OPINIÓN

2024, un año optimista

domingo 15 de diciembre de 2024

Si intentamos definir este año que se va, yo diría, en principio, que ha sido un año marcado por el optimismo y la esperanza, por diferentes motivos que voy a tratar de sintetizar aquí. Hasta ahora hemos sido optimistas y condescendientes, pero, ¿vamos a tener la misma actitud el año que viene?

El optimismo que prevaleció en los mercados en 2024, tanto en Estados Unidos como en Argentina, marcó un contraste notable con los años anteriores, caracterizados por la volatilidad e incertidumbre. Este cambio en el sentimiento de los inversores y consumidores tuvo raíces en factores económicos, políticos y sociales que lograron disipar, al menos temporalmente, algunos de los temores que habían dominado el panorama financiero.

Comencemos por analizar qué pasó en la mayor economía del mundo: Estados Unidos. A nivel internacional hay cierto optimismo que viene principalmente de USA y la evolución de las empresas tecnológicas. Las acciones de muchas de estas compañías están en máximos históricos (Apple o Nvidia), los índices también acompañan esta mirada (El S&P o el Nasdaq, por citar un par de ejemplos)

Estados Unidos: el impacto de la estabilidad y la innovación

En Estados Unidos, el optimismo fue impulsado principalmente por una recuperación sólida de sectores clave como la tecnología, la energía renovable y la manufactura avanzada. El crecimiento económico se mantuvo robusto, con una tasa de crecimiento del PIB cercana al 3%, superando las expectativas y los miedos iniciales. Este desempeño fue respaldado por un mercado laboral resistente, con niveles de desempleo en mínimos históricos y un incremento moderado pero sostenido en los salarios reales.

El proceso de Soft Landing fue un éxito, se logró dominar la inflación manteniendo una actividad vigorosa, la Reserva Federal logró controlar la inflación sin recurrir a aumentos drásticos en las tasas de interés, lo que brindó estabilidad tanto a los consumidores como a las empresas. La adopción masiva de tecnologías de inteligencia artificial y energías limpias también contribuyó a aumentar la confianza en el futuro económico, ya que muchas empresas reportaron ganancias récord gracias a la eficiencia operativa mejorada.

Por otra parte, el contexto político también jugó un papel crucial. La administración federal logró aprobar reformas fiscales que incentivaron la inversión privada y fortalecieron la infraestructura, generando empleo y mejorando la competitividad del país. Este entorno de estabilidad institucional y políticas claras resultó atractivo para los inversores tanto locales como internacionales.

También ayudó una disminución en el crecimiento de China y en no encontrar por ahora un sustituto, salvo la India.

Argentina: esperanza en medio del ajuste

Pero en Argentina también hay un grado de optimismo, la política fiscal y monetaria del equipo económico del presidente Javier Milei ha mostrado un fuerte compromiso con el superávit fiscal y la no emisión monetaria, así hemos llegado a mediados de diciembre de 2024 con la brecha en cero, una incipiente mejoría economía, control de la inflación y una baja del riesgo país que alientan a las empresas a invertir. En los últimos meses dos empresas han levantado cerca de 1000 millones de dólares en los mercados internacionales, es impresionante lo que está ocurriendo. La pregunta es, qué es lo que tendríamos que decirles a los inversores para que confíen en este optimismo o en la sustentabilidad de las razones para invertir en Argentina.

El sentimiento positivo en los mercados también fue evidente, aunque tuvo un carácter más frágil. Luego de varios años de crisis económica y desequilibrios macroeconómicos severos, el 2024 fue testigo de ciertos avances en la estabilidad fiscal y cambiaria. La implementación de un programa de ajuste acordado con organismos internacionales, combinado con una mejora en los precios de las exportaciones agrícolas, brindó un respiro a las cuentas externas del país.

Tanto el Índice de confianza del consumidor como el Índice de confianza en el gobierno, ambos publicados mensualmente por la Universidad Torcuato Di Tella, han revelado que la mayoría de la gente ha incrementado o mantenido su fé en que su situación personal en lo económico no se va a deteriorar en el futuro y le ha dado al gobierno un voto de confianza después de un año de gestión. Un gran plan que el mercado no compra puede fracasar, el temor era que el mercado (y la gente) no creyera en el plan.

 

En poco tiempo el Sector Público No Financiero, que tenía un déficit fiscal del 5% del PBI, ha conseguido superávit financiero y así, el BCRA que había emitido 13 puntos del producto para financiar al tesoro ya no tiene esa necesidad. En tan sólo un mes se terminó el déficit fiscal y ese compromiso con el equilibrio fiscal se fue viendo en los datos. Hacia afuera, Argentina no tenía credibilidad y esa construcción de credibilidad fue un desafío desde el primer día de la gestión del actual gobierno.

Se está dando un proceso que el gobierno denomina de “dolarización endógena". En la actualidad tenemos un Banco Central que va acumulando reservas en dólares, aunque todavía estamos lejos de niveles aceptables de reserva internacional, en el mes de diciembre superará seguramente los mil millones. Por otro lado, la emisión monetaria quedó fija en la base monetaria amplia (48 billones de pesos). Al no haber más emisión monetaria se está recuperando la demanda de pesos y la demanda del crédito. A su vez, el Tesoro va acumulando reservas en pesos. Ambos fenómenos permiten blindar cada vez más el modelo.

El crecimiento económico, aunque modesto, generó un impacto positivo en la percepción de los inversores. Sectores como el agronegocio y la energía (particularmente Vaca Muerta donde pasamos de un déficit de 5.000 millones de dólares a un superávit de 15.000 Millones de dólares) atrajeron capitales significativos, lo que ayudó a apuntalar las reservas del Banco Central. Asimismo, el fortalecimiento del peso y la desaceleración de la inflación, aunque todavía en niveles elevados, alimentaron la sensación de que la economía había tocado fondo y comenzaba un ciclo de recuperación.

El ámbito político también aportó a esta renovada confianza. Un gobierno más alineado con la comunidad internacional y un Congreso que aprobó reformas clave crearon un panorama de mayor previsibilidad, aunque no exento de tensiones sociales debido al impacto del ajuste en los sectores más vulnerables.

Mirando hacia el 2025: ¿Sostenibilidad o retroceso?

Por lo dicho, el 2025 entonces está cargado de expectativas y eso lo hace un año difícil de predecir, ya que vamos a exigirle mucho al 2025, en principio, vamos a exigirle que todo este optimismo se convierta en realidad.

El año 2025 presenta interrogantes significativos para ambos países. En Estados Unidos, el principal desafío será mantener el crecimiento económico en un contexto global potencialmente menos favorable. Factores como una posible recesión en Europa o Asia, el impacto del cambio climático y los riesgos geopolíticos podrían ejercer presiones sobre la economía. Sin embargo, si se mantiene el ritmo de innovación y estabilidad política, es probable que Estados Unidos continúe liderando el crecimiento mundial.

En Argentina, el reto será consolidar las mejoras logradas en 2024. La sostenibilidad del ajuste fiscal y el crecimiento económico dependen en gran medida de la capacidad del gobierno para gestionar el endeudamiento externo y generar un entorno atractivo para la inversión privada. Asimismo, será crucial abordar las demandas sociales y garantizar que los beneficios de la recuperación lleguen a una mayor proporción de la población.

Algo que las empresas están reclamando y van a reclamar más insistentemente durante los primeros meses del 2025 y que no es para nada fácil de cumplir, es la salida del cepo y el crecimiento económico. Hay riesgos políticos, riesgos de shock externo, hay shocks como la devaluación del real o la disminución en el precio de la soja, pero en el gobierno confían que si mantienen el orden macro, el orden fiscal y no hay emisión monetaria, podrían estar preparados para superarlos.

“Lo que nos preocupa hoy es cómo mantener el equilibrio”, fue la frase que usó en un encuentro sobre el Balance de gestión macro esta semana un importante funcionario del equipo económico.

En conclusión, el optimismo de 2024, aunque prometedor, enfrenta el desafío de transformarse en un crecimiento sostenido y equitativo. Tanto Estados Unidos como Argentina tienen ante sí oportunidades significativas, pero también riesgos que podrían revertir el progreso logrado si no son gestionados con prudencia y visión estratégica.

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