A 40 años de la sanción

El día que don Leopoldo redobló una apuesta con la reforma total de la Constitución y el tiro le salió por la culata

Un grupo de partidos opositores y sectores sindicales le pidieron algunos cambios, con el foco en lo electoral. El caudillo fue por todo, pero perdió las elecciones y la UCR se quedó con la abrumadora mayoría por un sistema electoral que había elaborado el propio bloquismo. Mirá la entrevista completa.
Historia. Bravo y Alfonsín tuvieron una coexistencia estratégica, fruto de intereses comunes. Ambos ganaron en 1983. En 1985, la oleada alfonsinista barrió con el bloquismo tanto en la elección de diputados nacionales como en la de convencionales.
Historia. Bravo y Alfonsín tuvieron una coexistencia estratégica, fruto de intereses comunes. Ambos ganaron en 1983. En 1985, la oleada alfonsinista barrió con el bloquismo tanto en la elección de diputados nacionales como en la de convencionales.
sábado 25 de abril de 2026

Referentes de las fuerzas políticas opositoras, nucleados en lo que se denominó la “multipartidaria”, se reunieron con el entonces gobernador bloquista, don Leopoldo Bravo, y le pidieron cambios en la ley electoral, como eje central de una serie de modificaciones a la Constitución. Si bien el caudillo había ganado de manera inobjetable en 1983, con el retorno de la democracia, no lo hizo de una manera contundente, pero el sistema de votación llevó a que tuviese una abrumadora mayoría en la Legislatura, mientras que el resto de las agrupaciones, que habían conseguido números importantes, contasen con escasa o nada de representación.

Ante el planteo, el líder del Partido Bloquista redobló la apuesta: “Señores, vamos a hacer una reforma, pero no parcial. Vamos a reformar toda la Constitución”, resaltó ante los opositores, según recreó Pedro Rizo, secretario de Gobierno de entonces, convencional constituyente y el arquitecto de no pocas leyes electorales. De hecho, redactó la norma, ideada por las máximas autoridades del Ejecutivo, sobre cómo se iban a elegir los miembros que integrarían la Convención para llevar adelante la reforma de la carta magna de 1927, que había sancionado Cantoni.

Diploma. El bloquista Pedro Rizo, junto al diploma de convencional constituyente.

 

Era un sistema mixto: de los 30 convencionales, 20 se llevaba el que ganaba y, el resto, se distribuía en las demás fuerzas a través del mecanismo proporcional D’Hondt. En eso, Rizo reconoció la “soberbia” que reinaba en el bloquismo, que había ganado en 1983 y que seguiría ese camino triunfal. Sin embargo, el tiro salió por la culata, dado que, en la elección del 3 de noviembre de 1985, la ola a favor del presidente radical Raúl Alfonsín arrasó en la provincia.

Entonces, la UCR sanjuanina se quedó con la mayoría y el bloquismo fue relegado al tercer puesto con tan solo cuatro convencionales, mientras que el PJ se llevó seis. Sin contar que el radicalismo se quedó con dos diputados nacionales al ganar con el 45,39 por ciento, mientras que el otro cargo quedó para el PJ, que obtuvo el 27,06 por ciento. El bloquismo, con el 19,89 por ciento, no consiguió ni una banca.

El desastre fue tal, que Bravo renunció a la Gobernación y lo reemplazó su vice Jorge Ruiz Aguilar. Todo indica que su idea era reemplazar la Constitución de Cantoni por la de Bravo, pero, al final, terminó siendo un emblema del radicalismo.

El germen de la reforma se dio con las elecciones del 30 de octubre de 1983, en las que Bravo ganó con el 36,47 por ciento, mientras que el peronismo salió segundo con el 29,84 por ciento y el radicalismo quedó en la tercera posición con el 21,15, según los registros históricos.

Redacción. Rizo revisando entre risas una copia de la Constitución de 1986, dado que terminó siendo una elaboración del radicalismo y no del bloquismo, como todos preveían en ese momento.

 

Sin embargo, esos resultados, que reflejaban un escenario de tercios, no se plasmaron en la Cámara de Diputados, dado que el bloquismo se quedó con 26 de los 30 legisladores y el PJ solo tuvo cuatro lugares.

Rizo explicó que, en ese entonces, regía el llamado sistema uninominal para los diputados, es decir, uno por cada circuito. El exconvencional estuvo a cargo “del dibujo” de las 30 secciones, las que nucleaban grupos poblacionales de hasta 18 mil habitantes. En base al censo y estadísticas de la época, Rizo graficó que, “en Capital, establecí ocho circunscripciones. A Rawson le correspondió cinco. Chimbas dio para dos diputados. Santa Lucía tuve que unirlo con 9 de julio y salieron uno o dos diputados por esa zona. En Rivadavia eran dos diputados. Una parte de Caucete la tuve que poner con Valle Fértil y otra parte con 25 de mayo”.

Así, el partido que ganaba un circuito, aún fuese por un voto, se llevaba todos los diputados. Era un esquema en el que un postulante fuerte, como el caudillo bloquista, actuaba como factor de arrastre en beneficio del resto de los candidatos.

“Nos habíamos llevado mucho”, admitió Rizo, quien contó que “la Multipartidaria”, un conglomerado de fuerzas política que incluía al PJ, la UCR y la Cruzada Renovadora, entre otros, y sectores gremiales, como la CGT, reclamaban un cambio. Sostenían que la Legislatura no tenía una representación real, además de que pedían por otra reformas o incorporaciones. “Ya se hablaba del Tribunal de Cuentas como organismo de control”, recordó el bloquista.

Reconocimiento. Rizo fue reconocido como personalidad destacada de la provincia por la Cámara de Diputados, a propuesta del entonces legislador Andrés Chanampa.

 

Fue ahí que Bravo decidió jugar al extremo. Rizo contó que fue convocado por Wbaldino Acosta, ministro de Gobierno, quien en 2002 reemplazaría a Alfredo Avelín en la Gobernación. “Vengo con una misión que me han encomendado. Usted tiene que redactar el proyecto de convocar a la Cámara de Diputados para la reforma de la Constitución de la provincia. Una reforma total”, contó Rizo que le dijo Acosta. El joven secretario de Gobierno de esa época recordó que esbozó una objeción a semejante modificación, pero el ministro lo cortó en seco: “A usted lo hemos convocado para que escriba, no para que piense”, le lanzó Acosta, según narró Rizo entre risas.

No fue la única orden que tuvo. “Usted tiene que hacer un sistema electoral en el que hay que elegir 30 constituyentes, según la Constitución del ’27. Ponga 20 que van a ser para nosotros y, los otros 10, un sistema para los demás”, le remarcó Acosta. “Ahí escribo el proyecto de ley, en el que establezco un sistema mixto: el que gana se lleva la mayoría. Los primeros 20 eran para nosotros. Los 10 restantes era un sistema de distribución proporcional”.

“Cuestión que perdimos las elecciones. No salió”, resaltó Rizo, con una sonrisa sobre el recuerdo de semejante derrota. Fue el arrastre de la “primavera alfonsinista”, que tuvo el lanzamiento del plan Austral, nombre que tuvo la moneda que reemplazó el peso y cuyo programa, al menos en su inicio, estabilizó la economía y frenó la inflación que venía creciendo desde la dictadura.

Además, el presidente radical había impulsado el famoso Juicio a las Juntas Militares, a las cabezas de las Fuerzas Armadas que habían llevado adelante y sostenido el golpe de Estado desde 1976 a 1983. Se trató de una fuerte decisión política, de derechos humanos y que caló hondo en el lado emocional de la ciudadanía.

El resultado fue un bombazo, que provocó “una reacción temperamental de don Leopoldo de renunciar a la Gobernación. Se fue en colectivo a su casa”.

De esa manera, el radicalismo tuvo el peso para imponer la columna vertebral de la Constitución que el pasado 23 de abril acaba de cumplir 40 años.