FEMICIDIO
A un año del femicidio que estremeció a Calingasta
El 23 de febrero de 2020, Calingasta amanecía con una noticia estremecedora. Pamela Rodríguez, una joven de 17 años, fue asesinada por su ex pareja Ángelo Castillo quien por ese entonces tenía 21 años.
Castillo habría ingresado a la casa de Pamela en horas de la madruga y la apuñaló en el cuello mientras dormía, para luego darse a la fuga.
Fue la madre de la menor quien la encontró herida en su cama, casi desvanecida. Inmediatamente, la llevaron al centro de salud más cercano y mientras la joven era trasladada preguntaba por su pequeño hijo, a quien había dado a luz apenas tres meses atrás.
Al llegar al centro de salud, fue rápidamente asistida pero la joven murió a causa de la profunda herida recibida en su cuello.
Castillo, quien se había dado a la fuga luego de perpetrar el ataque, permaneció prófugo durante algunas horas pero fue atrapado cuando escapaba a través de un descampado. Quedó detenido y desde entonces, pasa sus días en el Servicio Penitenciario Provincial.
En agosto del año pasado, el juez titular del Tercer Juzgado de Instrucción, Guillermo Adárvez, lo procesó por el delito de homicidio doblemente agravado, por lo que podría recibir una condena ejemplar.
A un año de este lamentable hecho, la causa continúa en stand by, sin avances significativos. La familia de Pamela sigue a la espera de una posible fecha de juicio pero el proceso se retrasó por la pandemia, al igual que muchas causas que se frenaron por la inactividad forzada de la Justicia. Se espera que en breve haya definiciones.
Por otro lado, lo último que se supo es que la madre de Pamela, Lorena Rodríguez, estaba luchando por la tenencia de su nieto, el pequeño hijo de Pamela, quien al momento de la muerte de su madre tenía tan solo tres meses y hoy ya tiene más de un año.
El menor se encuentra a cargo de su abuela pero restan definir detalles judiciales para obtener la custodia legal.
Será un pequeño consuelo para un dolor interminable que no cesa desde aquel 23 de febrero en que la vida de Pamela se apagó. O mejor dicho, la apagaron.
M. González