DANIELA RODRÍGUEZ

La intendenta pionera que soñaba ser de niña “maestra, médica, bailarina, o como Gabriela Sabatini”

La actual jefa comunal de Chimbas se convirtió en la primera mujer en llegar a ese cargo en 110 años de vida del departamento. Aunque no siempre pensó en ocupar ese lugar, donde llegó para suceder a su esposo, Fabián Gramajo.

“No, no…”. Daniela Rodríguez no duda un segundo ante la pregunta de si en su niñez soñaba con su cargo actual y haber alcanzado algo inédito: ser la primera mujer intendenta de Chimbas, en los 110 años de vida del departamento. La esposa de Fabián Gramajo, su antecesor durante los dos periodos previos, comenta en una entrevista exclusiva con 0264Noticias sus sueños de pequeña, donde lo que aparecía en el horizonte para ella eran otras profesiones u oficios.

“Cuando era chica pensaba en ser maestra, médica, bailarina o también me gustaba mucho imaginarme como (la tenista) Gabriela Sabatini, pero en ese sentido era consciente que no iba a poder ser como ella por la condición económica de mi familia”, resume Gramajo, sobre esas ilusiones que debió dejar de lado, aunque aclara que “no me frustré por no poder concretarlo, para nada. Siempre supe que lo mío iba a pasar por ayudar a los demás, desde el lugar que me tocara”.

Rodríguez ganó las elecciones el 14 de mayo del 2023 con el 54% de los votos y así se encaminó a la asunción en un puesto sin antecedentes para el género femenino en Chimbas. “Ser la primera intendenta lo tomo como una gran responsabilidad. Ante todo, siento que representa eso. Pero siempre digo lo mismo y es que los cargos y responsabilidades, no entienden de género: ni los hombres son más que las mujeres, ni las mujeres son más que los hombres. Siempre es un tema de capacidad, de haberse formado, de querer y ser un apasionado por lo que uno hace día a día. Y esa ilusión y ganas por ayudar al otro la tuve desde muy pequeña”, subraya. La funcionaria se refiere a que se formó en una familia con lazos bien unidos a la política: su abuelo, Orlando, en la década del ’90 llegó a ser diputado provincial por Chimbas, dentro del Partido Justicialista y en el sector que lideraba Jorge Escobar. 

Llegar a su puesto actual, luego de su marido, también le brindó a Rodríguez un plus a esta experiencia: “Me he permitido este camino, dándose en un tiempo donde puedo hacerlo. Mis hijas, Luli y Cami, son grandes: soy una mamá muy presente. Siempre es algo que me pesó tener que salir a trabajar y dejar a mis hijas, pero respeto y admiro a aquellas que deben hacerlo si o si por la necesidad. Hoy lo puedo hacer en mi caso, porque ellas ya crecieron, y eso colabora mucho. Es algo que se puede llevar adelante porque hay un gran equipo en casa”, asevera y deja una muestra de sonrisa cuando se le pregunta por cómo dividen con Gramajo, el tema laboral de lo personal: “Somos apasionados de la política ambos, así que diría que es muy muy difícil: 95% de política y 5% del resto son nuestras charlas…”.

La actualidad marca que las mujeres van obteniendo puestos de poder y privilegio que antes solo eran ocupados por hombres, algo que la intendenta sostiene que es un proceso lógico, pero brinda en la historia su mayor fundamento: “La mujer en tiempos de crisis siempre salió adelante y fue mostrando nuevos caminos. La participación de las mujeres a nivel político siempre ha sido de avanzada, de ser pioneras, por ejemplo si tomo el hecho del voto femenino: realmente siento que no tenemos techo. Es un gran camino que vamos haciendo todos los días: hoy es la primera vez que hay una intendenta de Chimbas como es mi caso, pero con la responsabilidad de poder abrir un espacio para aquellas que quieran incursionar en lo político, y también en aquellas labores que no sean tan visibles como un servicio, una profesión o ayuda a la comunidad”, apunta.

Ser ‘la esposa de’ según revela la intendenta nunca resultó un problema, más bien todo lo contrario. Marca que todos la conocían al llegar al sillón principal de calle San Martín Norte por haber sido concejal durante el mandato de su marido y encontrarse en contacto permanente con la gente. “Siento que no fue fácil acceder a ese lugar por la vara tan alta que dejó Fabián, pero eso me enorgullece porque no es sencillo superarlo. Es algo muy positivo tener esa vara tan arriba e implica un gran desafío. Es motivo de orgullo porque yo me siento parte de ese equipo de gestión y en tiempos donde la política está tan trillada o menospreciada, ver un trabajo así es un honor realmente”, describe.

 A su vez, la funcionaria también deja en claro su voluntad de servir, algo que pregona como fundamental en ejercicios de cargos públicos como el suyo: “Un verdadero militante trabaja por el bien común, por el conductor, que se dice así porque siempre fue un varón. En mi caso, de joven carecía de ser tal o cual cargo, pero tenía la vocación de estar dónde los demás me necesitaran. Yo sabía que donde me necesitaran podía estar”, asume y se explaya con que “las mujeres tienen que estar, porque siempre hemos trabajado en política. Siempre hemos estado, si se observan las reuniones, los momentos importantes, siempre hay presencia femenina”.

Rodríguez añade que hoy puede dedicarse a su actual rol por un tema que sus hijas son grandes y le llega en el momento justo semejante responsabilidad. También confirma que las mujeres deben tener su rol importante en el armado interno del Partido Justicialista, del cual ella hoy es una de las vicepresidentes a nivel provincial. Igualmente, destaca que en el futuro inmediato se ve “donde sea más necesaria y aporte mis conocimientos para el bien común”.

Finalmente, la intendenta deja su mirada sobre qué les diría hoy a esas niñas que como ella alguna vez soñó con ser maestra, bailarina, médica o tenista, y que la vida la acercó al camino actual: “Hay que salir, luchar, prepararse, estudiar mucho. Ser perseverante, respetuoso y estudiar, sobre todo. Nunca abandonar los sueños y tener esa perseverancia necesaria para conseguirlos. Siempre debe haber un valiente para que haga la lucha. Tengo el dicho que el mundo es de los valientes, siempre lo pregono cada vez que puedo. Y si queremos un mundo mejor, debe haber un valiente. Y las mujeres claro que lo somos”, subraya y cierra con un dato-anécdota plagado de nostalgia y emoción sobre su conexión familiar y ser intendenta: “Ese pino que está allá (indica por el ventanal de su despacho), está en la casa de mi abuelo Orlando, sobre la calle Remedios de Escalada, y tiene la edad de mi hermano: por eso siempre digo que no es casualidad que me encuentre acá en este lugar, tan cercano a mis raíces familiares”.