LA HISTORIA

Mujeres sanjuaninas que cambiaron la historia

A lo largo de sus 462 años de existencia, San Juan recibió fuerte apoyo de mujeres que dejaron su huella con trascendentales aportes y legado profundo. Un repaso de la historia y el presente. Mirá el video.

Cuando se analiza la historia y en particular, la historia de San Juan desde su fundación aquel 13 de junio de 1562, se reconoce a los hombres que llevaron adelante la conformación, desarrollo, defensa y administración de la provincia. Nombres como Juan Jufré, Fray Justo Santa María de Oro, Narciso Laprida, Ignacio de la Roza o los hermanos Cantoni, hoy son recordados por haber dejado una huella en la historia provincial. Pero también hubo mujeres que, desde diversos ámbitos, contribuyeron a la historia de San Juan. Casualmente o no, en la actualidad hay cuatro municipios que son conducidos por mujeres: San Martín (Analía Becerra), Chimbas (Daniela Rodríguez), Capital (Susana Laciar) y Caucete (Romina Rosas). Los municipios, luego del Ejecutivo provincial, son la segunda estructura gubernamental en  trascendencia política. Por citar un ejemplo, las principales listas de la elección del año pasado en San Juan eran integradas casi en su totalidad por intendentes en ejercicio o jefes comunales que ya habían cumplido sus mandatos. Los últimos dos gobernadores (Marcelo Orrego y Sergio Uñac) tuvieron como base muy buenas gestiones municipales. Con esa certeza, 0264Noticias presenta un informe a propósito del aniversario de la Fundación de San Juan resaltando el valor que tiene la mujer para la vida institucional de la provincia y, además, en el ámbito privado, haciendo un repaso por la minería, por ejemplo, motor de desarrollo provincial.

Y a lo largo de estos 462 años de historia, desde la fundación de San Juan, hubo mujeres que defendieron sólidamente el territorio provincial y nacional, aquellas que hicieron su aporte a la cultura, las que abrieron el camino para la participación de las mujeres en la vida política de la provincia, las formadoras de grandes valores y las que, con su historia de vida, generaron una devoción que ha perdurado con el paso de los años.

Sin embargo, a la mujer no siempre se le dio el lugar de relevancia que merecía. En las épocas de la fundación, en tiempos de la colonia y luego, cuando se conformaba el Estado argentino como tal, el rol de la mujer estuvo, mayoritariamente, vinculado a la familia y el cuidado de los hijos y del hogar. El magíster en Historia y profesor de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, Alejandro Salazar, lo explica: “La mujer ha ocupado siempre un lugar muy sesgado y hasta olvidado en la historia de la provincia en muchos aspectos, como en la economía y la política. Esto tiene que ver con la cultura y el lugar que el hombre le otorgaba a la mujer, un espacio muy restringido, puertas adentro, en el ámbito de lo privado. Era un rol casi determinado a ser quienes daban a luz a sus hijos y los criaban. Esto ha ido modificándose con el paso del tiempo”, cuenta Salazar a 0264Noticias.

Es justamente, que las primeras mujeres en este repaso histórico, estuvieron vinculadas al rol de la familia, pero fueron sus acciones las que abrieron paso a la conformación de la sociedad sanjuanina.

La “Ñusta” de Angaco, también conocida como Teresa de Asencio

Hija del cacique Angaco y perteneciente a la comunidad Huarpe, es quien dio el primer puntapié para que la mujer ocupe un lugar importante en la historia de San Juan.

“Luego de la fundación de San Juan, Juan Jufré regresa a Chile para continuar su actividad, pero deja a algunos hombres en la provincia, como el caso del capitán Eugenio de Mallea que será el encargado de desarrollar y organizar la vida política. Aquí es donde se van dando los primeros contactos y la relación con el pueblo huarpe que predominaba en la región”, sostuvo Salazar.

Mallea conoce a la “Ñusta” y ambos contraen un enlace de tipo matrimonial (que fue simbólico, ya que no había sacerdotes en la provincia para ese entonces). En ese momento, se dio algo paradójico: por aquellos años estaba prohibido que los hombres católicos contrajeran matrimonio con una mujer que no practicaba la religión, disposición defendida a rajatabla por el rey de España de esa época, quien profesaba fervientemente el catolicismo. 

“Esta mujer fue bautizada y tuvo una especie de conversión al cristianismo, adoptando el nombre de Teresa de Asencio. ‘Teresa’ porque es un nombre hispánico y ‘de Asencio’ porque el bautismo se hizo para la época del Ascenso de la Virgen María. Esta conversión con un nuevo nombre e identidad, le permite casarse con Mallea y a partir de ello, tienen hijos. Según algunos historiadores, esto es el inicio de la familia sanjuanina ya que fue el primer paso del mestizaje entre los españoles y la comunidad huarpe que habitaba en lo que hoy es San Juan”, añadió.

Si bien es la primera vez que una mujer accede a un lugar de relevancia, generando una relación política, la “Ñusta” debió renunciar a su identidad para ello.

Paula Albarracín de Sarmiento

El “Maestro de América” y el hombre que estableció las bases de la educación en Argentina, tuvo una mentora, una educadora y una figura a seguir. Paula Albarracín, fue más que solo la madre de Sarmiento. Fue una figura importante de la sociedad sanjuanina pre y post independencia.

“Paula Albarracín fue importante no solo por ser la madre del Maestro, el hombre más icónico de la historia de San Juan. Esto la ubicó en un lugar puertas adentro. Sarmiento en su libro ‘Recuerdos de Provincia’, menciona que su madre es la que provee. No solo será proveedora de alimentos, sino de religión, de las ideas y del pensamiento”, explica el magíster.

La familia Albarracín, era una de las más importantes en la época colonial en la provincia. Paula Albarracín, nacida en 1778, fue una mujer de iniciativa y de decisiones. De hecho, ella misma fue quien financió y comenzó la construcción de la estructura original de la casa tradicional ubicada sobre Avenida Libertador y calle Sarmiento.

Casada con Clemente Sarmiento, hombre dedicado al arrío y a la ganadería, por lo tanto, viajaba constantemente; fue ella quien tomó la posta de la crianza y educación de sus hijos. Uno de los puntos centrales, es que fue la encargada de inculcar los valores y formar al hombre que sería gobernador de la provincia y presidente de la Nación.

“Sarmiento consideraba que la mujer era el eje central de cualquier sociedad. En algún punto, podemos decir que era el reflejo de su madre, que le guiaba el camino en su vida política y acción cotidiana”, añade Salazar.

Procesa Sarmiento

Hermana del Maestro de América, Procesa del Carmen, ocupa tal vez un lugar infravalorado en la historia pese a ser una de las precursoras del arte y la cultura de San Juan.

“Procesa Sarmiento, nacida en 1818, fue la hermana menor de Sarmiento. Tuvo su primera formación en lo que hoy conocemos como el Colegio Santa Rosa de Lima. Allí se enseñaba la pintura, disciplina en la que se va a destacar ya que fue una de las retratistas sanjuaninas más importantes. De hecho, retrató a hombres de relevancia para la política de San Juan de aquellos años”, relata el profesor Salazar. 

Siendo una de las primeras sanjuaninas referentes en el arte de la pintura en la época de la conformación del estado nacional, Procesa fue no solo una de las primeras pintoras sanjuaninas, sino que una de las primeras en el país. Además, ejerció la docencia de nivel primario en la escuela donde se formó.

Tiempo después, por la persecución rosista llevada a cabo por el gobernador Nazario Benavidez a su hermano Domingo, la familia Sarmiento debió exiliarse en Chile. Allí continuó ejerciendo como docente y se formó con el renombrado pintor francés Raymond Quinsac Monvoisin, lo que a su regreso al país, le valió para convertirse una de las pintoras más importantes de la Argentina post-rosista.

En 1850 se casó con el ingeniero chileno Jean Michel Benjamín Lenoir con quien tuvo dos hijas. Siete años más tarde regresó a San Juan y tiempo después se mudó a Mendoza donde fundó una escuela de arte y letras en la cual se formaron hijos e hijas de importantes familias de la sociedad mendocina. En 1868 regresó definitivamente a San Juan, donde volvió a ejercer la docencia en la Escuela Superior de Niñas y además fue presidenta de la Sociedad de Beneficencia.

Junto a su hermano Domingo Faustino, y Benjamín Franklin Rawson, fue la ideóloga e impulsora de una colección de arte que sentaría las bases para lo que hoy es el Museo Provincial de Bellas Artes.

Hoy, sus cuadros son expuestos en museos y exposiciones de arte tanto en la provincia como en el país.

Las Patricias Sanjuaninas

Cuando los hombres acudieron al llamado de José de San Martín para acompañarlo en su gesta libertadora hacia el Cruce de Los Andes, fueron las mujeres quienes cumplieron un rol fundamental en la sociedad sanjuanina.

Conocidas en la historia como “Patricias Sanjuaninas”, colaboraron enormemente en el engrandecimiento de la patria. Sin distinción de condición social alguna, contribuyeron a sostener y proveer al Ejército de Los Andes. Ocuparon un lugar de suma importancia en la consideración del mismísimo Libertador de América.

“Tienen un rol fundamental en la historia. Se desconoce el nombre de la mayoría de ellas, pero contribuyeron en dos sentidos a la provincia. Por un lado, donaron sus joyas y algunas pertenencias de valor para solventar al ejército libertador y, además, cuando los hombres partieron hacia Chile, se hicieron cargo de la vida económica y social de San Juan”, explica Salazar.

Entre ellas, se encuentran Borja Toranzo de Zavalla y Jacinta Angulo de Rojo. 

Martina Chapanay

Nacida en el año 1799 aproximadamente, Martina, hija de un líder huarpe, fue una de las primeras heroínas sanjuaninas. Mujer aguerrida y valiente, nunca se doblegó ante las voluntades enemigas. Era ferviente partidaria y defensora del federalismo y luchó contra los unitarios en las guerras civiles argentinas del siglo XIX.

Martina Chapanay tiene una connotación importante en la historia. Hija de huarpes, mestiza, nacida en las lagunas. Ella se travestía, es decir, cambiaba sus ropajes de mujer para usar la vestimenta de un hombre, porque eran épocas en las que había que imponer respeto ante otros hombres”, cuenta el magíster.

Integró las filas militares del caudillo de La Rioja, Facundo Quiroga; y tras la muerte de este, alineó sus lealtades a su sucesor, otro legendario caudillo riojano como lo fue Vicente “Chacho” Peñaloza, haciendo de la causa federal, su propia causa.

Podemos llegar a definirla como una ‘Robin Hood’ sanjuanina, robando a los ricos para darle a los pobres. Además, tenía una gran destreza como jinete y un temible manejo del cuchillo. Se atrevía a enfrentarse a cualquier hombre. De hecho, luego de que el Chacho Peñaloza es asesinado, Martina enfrentó a su asesino para vengar la muerte del caudillo y este no aceptó por miedo a que lo mate una mujer, ya que era bien conocida la rudeza de Chapanay”, agregó.

Hay quienes dicen que Pablo Irrazabal, el comandante unitario que asesino al "Chacho" Peñaloza, se descompuso del miedo y luego, pediría la baja del ejército.

Martina murió alrededor de 1887 en la zona de Mogna, en Jáchal, casi en el olvido. Afortundamente, la historia le hizo justicia y hoy en día su nombre es conocido por haber sido la mujer que representó valores que hasta ese entonces pertenecían a hombres.

“Su figura fue muy importante en la zona cuyana porque representa a la mujer sanjuanina que siempre lucha, que pone lo que hay poner para salir adelante, siendo caudilla y una mujer de armas tomar”, señaló.

Deolinda Correa

Para explicar la historia de la Difunta Correa hay que tomar en cuenta varios aspectos antropológicos, sociológicas e históricos. Deolinda era una mujer cuyo marido debió enrolarse a las filas unitarias para combatir a los federales de Facundo Quiroga, en la época de las guerras civiles argentinas, cuando ella estaba embarazada.

Su leyenda es conocida: al no regresar su marido, salió a buscarlo con su hijo en brazos, atravesando desiertos y soportando calor por el día y frío por la noche, además de los peligros que representaban esos caminos desolados. Tras varios días y al quedarse sin agua y sin comida, Deolinda sucumbió al hambre y a la sed. La leyenda dice que su hijo sobrevivió, amamantándose de su madre, hasta que fue encontrado por unos arrieros que lo rescataron y posteriormente lo adoptaron. Estos mismos arrieros se encargarían de sepultar el cuerpo de Deolinda en el paraje donde hoy miles de fieles, cada año, le rinden culto como una santa popular.

Deolinda representa dos grandes características: por un lado, la madre y por otro, la heroína que pone su cuerpo para salvar la vida de su hijo. Eso le va a otorgar la ‘santidad’, es decir, se va a convertir una santa popular, quizá la santa popular más conocida de Latinoamérica. Es una leyenda porque no hay documentos históricos que nos comprueben esa existencia verídica, pero nos dejó una idea de representación de mujer, madre y heroína que caracteriza a la mujer sanjuanina”.

Emar Acosta, la primera legisladora en San Juan

En tiempos en donde era impensado que una mujer accediera a un cargo político, hubo una referente que sentó un precedente en la provincia, en el país y en Latinoamérica: Emar Acosta. Si bien nació en La Rioja, desarrolló su vida política en San Juan en la época cantonista.

“Era una joven abogada que se gradúa en la Universidad de Buenos Aires en la década de los ’20 y formó parte de la época cantonista, en un gobierno que permitió a las mujeres sanjuaninas acceder al voto a principios del siglo XX, lo que fue un hecho trascendental para la provincia. Muchas veces se habla de Eva Perón y el derecho al sufragio de las mujeres pero en San Juan, mucho antes se les permitía votar”, dijo Salazar.

En su llegada a la provincia, estuvo a cargo de la Dirección de Pobres y Ausentes, trabajando en la asistencia a los sectores más vulnerables. En el gobierno de Aldo Cantoni, Emar se convirtió en la primera candidata a diputada provincial, elección en las que terminó ganando y logrando una banca legislativa, lo que marcó un hecho hasta ese momento, sin precedentes en Latinoamérica. Su labor le permitió abrirle la puerta a otras mujeres a involucrarse en la política, no solo desde el acompañamiento, sino también desde la acción directa, ocupando un lugar de poder.

Actualmente, el edificio anexo de la Legislatura Provincial, ubicado sobre calle Laprida frente al recinto, lleva su nombre.

Margarita Ferrá de Bartol 

Luchadora incansable por el desarrollo de la educación, Margarita Ferrá de Bartol fue una referente en San Juan y en el país en el ámbito educativo. Comenzó su carrera docente en la provincia en la década de los ’70. Ejerció como profesora de historia, siendo considerada una intelectual en la materia. En esa misma década comenzó su carrera política.

Fue ministra de Educación de San Juan en tres ocasiones: 1973-1975, 1991-1992 y 2006-2007.

También ofició como asesora de Gabinete del Ministerio de la Educación de la Nación entre 1993 y 1997 y fue directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNSJ entre 1981 y 2005. Además, ocupó el cargo de directora General de Escuelas de la provincia.

También fue diputada nacional en dos oportunidades: entre 2005 y 2009 (que interrumpió brevemente entre 2006 y 2007, cuando se hizo cargo del Ministerio de Educación de San Juan por última vez) y renovó banca para el período 2009-2013.

Su currículum es bastante extenso como para resumirlo en breves líneas, pero siempre estuvo ligada a la educación, a la ciencia y a la historia.

Fue una intelectual, ocupando el cargo principal de la Academia Nacional de la Historia, el lugar más importante para los historiadores en el país. Nos dejó un aporte muy importante a quienes hoy formamos parte del ámbito de la Historia”, recordó el magíster.

Lamentablemente, falleció en un trágico accidente de helicóptero el 11 de octubre de 2013, mientras acompañaba al por entonces gobernador José Luis Gioja, durante una visita oficial al departamento Valle Fértil. Tenía 78 años.

Su legado es recordado por haber sido una de las mujeres que más trabajo por la educación en San Juan y en el país.

Conclusiones 

En líneas generales, Salazar explica que históricamente, la mujer sanjuanina desempeñó el rol de madre, luchadora y política, pese a que la historia no les ha dado el lugar que merecen.

En tiempos de derechos conquistados y grandes avances en la igualdad, aún queda mucho camino por recorrer en la consideración del magíster. Es por ello que es imprescindible conocer el nombre de esas mujeres que logaron sentar las bases para empezar a cambiar la historia. 

“El papel de las mujeres en la provincia fue fundamental. No podríamos tener el San Juan que tenemos hoy sin el aporte de ellas”, finalizó. 

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