. La misión se convirtió así en el puente entre los ensayos y la exploración humana efectiva.

El momento decisivo ocurrió en el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde el enorme cohete Space Launch System (SLS) permaneció en la plataforma mientras los equipos ejecutaron el llamado ensayo general húmedo.

Esta prueba simuló cada etapa previa al lanzamiento real, desde la carga de combustible hasta los segundos finales de la cuenta regresiva. El objetivo consistió en reproducir con exactitud cada procedimiento técnico y verificar que todo respondiera según lo previsto.

Así, los expertos de la NASA comprobaron que el cohete y la cápsula Orion podían soportar el complejo procedimiento de abastecimiento del propelente criogénico. Este combustible, compuesto por hidrógeno líquido y oxígeno líquido a temperaturas extremas, presentó desafíos técnicos importantes en el pasado.

Su manipulación exige precisión absoluta, ya que cualquier variación puede provocar fallas críticas, como las numerosas fugas presentadas a principios de este mes. El ensayo permitió validar el comportamiento del sistema bajo esas condiciones extremas.

Durante la prueba, los equipos cargaron cerca de 2,6 millones de litros de propelente superfrío en las dos etapas del cohete. Esta operación representó uno de los momentos más delicados de toda la secuencia, debido a los antecedentes de fugas detectadas anteriormente. Las pruebas previas obligaron a interrumpir el procedimiento y a rediseñar componentes clave. El nuevo intento permitió confirmar que las mejoras técnicas funcionaron de forma correcta.

Los ingenieros reemplazaron dos sellos defectuosos en la interfaz que conecta las líneas de combustible con el cohete, una zona crítica para la seguridad. El resultado confirmó que la solución funcionó como se esperaba y evitó filtraciones peligrosas.

Según explicó la agencia espacial de EEUU, las concentraciones de futas se mantuvieron dentro de niveles seguros, “lo que dio confianza a los ingenieros en los nuevos sellos instalados en la interfaz que dirige el combustible al cohete”. Este resultado permitió continuar el ensayo sin interrupciones mayores.

El ensayo avanzó hasta los últimos segundos de la cuenta regresiva, cuando el sistema se detuvo de forma deliberada. Ese punto marcó el final planificado de la simulación y permitió validar el comportamiento de todos los sistemas.

Durante ese tramo final, la secuencia automática puso a prueba la capacidad del vehículo para actuar como si el lanzamiento fuera real. Cada etapa permitió confirmar que los sistemas respondieron con precisión.

La agencia describió ese momento clave con precisión técnica: “Durante el conteo terminal, los sistemas automatizados toman el control de las operaciones de cuenta regresiva, se realizan los controles finales de las computadoras de vuelo, los sistemas de purga del motor y el equipo de soporte en tierra, y el cohete pasa a energía interna y la cuenta regresiva continúa hacia el arranque simulado del motor”. Este proceso representa la fase más crítica antes del encendido real. Su éxito confirmó la preparación del sistema completo.

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